Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Pepsi Music

Desde Suecia con amor

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

13 de Septiembre, 2008

Desde Suecia con amor

Apertura correcta para los suecos de The Hives, que nos mostraron cuanto escucharon a Iggy Pop de chicos y lo transformaron en lo que conocemos como retro-rock.

Vuelve el festival más largo, exagerado y concurrente de Buenos Aires: vuelve el Pepsi Music y sus diez maratónicos días de rock, pop y reggae. Para muchos, un año devaluado y lleno de bandas que vienen porque ya no apestan en MTV y de otras que se juntan y hacen su última gira como grupo. Pero los nombres están y las ganas de ver a los que nos olvidaron en los ’90 siguen presentes.

La apertura, como todos los años, se realiza semanas antes del primer día para generar cierta expectativa mediática. Este año vinieron los suecos The Hives, unos muchachos que siguieron con la movida retro-rock que arrancó allá por el 2000 con The Strokes y White Stripes: guitarrazos y mucho Iggy Pop y Led Zeppelin. Le dirán garage rock, post-punk, pero da lo mismo: The Hives tiene dos guitarras constantes y un vocalista, Pelle Almqvist, recibido en showman que no deja en paz al público hasta verlo divertirse.

Mucho antes Banda de Turistas mostró su rock psicodélico a los que se animaron a llegar temprano. Es como si los Tipitos hicieran covers del primer Pink Floyd y de vocalista invitaran a Dárgelos de Babasonicos. Nuestro indie recién arranca y por más apoyo que se le de, la cosa viene lenta pero con ganas de salir, de explotar, como todo nuevo género que surge en un país que nunca le cazó la onda.

Set rápido y prolijo, sí, pero falto de ideas y melodías para crear el impacto necesario en este tipo de sonido. Pasaron entre aplausos tímidos para recibir, un poco más fuerte, a Mole, la nueva banda de Charly Alberti, el ex Soda Stereo. Con un buen trabajo multimedia, entre pantallazos de imágenes, sombras y luces por todos lados, la banda rockeó, pero la falta de voces (un nuevo clásico de este país) le quitó protagonismo a la maquina del fondo. Los gritos iban todos para Alberti, que si bien, y perdón a todos los bateristas, da mucha fuerza, nunca hará la diferencia.

Turno para los suecos, turno para los internacionales de la fecha, que por más producto prefabricado que parezcan, una vez que se olvidan de su imagen y las fotos, les salen las ganas de hacer ruido. Las conocidas estuvieron todas: “A.K.A. I-D-I-O-T”, “Here We Go Again”, “Hate To Say I Told You So”, “Main Ofender”, “Walk Idiot Walk”, y con unas ganas de hacer buena letra que trasmitía cariño. Los cantitos argentinos los emocionaban y prometieron volver, como todos claro, pero parecía en serio, porque quizás no lo sepamos, pero para ellos es una locura venir a Sudamérica y encontrarse que acá en el tercer mundo les llenamos un lugar sin ningún problema.

Vestidos de negro y blanco, como el disco que vinieron a presentar, Black and White (2007), se pasearon por sus cuatro discos y mostraron sus influencias servidas en la mesa: gritos Iggy Pop, guitarras de Zeppelin, y un poco, lo juro, de Joy Division, pero sólo por momentos. Ellos se divierten y es parte de su marca, que la supieron mostrar en casi dos horas de show. “¡Acá arriba hay cinco Maradonas, cinco!”, gritaba como loco Almqvist para que los de abajo griten desaforados. “¡Hoy mando yo!”, decía, mientras saludaba a todos y pedía que hablen de a uno, porque sino “no nos entendemos nada”.

Esto recién arranca, ya veremos qué pasa, quién defrauda, quiénes hacen buena letra, quiénes vienen de compromiso y quiénes la rompen. Ya veremos, es cuestión de esperar al 26 de septiembre y comenzar a disfrutar de quienes queremos, extrañamos o nos olvidaron en toda nuestra secundaria.

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