Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Las Pastillas del Abuelo

La fiesta no está en crisis

Cronista: Sergio Visciglia | Fotos: Beto Landoni

29 de Noviembre, 2008

La fiesta no está en crisis

Las Pastillas del Abuelo volvieron a tocar en el Microestadio Malvinas Argentinas el pasado sábado para presentar su disco “Crisis”, en una maratónica noche con muchísimos invitados y repleta de espectadores, tres características ya clásicas en cada show pastillero en Capital.

Las cortadas calles que forman el laberinto que rodea a la sede del club Argentinos Juniors ya desde temprano atestiguaban la famosa fiesta que comenzaría un par de horas más tarde. Una bandera gigante, a la que no le importaba resfriarse con el agua de la interminable lluvia del sábado, yacía en el suelo, rodeada y venerada por cientos de fans de Las Pastillas del Abuelo, que aguardaban el comienzo del show con su típica previa de cantos, banderas y murga.

Cuando afuera del estadio ya casi no quedaban resabios de la nublada y tenebrosa luz del día, adentro las luces se apagaron, y varios minutos más tarde, las ganas de los miles de presentes se encendieron ante la salida triunfal de la banda. Una pequeña intro precedió a “¿Qué vicios tengo?”, una de las tantas preguntas que emergen de “Crisis”, el nuevo disco de Las Pastillas, salido hace un par de meses.

Ya de entrada nomás, la cantidad de invitados que desfilarían por las tablas a lo largo de toda la noche (algo ya frecuente en cada show pastillero) se hizo incontable pero no por eso menos disfrutable. Matías Traut, trombonista de Riddim, y Ariel Viale (Pampa Yakuza) fueron los primeros nombrados de la lista, este último aportando el sonido del cajón peruano en “Perdido”, vieja chacarera-rock albergada en el disco debut.

Una buena puesta en escena con acertados juegos de luces y un sonido con altos y bajos fueron testigos de la “fiesta”, la palabra que más se escucha en cada recital de la banda. Promediando el recital, ya el campo estaba repleto de jóvenes y adolescentes saltando y cantando, y afirmando varias veces que “si esta no es la fiesta, la fiesta dónde está”. Y “fiesta” justamente, es una de las palabras que más sale por la boca del cantante Piti cuando entabla conexión con el público por fuera de las canciones. La gente le responde, claro, y los globos blancos se reparten por todo el campo cuando suena “¿Qué es dios?” (dedicada a Diego Maradona), y se vuelven de todos los colores cuando estalla (arriba y abajo) “Peldaño”.

Los grandes momentos de la noche se vivieron con invitados arriba del escenario: Bárbara Silva, cantante de Mamá Chabela (presentada por Piti como “mi profesora de canto”), regaló su bella voz en “¿Quiero tener razón o ser feliz?”, una de las mejores canciones del nuevo disco. Y el bloque murguero desparramó toda la energía de la mano de la murga de Alejandro Balbis, destacándose “El viejo”, y “¿Qué carajo es el amor?”, con citas al legendario himno ricotero “Todo un palo”.

Volviendo ya a los momentos rockeros, las violas de Maikel de Kapanga, de Gustavo Álvarez de Pegaso (banda altamente recomendable), y en especial del “Negro” García López, desparramaron virtuosismo cuando les tocó subir a cada uno a escena, dejando maravillada a toda la gente que no paraba de aplaudir.

Lucho de Pampa Yakuza cargó con el instrumento “raro” de la noche al subir su banjo en un tridente de canciones que contó con “El country de la soledad”, una de las más viejas de la banda que se puede escuchar en el primer demo, pero que, aunque no fue editada en discos oficiales, todo el mundo la cantó de principio a fin. Sin dudas, Las Pastillas es una de las bandas que tiene más canciones inéditas conocidas por todos sus fans (“Me han dicho” y “Sabina y Piazzolla” fueron otros dos claros ejemplos).

A diferencia de las anteriores, no tan lograda fue la intervención de otro invitado, un muchacho cubano que arengó y balbuceó “La casada”, aunque eso no impidió que los presentes aplaudan y festejen su intervención.

Ya pasadas las dos horas y media de recital, solo quedaba tiempo para los dos clásicos que dieron cierre a la jornada: “Skalipso” y “Otra vuelta de tuerca” terminaron por complementar una fiesta de principio a fin, tanto para los músicos como para los miles de fans que una y otra vez llevan sus ganas y energías para gastarlas incansablemente ante su banda favorita.

Casi tres horas confirmaron una vez más la estrecha relación que genera la banda con su público, siempre con la mejor onda y con la consigna de que más allá de todo, la palabra fiesta tiene que ser la más importante.

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