Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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El Atolon de Funafuti

Canciones, más canciones

Cronista: Gentileza: Leandro Falcón | Fotos: Beto Landoni

08 de Mayo, 2009

Canciones, más canciones

El viernes pasado, El Atolón de Funafuti se presentó en el Marquee de Villa Crespo junto a La Condena de Caín, para seguir presentando “Pequeños Rostros en Piezas”, su disco debut.

A primera vista, El Atolón de Funafuti funciona como un sistema solar que tiene de centro a Tino Moroder, ex bajista de El Soldado, hoy devenido en voz y guitarrista. Pero cuando se echa una segunda mirada, descubrimos entre sus músicos al simpático detalle de la violinista Marilina Calós y al lujo exquisito de los órganos Hammond y Rhodes de Lucas Herrera.
 
La banda hace un notable hincapié en las letras de las canciones, que a veces cobran una importancia semejante que hace que parezcan cuentos musicalizados más que canciones con letra. A pesar de ser una banda de rock, El Atolón se permite la transmigración hacia ciertos horizontes lejanos pero conocidos, como el tango y el rock progresivo; aunque sin llegar completamente a desembarcar.

Esto será “bueno” para aquellos que supongan que las bandas nuevas tienen la obligación creativa y artística de innovar en su propuesta, y “malo” para aquellos que den por sabido que el “rock nacional” tiene implícitos ciertos tonos, códigos, sabores y técnicas que son ineludibles, si uno pretender ejercer la profesión de rockero.

El Marquee de Villa Crespo, uno de los pocos templos del rock y terreno fértil para la cosecha artística, fue llenado con una concurrencia respetable por las dos bandas, permitiéndose el recambio. Tal vez si entre número y número no hubieran pasado 30 minutos, el espectáculo hubiera tenido un poco más de continuidad y los públicos se hubieran podido mezclar un poco más.

La Condena de Caín entró con una propuesta un poco más lisérgica y suelta. Presentaron una pantalla con imágenes circundantes para los distintos temas y muy poca iluminación, para generar una atmósfera un poco más imaginativa. El público por su parte, se permitió un poco menos de contemplación y un poco más de cántico y movimiento.

Y así pasó la presentación doble de El Atolón de Funafuti y La Condena de Caín. Dos estilos diferentes de hacer rock, una misma noche.

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