Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Queen

Otra clase de magia

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Gentileza: Prensa

21 de Noviembre, 2008

Otra clase de magia

A 27 años del histórico triplete en Vélez, Brian May y Roger Taylor volvieron a pisar el mismo escenario, esta vez junto a Paul Rodgers, para brindar una lección de cómo reformularse sin faltarle el respeto a nadie.

Un encuentro fortuito entre Brian May y Paul Rodgers en un concierto aniversario de la guitarra Fender y la posterior actuación del cantante junto a May y Roger Taylor funcionaron como un big bang para el proyecto Queen + Paul Rodgers. Y la historia merece ser contada así, como un génesis, o en todo caso una síntesis, ya que lo que se vio el viernes en Liniers estuvo lejos de ser un recital de Queen con una nueva voz. Durante un show de dos horas y media pasaron muchas cosas más que lo que podía suponer el encuentro de una de las bandas más importantes de la historia del rock con un excelente cantante, algo desconocido por estas latitudes, pero con una trayectoria de cuarenta años en bandas como Bad Company y Free.

“No hay Queen sin Freddie”, fueron las palabras de John Deacon, el bajista que decidió no unirse al proyecto pero que dio el visto bueno. Y si bien la gran mayoría del extenso set list correspondió a material de la Reina, muchas canciones fueron reversionadas con una impronta más hardrockera, acorde al buen disco “The Cosmos Rocks”. Paul Rodgers es un notable cantante con la trayectoria suficiente como para no imitar a Mercury y desarrollar su propio timbre, que sobresale en los rocks y flaquea un poco en las baladas. Entonces sí, sonaron los clásicos de Queen, pero con otra voz y otra instrumentación, responsabilidad del tecladista Spike Edney (viejo colaborador de Queen), el guitarrista Jamie Moses y el bajista Danny Miranda.

Esta reformulación de la Reina es una de las partes en que conceptualmente se dividió el show, porque si bien no hay una organización especial, también tuvieron su lugar la carrera de Paul Rodgers y unas cuantas de las buenas piezas del “The Cosmos Rocks”. El comienzo fue a puro clásico y casi en formato popurrí pasaron “Hammer to fall”, “Tie your mother down” y “Fat bottomed girls”. Después siguió esta tendencia pero con versiones más elásticas de “Another one bites the dust”, con proyecciones animadas de pistoleros bizarros; “I want it all” con palmas arriba y solo de May al mango y “I want to break free”, cuando el guitarrista de los rulos eternos paró por fin la moto: saludó en un castellano entusiasta y dio paso a “C-lebrity” y “Surf’s up school’s out”, del nuevo disco.

Paul Rodgers empezó su relación con el público argentino con un “Obrigado” luego de que May lo dejara solo sobre las tablas. Pero antes y después de este desliz de color, cautivó a todos con una voz apenas rasgada y una actitud ideal en escena, sabiendo asumir su particular lugar en esta historia y evitando las comparaciones en todo lo que se pueda. Así, hizo frente a más de 40.000 personas sólo con su acústica para “Seagull” y rockeó el escenario con “Bad Company”, mientras las pantallas proyectaban imágenes de sus años mozos. Si bien no tuvo la ovación que merecía su performance, el respeto entregado por un público que extraña e idolatra a Mercury debe tomarse como un aprobado con creces.

El momento que podríamos llamar “Queen clásico” llegó cuando Brian May quedó sólo en el escenario con su guitarra de doce cuerdas y se dirigió a un público en completo silencio. Recordó haber estado en ese mismo lugar 27 años atrás, saludó a los fans viejos y a los nuevos, y trasladó saludos de Freddie: “Vamos a tocar su canción”, dijo, y cual payador, el jugueteo de la guitarra derivó en el arpegio introductorio de “Love of my life”, acaso el máximo hit de la banda inglesa en Argentina. “I remember that” dijo Brian mientras escuchaba a la gente corearla enterita, y algo desacomodado, pifió la primera parte de la letra. Después se sumó Roger Taylor, fundamental contrapeso para mantener la llama de Queen, y de a poquito empezaron a hacer “’39”, ese genial country de “A night at the Opera” que fue incorporando músicos hasta que terminó con la banda a pleno. El baterista también tuvo su momento: primero tocó el bajo con sus palillos, después empezó un solo con bombo y hi hat, mientras los asistentes le terminaban de armar una segunda batería más adelante y finalmente cantó “I’m in love with my car”, tema suyo, también del disco de la ópera.

A partir de allí no hubo descanso: de una buena versión de “A kind of magic” con las pantallas proyectando en neón el arte original del álbum homónimo, al nuevo y genial “Say its no true”; de “Under pressure” y “Radio Gaga” a “Crazy little thing called love”, rockera, y “The show must go on”, lógicamente conmovedora, y todo con un coro ininterrumpido, hasta detenernos en Bohemian Rhapsody”. Allí la pantalla mostró a Freddie en todo su esplendor en la parte del piano y, tras el solo de May, el fragmento de la ópera mostró postales de de los veinte años de la banda en lugar del clásico video clip. El final fue a puro hard rock, y se hizo inevitable pensar cuánto se acerca esta rapsodia a la canción perfecta, si es que tal cosa existe.

Después de un brevísimo y protocolar intervalo, la única pausa en 150 minutos de show, la banda volvió para dar cierre al concierto y dejar en claro la idea conceptual de este nuevo proyecto: “Cosmos rockin’” (la apertura de “The cosmos rocks”), “All right now” (rockazo de Free, la primer banda de Rodgers) y “We will rock you” y “We are the champions”. Con el himno británico de fondo, los músicos saludaron con la camiseta argentina, cada uno con su propio nombre menos un emocionadísimo May, que llevaba una de Maradona en una postal simbólica: se había sacado un 10, no sólo en la faceta previsible del guitarrista, sino también en una más complicada, como la de showman y entretenedor.

Queen + Paul Rodgers es una propuesta noble pese a lo que pueda prejuzgarse. Y justamente ese plus que le otorga el cantante, permite que May y Taylor se despojen con el debido respeto del fantasma de Mercury y se permitan rockear más allá de la nostalgia.

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