Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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The White Stripes

Los Hermanos Rayas Blancas

Cronista: Gentileza: Gaby Salomone | Fotos: Beto Landoni

28 de Mayo, 2005

Los Hermanos Rayas Blancas

En el marco de su gira por Latinoamérica, el binomio de Detroit hizo un despliegue arrasador en un Luna Park al tope. Antes, los locales Carca hicieron la previa con la sorpresiva visita de Andrés Calamaro.

En un momento donde la visita de bandas internacionales a Buenos Aires dista de ser la que antaño llenaba estadios fútbol sin cesar, la llegada de un grupo como White Stripes configura un lujo (no solo por el precio de la entrada $100) del que resultaba casi inevitable privarse.

Y la verdad, fueron muchos los que eligieron darse el gusto. El Luna Park rebalsaba de gente una hora antes del comienzo mientras la banda telonera, Carca sorprendía con invitados de la talla de Andrés Calamaro y Edelmiro Molinari que deleitaron con versiones de “Estadio Azteca” y “Nubes negras” .

El ambiente estaba más que entrado en calor. Por eso, sinceramente preferí abandonar el tumulto del campo y ubicarme en las alturas de la popular, no sólo por la panorámica que otorga del escenario, más bien porque en este tipo de conciertos, donde se tiene la certeza de que el show será impecable, mejor no perder de vista ese “otro show” que brinda el público.

Aún sabiendo que White Stripes desafía la clásica estructura del rock (sin un bajo, característico del género) y que sólo son dos para arrasar con todo, de pronto mi expectativa (ya desmesurada) aumentó cuando desde lo alto distinguí que sobre el escenario había un piano de cola, un xilofón y dos inmensos tambores, además de las guitarras y la batería.

A todo eso, hay que sumarle un decorado en rojo, negro y blanco que hace eferencia en un movimiento estético minimalista holandés de los años veinte.

Después de ver eso, ya nada podía contenerme la ansiedad, que sin dudas no me encontró sola en el sentimiento, pues otros cinco mil seres expresaban lo mismo con aplausos y chiflidos. El binomio de Detroit, Jack y Meg White no se hizo rogar demasiado y a las 10.10 pm desplegaron toda su potencia arrancando con temas del disco White Blood Cells.

El inicio fue un despliegue de rock crudo donde ambos (ella en bateria y el guitarra) parecen fusionarse en un solo para sonar con una dureza tal, que si uno se atreve a cerrar los ojos, jamás creería que tamaña explosión pueda venir de sólo dos instrumentos. A esto hay que sumarle la voz enloquecida de Jack, que todo lo tiñe de un rasgo salvaje.

Lo que vendría después, sería un recorrido de blues, folk, country y punk, que incluiría temas del disco Elephant y algunos covers, allí definitivamente los instrumentos (recordemos: piano de cola, xilofón y banjo) irían cobrando vida uno a uno por distintos temas cada vez, en las manos del señor White. Meg, delicada pero marcando presencia, acompañaría siempre con la batería, coros y alguna que otra incursión en los tambores y maracas.

Y como si el despliegue de los White no alcanzara para generar adrenalina, la reacción del público, que por momentos era el campo entero saltando con brazos en alto, hizo temblar mi butaca. Por supuesto, el climax de la noche se vivió con el emblemático “Seven Nation Army” y “What To Do With Myself"(Burt Bacharach) .

Por otro lado, no puedo dejar de mencionar la versión de "You´ve Got Her In Your Pocket" que hicieron sobre el final, allí se generó un momento especial donde los ánimos se aplacaron y asomaron las lucecitas de los encendedores por todo el estadio. Jack dejo ver el costado más dulce de su voz, y ante eso (después de tanto aullido), claro.... la piel se eriza (lo confieso).

Luego la estridencia volvería con el cover "De Ballit of De Boll Weevil", de Huddie Ledbetter, y allí en medio de una excitación general, Jack tomaría en brazos a Meg y se la llevaría en andas del escenario para no regresar.

Más que un dúo, suenan como una banda entera, y no sólo porque Jack demuestra ser un magnifico multinstrumentista, también saben generar su propio universo sobre el escenario donde incluso los covers llevan un sello tan personal como el de sus propios temas. También, sin dudas, hay química entre ambos y la contagian como una onda expansiva que estalla piel adentro.
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