Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Pepsi Music

Todo queda en familia

Cronista: Sergio Visciglia | Fotos: Beto Landoni

27 de Septiembre, 2008

Todo queda en familia

El día 2 estuvo conformado por muchas bandas amigas, como Kapanga, Árbol y Carajo, quienes además confluyeron como invitados en el cierre a cargo de Catupecu Machu. Si sumamos la afinidad entre bandas y organización, se puede decir que fue un día bien familiar.

La excelente puntualidad y el irregular sonido (marcas registradas de cada festival) dijeron presente una vez más, y desde bien temprano la gente comenzó a acercarse al Club Ciudad de Buenos Aires, conformándose de a poco un público dispuesto a pasar el día sábado gastando algunos pesitos entre discos, remeras, juegos, comida y, claro, música.

¿Puntualidad decíamos? Vaya que sí: un par de minutos antes de lo estipulado, Andando Descalzo abrió el escenario principal despuntando su rock matizado de un infalible combo de reggae, ska, cumbia y cuarteto. Liderados por el carismático cantante Juani Rodríguez, los muchachos del barrio de Mataderos hicieron saltar a los suyos, y a varios que no sabían de qué se trataba la cosa. Un gran cover de Sumo, “Banderitas y globos”, y el cierre cuartetero con “Pantuflas”, fueron los temas más festejados de su mini show.

En el Escenario Claro, ubicado enfrente, La Zurda y Vetamadre mostraban sus propuestas también desde temprano, mientras que la “Carpa Sónica”, un tanto más alejada, empezaba a ser testigo de varias bandas que desfilaban entre el poco público que se acercaba para ver que sucedía. El pop de Super Yo se turnaba con el hip hop de Iluminate, banda que empezó bien arriba con cuatro cantantes rapeando entre loops, samplers y batería electrónica. Merodeando el cuarto tema apareció una sesión de vientos que provocó interesantes matices, y luego se formó la banda completa cuando se sumaron también el bajo, la guitarra y la batería. Ya de noche, y con un poco más de gente escuchando, Gazpacho cerró la jornada de la “Carpa Sónica”.

“Aguante el Pepsi” gritó en el escenario principal un entusiasmado Abril Sosa, y empezó a sonar “Océano”, primer tema de Cuentos Borgeanos, banda que a fuerza de videos que rotan por los canales de música, pero también de buenas canciones, empieza a ser cada vez más conocida para el consumo y el oído rockero nacional. Muchos corearon “Eternidad”, y el último acorde de “Si morir” casi que se mezcló con el ramonero “un, dos, tres, cuá” de Expulsados, que indicaba el comienzo en el escenario opuesto para la banda punk de la jornada. Entre viejas canciones clásicas de los ´60 reversionadas al punk (parte de su nuevo trabajo discográfico), se asomaron pequeños hits propios de la banda, como “Nada cambió mi amor” y “Sombras chinas”. Este último tuvo un momento que bien puede reforzar estudios de teóricos sobre el efecto que tienen los medios masivos de comunicación, cuando un muchacho mostró un cartel que decía “Temazo”, parafraseando a cierta publicidad (¡Qué bueno vivir como esta gente!) de la gaseosa hermana de la dueña de este festival. Como decíamos al comienzo, todo queda en familia.

Cuando los preadolescentes coparon la parada en el escenario más grande, pasadas las seis y media de la tarde, se presagiaba la presencia de Árbol. “De arriba, de abajo”, una gran canción de las antiguas, dio el puntapié inicial, y luego sonaron temas nuevos, que por momentos parecían ser de los más viejos, y todos cantaron y saltaron: músicos y público. Subió Maikel de Kapanga, y el incesante agite promovido por el cantante Pablo Romero llegó a la cresta de la ola sobre el final con “Vomitando flores”.

Mientras continuaba el ping pong de escenarios, comenzaba a irse el sol en un día (y una noche) ideal para ver y escuchar música al aire libre, aunque también para pasear por la costanera, o para los más afortunados ir a su casa de fin de semana. La propuesta era Raggapunkypartylatino del mejor y desde Mendoza llegó Karamelo Santo, y toda la gente se arrinconó a las tablas del Escenario Claro para bailar con temas como “Negro”, “Vivo en una isla” o la bella “Nunca” con el típico enganche a “Los caminos de la vida” del grupo colombiano de vallenato Los Diablitos (no, no es de Vicentico).

