Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Kevin Johansen

Elogio del desgénero

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Beto Landoni

29 de Julio, 2009

Elogio del desgénero

Acompañado por su notable banda The Nada, Johansen dio una muestra más de su excelente actualidad y tuvo durante tres horas a La Trastienda rendida a sus pies.

Después de su paso por la ochentosa Instrucción Cívica y de su exilio en los ’90, Kevin Johansen fue construyendo su viaje musical a paso firme, sin demasiadas estridencias salvo por el estallido mediático que provocó “Down with my baby”, allá por 2003 en la novela Resistiré. Pero aquella solidez le permitió al cantante nacido en Alaska sostener su carrera y evitar el incómodo lugar del “one hit wonder”. En este caso, se tomó un recreo de su espectáculo “Oops” junto al humorista Liniers, y en un paseo por el tango, la bossa nova, el candombe, el jazz, la cumbia y tantos etcéteras, recorrió sus cuatro discos en una Trastienda hasta las manos, en una serie de recitales que continuará el 5 de agosto.

Quince minutos después de lo pactado, desde atrás del telón se empezaron a escuchar los acordes de “Sur o no sur”, y de inmediato se pudo apreciar a un Johansen de excelente humor, disfrutando cada segundo de este exitoso presente. “¡Que grande el Piojo! ¿Vieron gol de media cancha?”, bromeó demostrando estar al tanto de la actualidad del delantero de increíble parecido. Los diez músicos apenas cabían en el escenario y detrás de ellos una enorme pantalla reflejaba algunos de los dibujos de Liniers (por ejemplo, en “La hamaca”), algunos videoclips (“Road movie”) y filmaciones caseras del cantante, como aquella en la que invitó a buscarse, aunque sin éxito, en medio de una marcha de pelucas en la Nueva York de los ’90.

La gente acompañó en una participación ascendente, hasta que explotó con “No voy a ser yo”, en la que Kevin reconoció el aporte de Jorge Drexler en la letra, y con “McGuevara’s o CheDonald’s”, con fuerte presencia de los saxos de Andrés Reboratti y Nico Said y el solo de guitarra de Cheba Massolo. Allí bajó un poco la intensidad del concierto, de la mano de “Chill out James”, el “Hindue blues”, que recuerda al “Dear Prudente” beatle, con Kevin en banjo y “La chanson de Prevert”, de Serge Gainsbourg, o “el Charly García francés”. En medio de ese clima de relajación hubo lugar para versionar “Hotel California” y “Take on me” –de A ha-, a dos charangos junto a Maxi Padín.

En todo momento, Johansen se mostró como un permanente generador de comentarios, anécdotas y bromas, amenizando las pausas entre tema y tema. De sobre cómo surgieron algunas canciones (los ejecutivos a los que les daba clases de inglés en “Puerto Madero”) al elogio de Rubén Rada antes de la canción de protesta “S.O.S. tan fashion” (“menos mal que no sos un cansautor”) o la satirización  de la demagogia de los músicos de afuera, personalizada en la figura de Bono. En “Timing”, precedida por la anécdota de siempre esta vez a cargo de Cheba, recordó la práctica de la británica Jane Birkin en ese mismo lugar y se paseó con su micrófono entre la gente. Y antes de “Down with my baby” dijo que, al igual que Bowie y Spinetta, estaba “cansado” de los hits y que después de esta serie de conciertos dejaría de tocarlos, aunque la carga irónica de casi todos sus comentarios deja lugar a la duda.

El final de un show tan maratónico como entretenido, facilitado por eclecticismo musical que plantean Johansen y sus muchachos, se decantó con “Logo”, “La procesión”, “Amistad de borrachera” y “Guacamole”. Después de la presentación de la banda y la merecidísma ovación para los músicos –el aplausómetro lo robó el genial baterista Zurdo Roizner- quedó lugar para un último tema, un estreno reciente que apunta a cerrar a partir de ahora todos los shows. Se trata de “Fin de fiesta”, una hermosa canción de melancolía y esperanza interpretada primero junto al bajista Juan Álvarez y luego cantada por todos los músicos, un verso cada uno, en un desfile por el micrófono que refleja el espíritu del tema, hasta que se corrió el telón y terminó la fiesta.

Kevin Johansen + The Nada presentó en La Trastienda uno de los mejores conciertos de este año: una banda ajustadísima, que viaja por las venas musicales de América toda, capitaneada por un tipo de voz grave, carismático y, afortunadamente, desgenerado.

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