Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Alan Parsons

Alan Parsons - Teatro Gran Rex

Cronista: Gentileza: Trinidad Marquiegui | Fotos: Beto Landoni

26 de Enero, 2005

Alan Parsons - Teatro Gran Rex

Alan Parsons llegó a la Argentina como parte de su gira por América Latina a razón de presentar su nuevo CD y hacer un recorrido por el sendero de la memoria.

Alan Parsons llegó a la Argentina como parte de su gira por América Latina a razón de presentar su nuevo CD y hacer un recorrido por el sendero de la memoria.
Detrás de mí, un niño pregunta qué música están por escuchar y su padre le responde “es algo más que eso, ya vas a ver” .
Lo único que yo había escuchado de Parsons era su álbum “Eye in the sky” (1982) y su último trabajo “A valid path” lanzado el año pasado, pero que no se puede conseguir en nuestro país aún debido a “problemas con el sello discográfico” (sic). Mis expectativas aumentaron al conocer su participación en “The dark side of the moon” (1973) de Pink Floyd; esas melodías que te hacen sentir diminuto en el universo al igual que cuando mirás al firmamento y te das cuenta que sólo somos un punto en el infinito. ¿Es esto ese “algo más” que estaba por ver?
A pesar de que el telón no se ha corrido la música comienza a sonar. Pareciera que tuviera vida propia. Surgió de la nada y comenzó a sonar. Entonces, entendí que por unas horas el resto del público y yo íbamos a despegarnos de esta realidad y entrar en el Alan Parsons Live Proyect. Alan Parsons sobre una tarima en el centro del escenario, bajo la luz blanca del reflector.
Sobretodo negro y manos al teclado. De pie como el Dios que creo esta nueva dimensión. A su lado los arcángeles de su reino: Godfrey Townsend (ex Led Zeppelín) en guitarra, Steve Murphy (Phil Ramone) en batería, P. J. Olsson en voz y guitarra acústica, John Montagna en bajo y Manny Focarazzo en teclados.
Aunque Parsons es el líder, toda la banda es protagonista de esta experiencia. Pura energía y uñas plateadas, P. J. Olsson es un frontman que incita a seguir el ritmo tanto en el público como tras bastidores. Su voz entusiasma en “Damned if I do” y “Raven” .
Definitivamente no me gustan los asientos, parecieran hacer tímida a la gente; como si le indicaran a la gente ‘acá se tienen que quedar’ y su existencia obligara a estar sentados. A veces las palmas no bastan. Se escuchan algunos gritos que vociferan “genio”. Vienen de arriba, los mortales del pullman; merecedores de estar acá abajo en la platea.
Parsons baja y, guitarra en mano, se acerca a nosotros en “Luciferama” . Luego, John Montagna es la cara en “Days are numbers” y más adelante, en “Wouldn’t wanna be like you” .
Indudablemente “Time” es la chispa necesaria para encender al público y Olsson, el fuego. Una ovación de pie y el público delira con “Psycobabble” . El rock viejo de los 70’s hace vibrar la guitarra de Godfrey Townsend rememorando sus días con Hendrix y en la batería de Steve Murphy el ojo de este proyecto de universo “te está mirando”.
Parsons presenta tres temas de su nuevo álbum “A valid path”, en donde incursiona con sonidos generados por computadora, sin dejar de lado la ejecución de elaboradas composiciones; aspecto que a veces suele dejar de lado el genero electrónico.
“Return to Tunguska” y “We play the game” (con colaboraciones de Shpongle y The Crystal Method respectivamente) ofrecen armonías psicodélicas para la escena dance. Él que haya escuchado “Words for living” de P. J. Olsson puede notar que “More lost without you” lleva su alma en ella.
Escuchar la manera en que Olsson se adueña de los versos de “Don’t let it show” conmueve. Si Buenos Aires no conocía a P. J., está noche sabe que él es único.
La noche no puede terminar sin que la audiencia de pie siga la voz Parsons, como no podía ser de otra manera, en “Eye in the sky” . A pedido del público el show continúa. Sólo la euforia de “Games people play” concluye el show.
El auditorio se ilumina y finaliza el hechizo de luces y humo. Al salir de este proyecto de universo que ha creado Alan Parsons y reparas en su humanidad, sabés que no es un Dios, sino que es sólo un hombre increíblemente talentoso. Música y talento; esto es ese“algo más”.
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