Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Iron Maiden

Y la doncella sigue reinando…

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

07 de Marzo, 2008

Y la doncella sigue reinando…

Iron Maiden reventó Ferro en un show excepcional.

La historia de Iron Maiden con nuestro país viene de larga data. Allá por 1992, el grupo pisaba por primera vez nuestras tierras, para presentar en Ferro el brillante “Fear of the Dark”, aquel disco que marcaría la última aventura de Bruce Dickinson antes de dar un paso al costado en los noventa.

Sin embargo, la doncella no se olvidaría de Buenos Aires, puesto que las visitas de Maiden por estas latitudes han sido más que frecuentes. A dos años de la última de ellas, cuando presentaron el “Dances of Death” en el estadio de Velez Sárfield, la Bestia volvería a su primer amor: el estadio de Ferro Carril Oeste, lugar testigo del primer contacto de los fans argentinos con La Doncella de Hierro.

Esta vez las entradas se agotaron un mes antes del show, algo que nunca había sucedido en sus conciertos anteriores. Sin dudas, el hecho de que el “Somewhere Back In Time Tour 2008” anunciase la oportunidad de ver a Iron Maiden repasando sus sietes discos más clásicos (aquellos que van desde su autotitulado debut hasta “Seventh Son of a Seventh Son”) prometía y mucho.

Como antesala al número de la Bestia, se presentó Lauren Harris, hija de “papá Steve” (bajista, compositor y fundador de Maiden), aunque hay que decir que de no ser por el parentesco, seguramente las huestes metaleras le hubiesen tirado con cuanto tenían a mano, puesto que la muchacha (más allá de abrir con “Natural Thing” de UFO, banda favorita de papá) está más cerca de Avril Lavigne que de lo desarrollado por su señor padre en casi treinta años de carrera.

Finalmente, media hora después de las nueve, se apagan las luces y la cortina de “Doctor Doctor” (también de UFO) anunció la llegada de Iron Maiden al escenario. Después de un video/introducción que tuvo a “Transilvana” como banda sonora, se escucha el discurso de Winston Churchill como preludio a “Aces Hight”, con el que la Bestia haría su entrada triunfal. Y al igual que en el World Slavery Tour 1984/85, se pegaría inmediatamente con “Two Minutes To Midnight”, una de las que habían quedado pendientes en su visita de 2004.

Eso sería tan sólo el comienzo de una noche casi soñada para cualquier fanático de Maiden. Es que a lo largo del concierto casi nada quedó afuera: estuvieron las clásicos infaltables como “The Trooper” (con Dickinson vestido de soldado y desplegando la bandera inglesa, mal que le cueste a parte del público), el legendario “The Number of the Beast”, o la inconfundible intro de “Run to the Hills”.

También estuvieron, como ya dijimos, aquellos clásicos que no habían entrado en la presentación de “Dances of Death” en Velez: el mágico punteo que da comienzo a “Wasted Years” o la épica “Powerslave”, con Bruce utilizando aquella misma careta que en el video de Live After Death.

Aquellas gemas perdidas por la inmensa discografía de Maiden también tuvieron su lugar, primero con “Revelations” y después cuando el escenario se inundó de humo para que Steve Harris muestre su magia en “Rime of the Ancient Mariner”. Aún así, no faltó lugar para las sorpresas, esos temas “sólo para fanáticos” que hicieron poner la piel de gallina a más de uno, como “Heaven Can Wait” o “Moonchild” en el comienzo de los bises. Como si fuera poco, y fuera del “viaje en el tiempo” propuesto por la banda, sonó también “Fear of the Dark” con una de las melodías más legendarias de la historia no sólo de la banda, sino también del genero en sí.

Más de treinta años pasaron desde que Steve Harris decidiese utilizar un antiguo método de tortura como nombre para su banda. En esas tres décadas, Iron Maiden se estableció como la figura más emblemática del heavy metal, y aún hoy, puede mostrar con orgullo los pergaminos obtenidos en el campo de batalla. Iron Maiden edifica su vigencia con un Bruce Dickinson tan hiperactivo como intachable, que junto a la eterna actitud de Steve Harris, un imparable Nicko McBrain y el lujo de contar con las tres guitarras de Gers, Smith y Murray (algo que responde claramente a deseos propios más que a una cuestión sonido) terminan por establecer un veredicto imposible de discutir: La Bestia sigue siendo imbatible.

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