Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Catupecu Machu

Alta tensión

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Anabella Reggiani

15 de Diciembre, 2008

Alta tensión

Un corte en la electricidad de los instrumentos fue la nota de color en la sofocante noche del lunes. Al margen de esa curiosidad, la banda de Villa Luro calentó aún más la noche porteña ante un público incondicional que no sabe de climas ni días bajón y llenó el boliche de San Telmo.

Lunes otra vez, y para desafiar las pálidas una buena opción era acercarse a La Trastienda para el segundo concierto del triplete con el que Catupecu Machu despidió el 2008. El lleno total sorprendió por lo inusual del día, no así por la actualidad de una banda que hace tiempo eligió despegarse un poco de los estadios para incursionar en ámbitos más reducidos, sobre todo a partir del perfil intimista de su último trabajo, “Laberintos entre aristas y dialectos”, editado en 2007.

Y si bien el show del lunes estuvo lejos de ser la presentación de ese álbum, tomó algunos elementos, tanto en la escenografía laberíntica como en el tema de apertura, “Viaje del miedo”. Y llamó la atención ver a Fernando Ruiz Díaz con una guitarra criolla tanto como su look de saco y pañuelo que recién abandonó en el último tema, pese a la temperatura sofocante que hacía transpirar hasta a Satanás.

Algunos patrones de la banda, sin embargo, se mantuvieron, ya que la criolla volvió apenas para “Batalla”, y Fernando cambió de viola en casi todos los temas, a veces tomó el bajo, como en “Dialecto” y en otras solamente el micrófono, como en la furiosa versión de “Acaba el fin”, con la presencia del ex Cabezones y viejo amigo Pichu Serniotti en guitarra.

En esta estructura de concierto es fundamental el aporte de Herrlein tras los parches, ya que su batería casi nunca deja de sonar entre tema y tema, y ese es el momento que aprovechan músicos y plomos para intercambiar instrumentos. Macabre se hace cargo de teclados, máquinas, a veces del bajo y de la mayoría de los coros que hacía Gaby. Y a Sebastián Cáceres se lo ve cada vez más suelto en el difícil rol de bajista. También estuvo como invitado otro viejo colaborador del cuarteto, Javier Weintraub, el Pinchevsky del siglo XXI, quien puso su violín en “Grandes esperanzas” y “Entero o a pedazos”.

Fernando cada vez canta mejor y, al menos este lunes, estuvo menos verborrágico que en otras ocasiones. Apenas contó una anécdota rutera junto a Fausto, manager de la banda, en la que soñaban con un tema que canten las multitudes, y cuando arrancó con “A veces vuelvo”, la gente hizo, una vez más, aquel sueño realidad. Después le pegó una partecita de “Opus” a capella. Más adelante aprovechó para agradecer a todo el personal que viene atendiendo a su hermano Gabriel desde el accidente sufrido en marzo del 2006.

Entre los temas que la banda suele versionar, esta vez eligieron “Plan B: anhelo de satisfacción”, de Massacre y “Seguir viviendo sin tu amor”, de Spinetta, bastante más acelerada que la de “Laberintos…”. Y para la última etapa del concierto guardaron algunos de sus clásicos, como “Magia veneno”, “Dale!” y “Origen extremo”, el tema con el que cerraron dos horas de música al palo.

En medio de esta seguidilla final y mientras la banda ejecutaba “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”, los instrumentos perdieron el sonido, en un curioso corte ya que el resto del local permanecía iluminado. También mantenía la energía el micrófono, y el cantante aprovechó para una descarga catártica sobre un incidente en un programa de cable, en el que algunas personas quedaron afuera y se lo recriminaron vía mail. Después improvisó unas estrofas de “Puedes”, acompañado por las palmas y las gargantas cansadas pero felices de todos los presentes.

Fernando Ruiz Díaz se cargó al hombro a Catupecu Machu y entre sus inquietudes camaleónicas y la potencia emotiva de sus canciones, sigue desafiando algunos cánones del rock. Y a eso, no hay fusible con qué darle.

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