Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Dream Theater

Lejos de ser una noche de ensueño

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

03 de Marzo, 2008

Lejos de ser una noche de ensueño

Dream Theater volvió a la Argentina con un show intachable en el Luna Park, pero al que le faltaron clásicos, y en cantidad.

Dream Theater es hoy por hoy la banda progresiva por excelencia, no sólo dentro del metal sino del rock en general. Con excepción de James LaBrie (cantante), todos sus músicos son verdaderas eminencias en lo que respecta a sus instrumentos, y su capacidad y calidad como intérpretes es indiscutible.

Ya lo eran cuando, hace dos años, pisaron por primera vez estas tierras para en dos días congregar cerca de treinta mil personas en el Estadio de Obras al aire libre. Por supuesto, cualquiera que haya estado aquella vez (especialmente, el domingo) sabía que esta visita al Luna Park difícilmente iba a poder igualar lo sucedido esa noche, cuando la banda se despachó con “Scenes From a Memory” de principio a fin, y con los temas en el mismo orden que en el disco.

De todas maneras, la oportunidad de ver a Petrucci, Portnoy y compañía en un estadio cerrado, con butacas y un equipamiento e infraestructura acorde a la ocasión (en su anterior visita apenas un telón negro cubría el escenario) le daba al show un plus especial, y así lo entendieron las miles de personas que agotaron las entradas para las funciones.

Hay que decir que en ese sentido, Dream Theater no decepcionó. El sonido fue más que transparente, y los muchachos cargaron sobre el avión toda la parafernalia habida y por haber: desde tres teclados diferentes para Jordan Rudees (uno que giraba sobre su eje, otro “colgable” y un tercero sensible al tacto), la escenografía que ambientaba la portada de “Systematic Chaos” (su último disco) y tres pantallas por las que incluso pasaron proyecciones coordinadas con los temas.

De la misma manera, es prácticamente imposible que la banda haya dejado alguna duda en cuanto a performance. Mike Portnoy demostró una vez más porqué cuenta con consenso general para ser citado entre los mejores bateristas del mundo, John Petrucci mezcló su enorme capacidad al colgarse una guitarra con una actitud constante (algo que por momentos se le criticó y mucho) y quedó claro que aunque su tocayo Myung no sonría ni abra los ojos, es su bajo el que en buena parte del concierto se encarga de llevar adelante a la banda.

Incluso James LaBrie, cantante bastante resistido entre algunos devotos de la banda, también se mostró cómodo y a la altura de las circunstancias, tanto para momentos en que tenía que darle el poder necesario a su voz para la seguidilla de “Constant Motion” y “Panic Attack” (que dieron muestra de lo potente que puede sonar el quinteto), como así también a la hora de hondar en su sensibilidad para una impecable versión de “Lines In The Sand”.

Sin embargo, hay un dato que no puede pasarse por alto, y es que la banda apenas se detuvo en sus trabajos más clásicos: esos fenomenales discos que van de “When Dream and Day Unite” a “Scenes From a Memory”, y de los que apenas sonó la (brillante) “Surrounded”. Esto se sumó además, a un concierto que duró dos horas, y que si bien para otros artistas podría ser hasta excesivo, para una banda como Dream Theater (que en 2005 se despachó con 180 minutos cada día) no deja de ser algo acotado.

Es por eso que más allá de lo impecable de la performance, terminaba siendo un poco difícil abandonar el Luna Park sin una sensación de “apetito insatisfecho” (musicalmente hablando). Puede que no para quienes presenciaban por primera vez un acto de tamaña calidad como el que ofrece Dream Theater, pero sí para aquellos que habían vivido aquel inolvidable domingo de diciembre, hace poco más de dos años (que después de todo, no es tanto tiempo).

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