Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Skay Beilinson

Un poco de felicidad

Cronista: Gentileza: Christian Alliana | Fotos: Beto Landoni

17 de Octubre, 2008

Un poco de felicidad

Skay Beilinson hizo doblete en el Teatro Roxy de Colegiales y El Bondi estuvo ahí nuevamente para contarte todo sobre la fiesta ricotera.

Luego de la primera función del día viernes, el sábado el Teatro Roxy lucía un marco aún más completo para la presentación de Skay Beilinson. Cerca de las nueve y media y con una moderna introducción que se disparó desde los teclados de Javier Lecumberry, la banda salió a escena con “Paria” y “El gourmet del infierno” (un viejo tema de la primera etapa de Los Redondos al cual Skay le cambió la letra y grabó en su segundo disco solista, Talismán, editado en 2004).

Con el correr de los minutos, tanto el artista como el público fueron tomando mayor calor e intensidad y lograron un ida y vuelta que fue creciendo con cada tema. Interactuando con la gente aún más que el día anterior, Beilinson intercaló pegadizos riffs de guitarras (liderados por “Oda a la sin nombre”) con bases bluseras (“Canción de cuna”) y momentos hipnóticos como en “El fantasma del 5to piso”. Si uno tuviera que trazar un paralelismo histórico al ver estas situaciones casi místicas, sin dudas lo del Flaco en vivo se emparenta bastante con aquel Hendrix del Festival de Monterrey `67 que, en estado de trance, incendió su instrumento en escena.

Si los recitales de Los Redondos eran misas, los conciertos de Skay son pequeñas comuniones en donde la gente consume una y otra vez la hostia sagrada del rock. Y como apoyo, Los Seguidores de la Diosa Kali, es decir los músicos que acompañan al guitarrista en esta cruzada, aportan todo su talento para que el barco llegue a buen puerto. Por un lado, están el Topo Espíndola en batería y Claudio Quartero en bajo, los encargados de que la base no sufra fisuras y la potencia sea la bandera de este grupo. Y por el otro lado, el ya mencionado Javier Lecumberry en teclados y Oscar Reyna en guitarra (ambos también integrantes de La Doblaba) son quienes adornan los temas con colchones sonoros o solos de slide –fue notable el trabajo de Reyna en “Los caminos del viento”-.

Por todos estos motivos, el público ya no sólo canta por los viejos temas ricoteros sino que apoya el emprendimiento solitario del ex coequiper del Indio Solari. Aunque obviamente no faltaron los clásicos redondos que llegaron de la mano de “Todo un palo” y “El pibe de los Astilleros” (el viernes fue el turno de “Rock para los dientes” y “Nuestro amo juega al esclavo”), todos adaptados al plan Beilinson 2008. Sin embargo, estas canciones fueron como pequeños recreos nostálgicos y la actualidad irrumpió una y otra vez como queriendo demostrar que este hombre no vive de recuerdos. Por eso, “Astrolabio” y “El viaje de las partículas” sirvieron para terminar de engrandecer aún más al protagonista de esta historia.

Ya sobre el final del show y cuando muchos esperaban la aparición de otro ex redondito de ricota, el saxofonista Sergio Dawi, quién había estado como público el día anterior, los acordes de “Jijiji” pegados a “El Golem de Paternal” derrumbaron esa ilusión. Pero como recompensa, el Flaco regaló un último tema que había sido tocado en vivo por primera vez el viernes: “Bye bye” en una versión más rápida que la grabada en estudio y con una base con reminiscencias a “Kashmir” de Led Zeppelin.

Lejos de los grandes estadios y las multitudes, que parecen ser propiedad indiscutida del Indio Solari, Skay Beilinson disfruta de la cercanía con el público y desde sus seis cuerdas transmite el sentimiento propio de los viejos rockers.

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