Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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The Beach Boy‘s

THE BEACH OLD's y Los Guardianes de la Bahia

Cronista: Gentileza: Bruno Lazzaro | Fotos: Beto Landoni

22 de Abril, 2005

THE BEACH OLD's y Los Guardianes de la Bahia

Con unos cuantos lugares sin ocupar, debido al costoso valor de las entradas, unos Beach Boys remasterizados se presentaron en el Gran Rex. Como no podía ser de otra manera se despacharon con todos sus clásicos.

Parece que Sudamérica se volvió de pronto un lugar codiciado para resucitar bandas de rock. Siguiendo los pasos de unos Doors con Ian Astbury al mando, y otros como Genesis, sin Peter Gabriel o Phil Collins, los Beach Boys, sin Brian Wilson, exhibieron su música por primera vez en la Argentina.

Las camisas empezaron a tomar color de playa cerca de las 22, hora en la que la banda integrada por uno solo de sus miembros originales, Mike Love, tenía programado tocar. Desde afuera se notaba que no iba a ser fácil llenar un Gran Rex en el que las entradas oscilaban entre los 60 hasta los increíbles 180 pesos.

Alejado de lo que parecía una consigna: lentes de playa, camisa hawaina y gorra, llegué a mi asiento para esperar el show. La gente, en su mayoría lejos de cualquier seleccionado sub 20, incluso de un sub 40, aguardó impaciente la llegada de su banda. Cuando el reloj marcó la hora estipulada, los cánticos y las palmas comenzaron a ganar fuerza. Los claros que se notaban en un principio en la platea empezaron a cubrirse, aunque no en su totalidad, dejando bastantes huecos en la parte posterior de la sala.

Por el costo de la entrada, creo que éramos muchos los que esperábamos ver un escenario con alguna escenografía digna de semejante suma de dinero. Yo que se, aunque sea una mísera palmera. Pero no, quince minutos después de la prolongada insistencia de la gente, el telón se abrió y la incógnita se develó. Un par de plantas, quizá de un vivero californiano, junto con dos tablas de surf que bordeaban el escenario fueron los agregados de una banda a la que no se le puede discutir absolutamente nada de su música, pero sí tal vez algo de su puesta en escena.

De impecable camisa de playa, al igual que los demás integrantes del conjunto, con pantalones y zapatos blancos, Mike Love, primo de los hermanos Wilson y co-fundador de los Beach Boys, salió a escena como un capitán de lancha que con la impronta de galán de los 40 comenzó a generar los primeros aullidos de un público que contaba con muchas mujeres.

“California girls” fue el tema elegido para abrir un show que se iba a prolongar durante dos horas. La reacción fue inmediata, y entre alaridos y arengas, la gente se puso de pie, algo que se repitió en cada éxito que los ex “chicos” de la playa interpretaron. Para el final del tema, Bruce Johnston, sumado a la banda en el 65 en reemplazo de Brian Wilson, cambió el estribillo de “I wish they all could be California” por “I wish they all could be Buenos Aires” y así logró la primera gran ovación de la noche.

“Do it again” y “Surfin safari” fueron algunos de los temas que se sucedieron hasta llegar a “Dance dance”, en el que el juego de voces, arma principal de la banda, fue consumado sin riesgos a máxima expresividad. “Do you wanna dance” , que provocó los primeros bailecitos de parejas, y “Little honda” siguieron hasta el primer descanso tras 8 temas.

Luego de que Bruce Johnston (teclados y voz), terminó de sacarle una foto a alguien del publico, Mike anticipó el siguiente tema, y en su rol de ganador, lo anunció como una balada “para todas las mujeres hermosas” . Así llegó “Surfer girl” , en el que el viejo Love, abusó de sus devoluciones al publico con ademanes excesivos, en los que señalando a quienes lo apuntaban y obsequiando besos para todos los costados se debe haber sentido de nuevo en sus mejores épocas.

De aquí en más pasaron algunos otros éxitos como “Darwin”, “Dont worry baby” y “Cotton fields” , con la gente gritando como loca. Mas tarde llegó otro parate en el que Mike Love sacó a relucir su alma de líder, cuando después de entonar unas palabras a capella con el resto de la banda, extrajo de adentro de su camisa unas cadenas de oro, y mientras Johnston colocó su gorra hacia el costado, juntos comenzaron a rapear al estilo Eminem. Claro ejemplo del buen humor que mantuvo durante todo el recital el grupo compuesto por John Coswill (teclados), Chris Farmer ( bajo), Scott Tott ( guitarra), Mike Kowalsky ( bateria) y Randell Kirsch (guitarra) además de los ya mencionados Mike Love y Bruce Johnston.

Cuando las revoluciones de la gente habían disminuido considerablemente tras el paso de algunos temas como “When i grow up”, “Little deuce coupe” y “The little lady” llegó el momento de levantar, y nada mejor que “Get around” para conseguirlo. “Til i die”, “All this is that” y “Disney girls” , una excelente canción con Bruce Johnston al mando, sumadas a otras más enchufadas como “Sail on sailor” y “I can hear music” fueron el presagio del final que vendría.

“Después del show vamos a tener que ir al hospital, nos duele el cuello de mirar hacia todos lados observando a estas hermosas chicas” dijo el reemplazante de Brian Wilson, antes de iniciar un derrotero de hits que se expandió hasta el final. “God only knows” , tema que Paul McCartney definió como “la mejor canción jamás escrita” , “Sloop John B”, “Wouldnt it be nice” y “Help me Rhonda” sirvieron de entrada a las bestias que la gente había ido a escuchar: “Barbara Ann” y “Surfin Usa” , con una rubia escultural que bailó y cantó junto a los veteranos músicos durante los siguientes temas.

De postre y sin sobre mesa, llegaron los dos que faltaban: “Kokomo” y “Fun fun fun” , donde el publico ya agotado de que le dijeran que debía permanecer sentado, saltó y bailó, dejando muy en claro que por el dineral que había pagado merecían eso y mucho más.

Dada la mala calidad de los cds de los Beach Boys escucharlos en vivo fue un gran acierto. En un tiempo en el que cualquiera saca un disco, captar voces como la de estos muchachotes es dejarse llevar, en plena calma, hacia una playa desierta. Y lejos de cualquier oleaje de fin de semana, acampar cerca de alguna palmera primaveral que en silencio nos deje sentir lo mas puro del silencio: la voz.
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