Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Gillespi

Jazz íntimo y nocturno

Cronista: Gentileza: Fernando "Chatarra" Fauszleger | Fotos: Beto Landoni

23 de Agosto, 2008

Jazz íntimo y nocturno

Para festejar sus “10 años con el Jazz” y despedir su séptimo álbum, Bell Vill Biss, el músico y conductor también conocido como Marcelo Rodríguez se presentó en La Trastienda Club con nueva banda y localidades agotadas.

El concierto comenzó con “Dada”, un soul sugerente en el que Baltasar Comotto, violero del Indio Solari entre otros, funkea con guitarra “pochoclera”, un término acuñado por su colega Oscar “Gringo” Melucci para referirse al rasgueo característico del género, usualmente potenciado por el pedal de efectos Wah wah. Gillespi arremete con el primer solo de trompeta de la noche en este tema propio incluido en su primer álbum, Ultradeforme (1998).

En la primer parte del show predomina el tempo lento y los climas son de un romanticismo neoyorkino. En el tercer tema la melodía se convierte en algo familiar: se trata de “Use me”, del soulman Bill Withers, que Marcelo incluyó en el su último trabajo, y que muchos recordamos grabado a dúo por Mick Jagger y Lenny Kravitz. La versión argentina es menos negra que las mencionadas pero no por eso pierde intensidad. El motivo principal lo tocan a la vez el trompetista y su bajista, Norberto Córdoba. Con el enorme Carlos “Patán” Vidal dibujando en los teclados, el solo de Gillespi viene desde otro lugar con un sonido inquietante, mascullando pensamientos con ayuda de un Wah wah.

Otro punto saliente del recital llega cuando el sexteto arremete con una versión reggae-jazz de “Inbetweenies”, del inglés Ian Dury (aquel de "Sex and Drugs and Rock and Roll"). El grupo da rienda suelta a su poder sonoro, el bajista sostiene fuertemente la estructura y se siente el aporte en los parches de un joven talento: Javier Martínez (no, no es el de Manal). En medio del tema el caos se adueña de los instrumentistas para arribar a una confusa intensidad plena de sonidos extraños. Vuelve cierta calma new wave, un buen solo de trompeta y luego un bajo intenso que antecede al huracán: un final de potencia ascendente donde los músicos se exigen al máximo. Se vivió como una descarga energética emocionante.

Se destacaron también durante el show la versión de “My buddy” (Murray Anne), el “Blues Nº 9” (Walter Malosetti) en el que brillaron el solo blusero de Comotto, el sonido Hammond de “Patán” y el solo de contrabajo de Córdoba. Con la llegada del jazz-rock-funk de “Sr. Mendez”, sonaron ecos a Weather Report en la trompeta doblada e impactó el solo del violero inmerso en un paisaje sonoro rockero casi demencial.

Mención aparte para dos invitados de lujo: el trompetista Américo Belloto, que aportó su cuota de humor y descolló con un solo potente y afilado; y el conductor y escritor Alejandro Dolina, que brindó con su teclado un sonido de saxo de tenor muy graso en “Insensatez” (Jobim), luego de dedicar, a pedido de Gillespi, varias “huellas” al local y a los músicos. Con la intervención de Dolina y las ocurrencias del anfitrión para presentar las canciones y a sus músicos, la dosis humorística de la noche fue satisfecha.  También estuvieron invitados Manuel Moreira (voz de Cabernet) y el trombonista Juan Canosa.

El ensamble musical fue muy bueno en todo momento, al igual que la performance de los instrumentistas, por lo que es difícil destacar a uno por sobre el resto. Respaldado por un grupo afiatado y con “Cabra” como un cantante muy solvente, el trompetista tuvo un desempeño considerable y conmovió en varias oportunidades.

La propuesta, tal como declaró Gillespi al diario Página/12, no pretende más que recrear una música ya hecha y él se concentra en el placer de tocar más que en descubrir algo nuevo. El que avisa no es traidor, así que quienes gusten del soul y el jazz con toques jazz-rockeros encontrarán en este sexteto calidad y dominio de estilo, composiciones propias a la altura de los standards que interpretan y muchos destellos de intensidad y emoción.

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