La hiperactividad de los coristas y percusionistas Gody y Piro, hizo que varios distraídos no se percataran de que la voz principal salía de más atrás, de la mano del además guitarrista Goy Ugalde, y todos juntos volvieron el clima ideal con “Tomate un vino”, y el habitual rito a la Pachamama, donde los Karamelo incitan a todos a sentarse y rendirle culto a la madre tierra. Dos covers archiconocidos dieron por finalizado el show: “Should I stay or should I go” de The Clash, y “No tan distintos (1989)” de Sumo.

Mientras en una punta terminaba una fiesta, en la otra se desató el carnaval. Llegó el turno de Kapanga, y las miles de personas presentes no querían perderse ni un segundo de la diversión que siempre garantizan el Mono y los suyos. “Contramano” y “Rock” precedieron a las cannábicas “Fumar” y “Ramón”, esta última con la gloriosa performance del frontman cantando a bordo de una bici y envuelto en una máscara de chala. Tobías, el hijo del Mono, subió al escenario en el cuarteto “Mesa 4”, y “Me mata”, enganchadita con “El universal”, que enfervorizó a la multitud.

El yeite de “La taberna” puso el suspenso para que todos se preguntaran con qué canciones bizarras nos golpearían esta vez, aunque el potpurrí fue kapanguero y se entremezclaron fragmentos de “Cecator el borracho”, “Agujita de oro” y “Bisabuelo”. Parecía que nada extraño iba a pasar, pero nunca se den por vencidos con Kapanga, porque la cosa se puso romanticona con “I just called to say I love you” de Stevie Wonder. Murmullos y risitas desde todos los costados, y aplausos para Kapanga que nunca defrauda, pero que esta vez fue la banda que tuvo menos suerte con el impredecible sonido festivalero.

Carajo y su ñu metal aparecieron para seguir diversificando la jornada. “Histeria, TV, canción de moda” fue la apertura, previa al saludo del bajista y cantante Corvata, y a su agradecimiento a los organizadores del festival del momento. El set tuvo un instante emotivo cuando sonó “Triste”, dedicado a Gabriel Ruiz Díaz, y otro muy divertido llegando al final, cuando “Sacate la mierda” fue la música de fondo para que decenas de rollos de papel higiénico serpentearan entre las luces y la bella noche que atestiguaba la situación.

A las diez de la noche, las inmediaciones del escenario principal se colmaron como nunca en el día. El joven y diverso público esperaba con ansias la presencia de Catupecu Machu, y “Óxido en el aire”, “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” y “Plan B” enloquecieron a las fieras. La potencia hecha canción se consolidó como en cada show de esta banda, que gozó con un potente y buen sonido durante las casi dos horas de acto. Grandiosa y sentida sonó “Cuadros dentro de cuadros”, seguida de la tremenda versión de “Viaje del miedo”.

Cuando Fernando Ruiz Díaz gritó “¡Aprile!”, el ex batero subió con una guitarra para interpretar “Entero o a pedazos”, como en los viejos tiempos. Y si de gritar se trata, el líder es un entendido en la materia y vuelve a sentirse como William Wallace, al tiempo que se encapricha en arengar con un “dale Obras”, provocando un desfasaje no sólo en espacio, sino también en tiempo.

Tres momentos para destacar del show de Catupecu: el comentario del estado de Gaby, quien les mandó un beso a todos; la presencia de Zeta Bosio, Leo de Cecco (Attaque 77) y el “Zorrito” Von Quintiero en el tema “Preludio”; y por último el pogo más grande de la noche con los casi catorce minutos de “Dale”, repleta de músicos de las bandas que tocaron durante la jornada. Parecía que todo se terminaba, pero hubo tiempo para “Origen extremo”, que marcó el final de un poderoso y emotivo set, mezcla que se convierte en una fórmula constante y rendidora.

Una jornada de bandas amigas, con una aparente diversidad musical que en el fondo no es tal y un público bien festivalero fueron características de un día que tranquilamente puede resumir el espíritu que quiere brindar el maratónico Pepsi Music, un evento en el que la situación del rock nacional parece marchar sobre ruedas. Parece.

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