Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Las Pastillas del Abuelo

Un tren que no se detiene

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Gentileza: Leandro Ciaffone

05 de Diciembre, 2009

Un tren que no se detiene

La banda confirmó su muy buen momento con un show de tres horas en la cancha auxiliar de Ferro.

Entre presentaciones de discos y/o despedidas del año, diciembre suele ser un mes cargadito en cuanto a recitales. Y puntualmente el fin de semana pasado, Buenos Aires vibró con la visitia más esperada de la década y uno de los shows más importantes de la historia del rock nacional, además de la siempre generosa oferta metropolitana. En ese contexto, acaso como una muestra más de su camino independiente, Las Pastillas del Abuelo se las ingeniaron para convocar mucha gente en la cita más importante de la "Gira Nacional de Crisis", que pasó por diferentes lugares del país, además del debut en Montevideo, para presentar su último álbum editado en 2008.

En lo que refiere a Capital, el de Ferro se presentaba como el show más importante de la banda, y una escalada natural después tocar en el Luna Park y el Microestadio de Argentinos Juniors. El público se fue acercando desde temprano al barrio de Caballito, y mientras las las pantallas mostraban una previa en la que personajes de las más diversas características declaraban su simpatía por Las Pastillas, la gente preparaba globos, papelitos y banderas, en un capítulo más de la fiesta pastillera. Cerca de las 22, las luces se apagaron, Piti Fernández saludó y agradeció por primera vez y la banda arrancó con "¿Qué vicios tengo?", "Almafuerte" y ¿Casualidad o causalidad?".

Una larga lista de 31 temas se prolongó sin interrupciones por unas tres horas, en las que la banda aprovechó para recorrer sus discografía y echar mano a algunos inéditos. Las pantallas a los costados del escenario a veces acompañaban los movimientos de los músicos y otras brindaban un espectáculo multimedia, como en "Cerveza" donde mostraron parte de la intimidad de la banda en gira y de los preparativos de Ferro, o durante "¿Qué es Dios?" con las genialidades del Diez. Los primeros invitados llegaron con el uruguayo Alejandro Balbis, quien al frente de un coro murguero, acompañó en "Saber cuando parar", "¿Qué carajo es el amor?", "Viejo" y "¿Me juego el corazón?", en un set bien rioplatense.

La notable puesta de luces fue lo más destacado de la noche, no sólo sobre las tablas en una grúa descendente, sino que las estructuras laterales contaban además con tubos fluorescentes que por momentos parecían convertir el escenario en un parque de diversiones. El sonido, si bien fue nítido, no tuvo el volumen adecuado y  sufrió con el viento, como suele ocurrir en los lugares abiertos. Más tarde la banda bajó un poco la intensidad y Piti presentó a Juan Saraco de Duratierra en guitarra y a Bárbara Silva de Mamá Chabela en voz para hacer "¿Quiero tener razón o ser feliz?" y le siguió "Oscarcito", con narices de payaso arriba y abajo del escenario. "Todo lo que baja sube", dijo el líder y "Por colectora" y "Peldaño", con la presencia del Negro Anselmi, de Almas Mugrientas, levantaron un poquito antes que el set rockero junto a sus amigos de Los Enviados de Thot terminara la primera parte del concierto.

Los peligros de la explotación minera, la futura presentación de la banda en la tradicional caminata "2km por SIDA" y las visitas de Piti al penal de Marcos Paz fueron algunas de las temáticas que Las Pastillas trasladaron a sus fans. La segunda parte fue a pura fiesta, como le gusta denominar a la banda y a su público y se inició con "Desde la postura", "Amar y envejecer" y "¿Dónde esconder tantas manos?". Los invitados jerarquizaron el concierto. Arbolito  puso su versatilidad en "Qué hago yo esperando un puto as?", mientras Hubert García dio cátedra de piano caribeño en "La casada". Maikel, violero de Kapanga subió en "Tantas escaleras" y se quedó también para "Osiris". Por último Tete, bajista de La Renga, presentado como "el rock en persona" tocó en "Oportunistas".

El fragmento ricotero de "La parabellum del buen psicópata" dentro de "Enano" acercaba el final, entre un público cansado pero feliz de acompañar otro peldaño más en la escalera de la banda. O como dicen en "Otra vuelta de tuerca", último tema de la noche, en el que la gente terminó agradeciendo la existencia de la banda y de ellos mismos, una comunión que se da arriba y abajo del escenario.

Las Pastillas del Abuelo enfrentaron el show más grande de su carrera y su crecimiento parece no tener límites. Una ambiciosa puesta en escena, un largo recorrido por su discografía y la comunión intacta con la gente hicieron de la noche de Ferro un paso firme en su carrera.

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