Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Pepsi Music

Que no se corte

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Anabella Reggiani

01 de Noviembre, 2009

Que no se corte

Tercera fecha del festival nostálgico por excelencia: Faith No More demostró que los años son excusas de viejos chotos y que no hay edad para seguir haciendo eso que tan bien hacían en los noventas.

Otra fecha extraña en el Pepsi Music, con Faith No More, Cadena Perpetua, Carajo y los Die Toten Hosen en los mismos escenarios para mezclar a distintas culturas de esta juventud ya no tan joven que busca la nostalgia de bandas pasadas, que siempre están dispuestas a volver a un país que las espera con estadios, varios teatros o festivales multitudinarios como fue esta tercera fecha (aunque la segunda fue suspendida por lluvia) del de la gaseosa.

Faith No More volvió por tercera vez al país después de destrozar Obras y un festival que lo traía a un Ozzy Osbourne mucho más joven y menos gagá. En esta nueva versión siglo XXI, los FNM ya no tienen pelo largo ni se devoran todo lo que les pase por encima: son señores músicos, con traje, gomina, algunas canas y más ordenados a la hora de armar un show como el que se vivió en el escenario principal, mucho después de que Los Violadores rememoren sus dulces épocas en las que todo parecía fácil en un mundo punk y porteño.

Mike Patton se presentó con bigotes, pelito corto, traje blanco y un bastón. Sereno y pausado arrancó con “Reunited”, introducción casi cantada para los que pispearon otros shows y sus set-list. El cover de Peaches & Herb fue parte de su reconocimiento personal después de tantos años de dar vueltas por proyectos personales: “Reunited and it feels so good”, gritaba Patton para que todos aplaudan, asintiendo con la cabeza lo bien que canta ese tipo, como si nunca se hubiera tomado un sólo vaso con whiskey.

FNM fue a lo seguro con un público que lo único que pedía era que la banda suene como siempre, después, si las canciones eran las favoritas o no ya era lo menos importante en una noche llena de emociones y clásicos (¡hasta hubo lugar para Scarface, de Fantomas!).

“Midlife Crisis”, con la gente gritando a más no poder, una versión horrible en español de “Evidente”, el quemadísimo “Easy”, “Ashes to Ashes”, “Ricochet”, “Last Cup of Sorrow”, “Caffeine”, “Surprise!, You´re Dead” y hasta el inagotable “Epic”, de los comienzos de Patton en la voz de una las bandas que más ha influenciado a ese estilo fallido que fue el nú metal.

Hubo un antes y un después de FNM: antes por las bandas nacionales que se dieron el gusto de tocar en escenarios principales, como los chicos de Bulldog, que llevaron público propio, pogo propio y hasta se animaron a salirse del disciplinado horario del festival. Otros fueron los de Carajo, que distorsionaron todo el Ciudad, aunque no se animaron a pasarse del tiempo y decidieron dejar que el público vote si cerraban con “Sacate la mierda” o “Joder”. Ganó “Joder”, demostrando que Carajo no se cuelga de su primer hit y que tiene voz en una escena difícil como la de ellos.

Antes de FNM, Cadena Perpetua tuvo la difícil tarea de llamar la atención a los que les daban la espalda y se posicionaban esperando a los de California. Con un set de puro punk tres acordes, los chicos lograron hacerse escuchar y seguramente llevarse un par de fieles nuevos gracias a la terrible cantidad de personas que estaban juntas entre los dos escenarios principales.

Los encargados de cerrar la fecha fueron los ya locales Die Toten Hosen, que tuvieron otra tarea complicada, la de presentarse después del show principal. Los alemanes, que meses atrás tocaron en el Teatro de Colegiales, ahora les tocaba hacer sonar su mejor repertorio para convencer a los que arrancaban con la retirada hacia el kiosco que le cobre el agua a tres pesos y no a diez como adentro.

Los DTH pasaron desde “Alles aus Liebe”, hasta “Pushed Again” y “Cokane In My Brain”, pasando por “Una vida desesperada”, en español, como si nunca pisaran Ezeiza y tuvieran un tres ambientes en Urquiza.

Campino, voz y líder de la banda, agradecía y no paraba de mostrarse contento por volver y seguir volviendo a una ciudad que siempre los recibe, que no se olvida de los clásicos y se anima a cantar temas que no entienden de qué hablan. Pil Trafa, de Los Violadores, fue uno de los invitados para tocar “Uno, dos, ultraviolento” y un chico del público tuvo la suerte de subir al escenario y aullar “Paradies”.

Una noche esperada por miles de no tan jóvenes que aguardaron más de diez años para volver a escuchar una de las bandas más importantes de los noventas. Faith No More no defraudó y demostró que Patton sigue cantando como siempre. Los noventas se mezclaron con el punk alemán más crudo posible y las bandas nacionales, que reman y reman en medio de músicos que nos llevan siglos de distancia.

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