Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Pepsi Music

Máquina de sangre

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Beto Landoni

02 de Octubre, 2008

Máquina de sangre

El rock industrial tuvo su gran noche en Buenos Aires de la mano de Nine Inch Nails, su banda emblemática. Los 7 Delfines, Black Rebel Motorcycle Club y Los Natas fueron los otros destacados, mientras que Pork sobresalió entre la vorágine de la Carpa Sónica.

Jornada oscurita la cuarta del Pepsi, sin embargo, el sol se empeñó en brillar durante la tarde y los que pudieron, aprovecharon el buen clima para acercarse tempranito y ver los shows de El Mató a un Policía Motorizado y 202. Pasadas las 18 en el escenario principal, el legendario Richard Coleman comandó una vez más a Los 7 Delfines, que arrancaron con Heroes, el hit que con su ex banda Fricción había tomado prestado de David Bowie allá por los ’80. Entre adelantos de su próximo material, “Carnaval de fantasmas”, y clásicos de la banda como “Dale salida”, Coleman y su trouppe dieron otra muestra de la prolijidad a la que nos tienen acostumbrados. Inmediatamente, el Escenario Claro recibió a Volador G, con su propuesta tan ajustada como monótona.

Mientras en el sector central del club reinaba la oscuridad, la Carpa Sónica veía desfilar diferentes estilos. Crenchy mostró su rock anclado en los ’90, con guitarras poderosas y una fuerte presencia de los sintetizadores, reflejados en temas como “Simón” y “FM Wiskardo”. A continuación le tocó el turno a OBS, banda ganadora del concurso Pepsi, con su propuesta power pop y la potente voz de Belén Figueroa. Otras bandas que se destacaron en este escenario fueron El nombre del padre, quienes pelaron el rock and roll más clásico de la jornada y Pork, que presentó temas de su álbum “Multiple Choice”, en un gran show de metal con mucho de revoleo de cabezas y la voz grave de César Bar-rabia en inglés, en una jornada signada por las bandas de proyección internacional

El inglés también dominó el escenario principal, y cerca de las 20.00 fue soporte de otra soberbia actuación en suelo argentino de Black Rebel Motorcycle Club. La banda liderada por Peter Hayes brindó su tercer concierto del año en Buenos Aires (un dato llamativo, teniendo en cuenta que varios de nuestros artistas apenas si se presentan una vez) y demostró que le sobra actitud para cargarse una hora de rock and roll. Con Hayes y Robert Been alternándose las cuerdas y las voces, los californianos entregaron otro buen concierto, con espíritu de garage, algo de psicodelia y algunos guiños al punk. Al igual que en el Quilmes Rock, los BRMC mostraron ductilidad para amoldarse a diferentes audiencias, y salir siempre bien parados ante la pregunta recelosa de qué hacen esos tipos ahí.

El Escenario Claro llegó a su fin con una correcta performance de Los Natas, y si los californianos son inclasificables, los nuestros andan por ahí. Pese a la consensuada y algo difusa etiqueta del “stoner rock”, el trío compuesto por Sergio Chotsourain, Gonzalo Villagra y Walter Broide desafió la estética festivalera y brindó en horario de prime time un concierto fuera de los cánones establecidos. El logo de la banda flameaba en las pantallas mientras se combinaba con proyecciones psicodélicas y temas como “Carl Sagan” y “Planeta solitario” evidenciaban el espíritu de zapada que caracteriza a la banda. Hacia el final invitaron al Topo Armetta, ex Massacre, para un cierre a puro metal.

Poco más de 10.000 personas poblaban el campo del club cuando Nine Inch Nails tomó por asalto el escenario principal, y por algo más de dos horas, entregó un concierto demoledor. Es que en su segunda visita al país, Trent Reznor y su criatura pudieron desplegar un vuelo en escenografía y sonido que no le había permitido un ámbito como el Luna Park, y no en vano el título de la gira sudamericana es “Lights in the sky”. La iluminación es parte tan importante del show como la música y sumado esto a una lista de temas extensa y abarcativa de sus veinte años de carrera, redondearon un show que cautivó por igual a fans propios y aquellos extraños que suele haber en este tipo de eventos.

El concierto arrancó con los cuatro temas de “The slip”, última placa de la banda, que estuvo disponible en su web oficial, como el “In Rainbows” de Radiohead. La furia de “March of the pigs” contrastó con la dulzura de “The frail”, con Reznor en piano solista y el oportuno vuelo de un avión para darle al tema ribetes floydianos. Con “Gave up” y un tremendo trabajo del guitarrista Robin Finck terminó la primera parte del show. 

Sin demoras, un cybertelón bajó por detrás de los músicos que tocaron “The warning” y “Vessel” en un incendiario set electrónico. Un sonido acorde permitió disfrutar de una puesta poco convencional, que se acentuó en “The big come down” y “Ghosts 31”, ahora con la banda detrás de la megapantalla, y las luces acompañando los golpes de la batería. “Only” presentó a los músicos ocultos por un efecto que sólo iluminaba los movimientos de Reznor, que no perdió ni un instante la voz pese a un despliegue imponente y demostró que se puede comandar un show sin necesidad de demagogias ni camisetas argentinas, apenas un agradecimiento que sonó genuino hacia el final de la noche.

“The hand that feeds” manifestó la postura de política de la banda, una crítica a la administración Bush en tiempos de vorágine electoral yankee. “Head like a hole” se insinuó como el final, pero nadie se movía: faltaban los bises y, ahora sí, “Hurt” y “In this twilight” marcaron el final de un concierto imponente.

Nine Inch Nails, o Trent Reznor, que es hablar de lo mismo, demostró por qué es una de las bandas más importantes de su tiempo: un show en el que adrenalina y prolijidad fueron de la mano y que eclipsó los correctos desempeños de Los Natas y Black Rebel Motorcycle Club.

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