Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Valentino Jazz Bazar

El pulgar mágico

Cronista: Fernando Canales | Fotos: Beto Landoni

02 de Noviembre, 2009

El pulgar mágico

El guitarrista Juan Valentino se presentó en Thelonius Club con su banda, presentado el ciclo de jazz que va a realizar todos los lunes de noviembre.

La Argentina tiene un grave problema, que se refleja en casi todos los ámbitos de la sociedad: simplemente, no valora lo que tiene. Y con ese problema a cuestas son varios los que le están dando la espalda a un músico excepcional y de vasta trayectoria, como es Juan Valentino.

Este guitarrista dedicado al jazz, al blues y la fusión, tocó y grabó con grandes estrellas del medio local como Willy Crook, Javier Martínez, Adrián Otero, Diego Torres, Celeste Carballo, Claudia Puyó, Javier y Andrés Calamaro (Honestidad Brutal), Charly García y Gillespi, entre otros. Y sin contar, además, las innumerables jam sessions que realizó en el Club del Vino junto a los músicos de James Brown.

Pero no sólo su extenso curriculum lo destaca, sino que también lo hace su extraña técnica empleada en la guitarra. Después de haber tocado trece años con púa y distorsión, idolatrando a Ritchie Blackmore y a Santana, por casualidad conoció al jazzero Wes Montgomery. Y ahí decidió cambiarse a la troglodita pero cálida, como él mismo la define, “Técnica del pulgar”, que consiste en atacar las cuerdas con ese dedo en vez de la púa, lo que además implicaba un cambio de estilo, dejando el rock de lado para pasar al jazz.

A las 22:00 horas, la música ambiental se baja lentamente, la gente deja sus copas, sus cubiertos, se acomoda y se prepara para escuchar a Valentino Jazz Bazar, un quinteto formado por Juan Valentino en guitarra, Maco Schuff en bajo, Timothy Cid en batería, Carlos Casas en percusión y Matías Valentino, el hijo de Juan, en piano. De entrada la confección de la lista de temas nos remonta a varios standards de jazz y de bossa nova, que parece tener como fin hacer de Thelonius una sede tanto de New Orleans como de Río de Janeiro.

El primer tema “El pulgar” - como no podía ser de otra forma -, le da vida a la banda que tiene como sustento, la pared rítmica conformada por el swing de Cid, la base de Schuff y los arreglos de conga de Casas, sirviendo de piso para que la dupla Valentino-Valentino haga de las suyas. Matías en piano aporta la armonía y Juan solea con todo el sello de su estilo de pulgar.

Dicen por ahí que la música es el idioma universal, sino vean a Juan y Matías, quienes dejaron en evidencia la “simbiosis” que se produce en el escenario entre padre e hijo y  la cual es digna de ver. Las miradas, las charlas y los gestos de cada uno durante las ejecuciones no están para nada preparados, son producto de la música.

Con “Cakewalk” y “Jo Wes” la banda mostró una faceta a la que no nos tienen acostumbrados los músicos del este género: llevar al jazz a un lugar alejado del intelectualismo, lo comercial y lo elitista, para bajarlo a la realidad, poniendo sobre la técnica y el virtuosismo la melodía, que tan bien se refleja en ese sube y baja de pulgar. Más tarde, “Voce e eu” le rendía a tributo a los 50 años recién cumplidos de la bossa nova e invitaba a pedir una caipirinha en la barra.

“Ahora vamos a hacer un cover de Shakira” y “Nuestros temas pasados para atrás no tienen mensaje satánico” fueron algunas de las frases con la que Juan rompía con la seriedad propia del lugar. Mientras, sobre el escenario seguía dándose gustos personales, esta vez invitando en dos temas a su hija Paula, quien interpretó “The look” en inglés y “Sothinha” obviamente en portugués, demostrando la suavidad y calidad de su voz., a la cual le faltó un poco de amplitud, quizás consecuencia de los nervios.

Después de un break de 15 minutos el quinteto retornó al escenario, pero esta vez no lo hicieron solos, porque Hernán Catalana en guitarra y Juan Medina en armónica subieron junto a ellos para hacer el tema que popularizó Stevie Ray Vaughan, “Chitlins Con Carne”y la zapada no se hizo esperar. Duelo de seis cuerdas entre Juan y Catalana,  Cid se despegó de la rítmica para hacer su solo y Schuff por primera vez en la noche dejó las partituras, para darle rienda suelta a la improvisación en el bajo.

El final tuvo dos partes durante la interpretación de “Place st. Heart”. La primera con la fiesta carioca que desataron los amigos de Matías, que cumplía tan solo 20 años (habrá que seguir su carrera) con entrega de premios y flores. Y la segunda con un final a puro solo donde el encargado de seguir el legado musical de los Valentino dejó a todo Thelonius boquiabierto después su extenso solo de piano. Ovación de amigos y extraños a la banda, para un cierre bien en familia.

La Valentino Jazz Bazar arrancó su ciclo de presentaciones en Thelonius de forma sutil y contundente, lo cual es una muy interesante opción para empezar a valorar tanto al jazz como a nuestros músicos argentinos.

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