Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Quilmes Rock

Santificado sea tu nombre

Cronista: Gentileza: Gonzalo Sanchez Segovia | Fotos: Beto Landoni

28 de Marzo, 2009

Santificado sea tu nombre

La legendaria banda de heavy metal desbordó el estadio de Vélez con la fórmula perfecta: un show impresionante y una lista repleta de clásicos.

El sábado fue el día de los estadios llenos. Por un lado, a nadie que haya leído un diario, escuchado la radio o mirado la televisión pudo habérsele escapado: la selección jugaba en el Monumental con Maradona de técnico. Pero el otro, con menor repercusión nacional, igualmente no pasó desapercibido: Iron Maiden volvía a la Argentina por segunda vez en un año con la gira Somewhere back in time, que los llevó a recorrer el mundo a bordo del Ed Force One (su propio avión), llenar estadios en los cinco continentes y repasar los primeros discos de su carrera –probablemente los mejores-.
 
La fecha contó con algunos condimentos: primero se presentó la banda de Lauren Harris, hija de Steve, que en la visita pasada había sido abucheada, y que, sabiamente por la organización, fue ubicada primera en la grilla. Luego O’ Connor y Horcas, ambos con discos editados en 2008, dieron su aporte de metal argentino, seguidos por Sepultura, quines llegaron con su nuevo álbum A-Lex (2009), pero sin los hermanos Max e Igor Cavalera en su formación. Pero, quizá el condimento más especial de la noche haya sido el hecho de que esta vez Iron Maiden trajo el show completo con pirotecnia y Eddie gigante incluidos. 
 
A las 21 sonó “Doctor doctor” de UFO y, luego de algunas imágenes de lo que será “Flight 666”, la película de la gira, y el discurso de Churchill fueron los gritos de guerra de la banda que tras una explosión salió a la carga con “Aces High”. Iron Maiden entró al escenario como un ejército entra a la batalla: listo para arrasar con todo lo que se encuentre a su paso, y lo logran. “Wrathchild” y “2 minutes to midnight” continuaron y se pudieron escuchar los primeros “scream for me Argentinaaa, scream for me Buenos Airees” de Bruce Dickinson, que a pesar de su corta estatura es un gigante en el escenario.     
 
El cantante saludó a su público y anunció que este iba a ser un show muy especial y que tenían algunas canciones diferentes a las de la vez pasada. Allí sonaron dos perlas como “Children of the Damned” y “Phantom of the opera”, del primer disco de la banda, también “The trooper”, donde los silbidos a Dickinson por agitar la bandera de Gran Bretaña fueron pocos, y “Wasted years”. En ese momento la ovación fue ensordecedora: todo el público reunido cantaba “ole ole ole ole Maideeen Maideeen”.
 
La parte de la escenografía ya conocida era la ambientación egipcia con los telones que varían según la canción, y cuando se transformó en la cubierta de un barco, la banda tocó la que para muchos es su mejor tema, “The rime of the ancient mariner”, la épica canción de catorce minutos donde el grupo demuestra toda su maestría. Le siguieron “Powerslave”, impresionante, “Run to the Hills”, “Fear of the dark”, y “Hallowed be thy name”. Este fue el pasaje de mayor calidad en el recital y no sólo porque la seguidilla de clásicos puede abatir hasta al metalero más fuerte sino también porque las llamaradas, explosiones y chispas acompañaron cada canción convirtiendo el escenario en una guerra y en un espectáculo único. Y, como si fuera poco, en “Iron Maiden” de la parte trasera del escenario salió un Eddie gigante que aterrorizó al  público tirando chispas de sus ojos.

Luego de un pequeño descanso la banda entregó las últimas canciones “The number of the beast”, “The evil that men do”, donde un Eddie más pequeño se paseó por el escenario, y “Sanctuary” con la presentación de la banda en el medio: además de Dickinson, Steve Harris, el alma del grupo y uno de los mejores bajistas de rock del mundo, las notas que salen de su bajo galopan ferozmente; Dave Murray y Adrian Smith, que además ser grandes guitarristas, se complementan tan perfectamente que por momentos parecen uno; Janick Gers que, con su histrionismo, brinda un espectáculo aparte revoleando su guitarra por todos lados y Niko McBrain, quién se llevó la mayor ovación, y si no fuera porque mueve sus brazos y la base suena tan sólida, sería imposible diferenciarlo con una de las momias de la escenografía. Un show inolvidable… ah cierto, también ganó la selección.

Iron Maiden mostró su vigencia en el escenario de Vélez, brindó un show impresionante y arrasó con todo lo que encontró a su paso. Y por si alguien se quedó con ganas de más, prometieron volver en el 2011 con un disco nuevo.

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