Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Fito Paez

Una cuestión de actitud

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Beto Landoni

22 de Diciembre, 2008

Una cuestión de actitud

En un momento de su carrera signado por el concepto “Rodolfo”, Páez despidió el 2008 a puro rock and roll, con el fundamental aporte de Coki Debernardi y sus Killer Burritos.

Lunes por la noche, y tal vez por la cercanía navideña, muchísima gente decidió regalarse una jornada junto a Fito Páez en La Trastienda. Esta vez el rosarino dejó a un lado la solemnidad de “Rodolfo”, el disco de piano y voz editado en 2007 que derivó en el CD + DVD en vivo “No sé si es Baires o Madrid”, un notable concierto con invitados de fuste realizado en el Palacio de los Congresos de la capital española.

Esta presentación iba a ser distinta a las que había brindado en agosto y también durante el fin de semana. Por eso, el show arrancó bien arriba, con Fito en guitarra eléctrica y una seguidilla de temas viejos: “La ciudad de los pibes sin calma”, “Lejos en Berlín” y “Taquicardia” y recién se sentó al piano para acompañar dos bastante más nuevitas, “Eso que llevas ahí” y “Enloquecer”. 

Los mejores momentos llegaron a la hora de vestir de manera diferente a varios de sus clásicos. Se sabe que a Fito le gusta jugar con los fraseos, pero en este caso también modificó algunas estructuras, como los casos de “Gente sin swing” y “Naturaleza sangre”, mucho más elásticas y ralentadas que las originales, o el de “Ámbar violeta”, más rockera y con el riff de “Post-crucifixión” como curioso cierre. La gente lo captó enseguida y empezó a corearlo, para alegría del rosarino.

La catártica “Al lado del camino” partió en dos el concierto en una versión muy intensa en la que Páez se llevó unos cuantos aplausos cuando cambió el original “Beatles, caña Legui y maravillas” por “Litto Nebbia, Spinetta y Charly García”, la Santísima Trinidad según el rosarino. Luego le dejó el escenario a Coki & The Killer Burritos, su banda de apoyo, que interpretó dos temas: “El perfume de los 17” y “La Tormenta”.

Los acompañantes de Fito merecen una mención especial. De estirpe netamente rocanrolera, y con la justeza que sólo se consigue con años de rodaje, Tito Barrera en batería, Eloy Quintana en bajo y Julián Acuña di Maurizio en guitarra acompañan a Coki Debernardi, guitarrista, cantante y alma del cuarteto. El apoyo en los coros está dado por Emme, y la hija de Lito Vitale y Verónica Condomí aporta sensualidad y simpatía además de su buena voz, aunque su protagonismo todavía es menor al de otras chicas Páez.

Fito estuvo de excelente humor durante toda la noche, aunque menos verborrágico que en otras ocasiones. Una versión a banda completa de la bella “El cuarto de al lado” fue la única cita discográfica a “Rodolfo” aunque el formato de piano y voz estuvo presente en temas como “Tumbas de la gloria”, “She’s mine” y una festejadísima “Cable a tierra”.

La parte final del concierto fue a pura polenta. A una versión larguísima de “Circo Beat”, que incluyó el rap de “Tercer mundo” sobre la base del “Heartbreaker” de Zeppelin, le siguió “Ciudad de pobres corazones”, que terminó con Fito y su guitarra arriba del piano y “A rodar la vida”. Cuando la banda se retiró, la gente empezó a pedir los bises cantando las estrofas de “Dale alegría a mi corazón”. Páez y su banda volvieron para hacer “Un vestido y un amor” con airecitos de ranchera, “Dar es dar” y la despedida definitiva con “Mariposa Technicolor”.

Luego de más de dos horas intensas de show, Fito Páez dejó el escenario de La Trastienda en llamas y despidió a puro rock and roll un año que lo mostró hiperactivo y en gran forma.

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