Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Pepsi Music

Andrés, de regreso por más

Cronista: Redaccion El Bondi | Fotos: Gentileza: Leandro Ciaffone

23 de Octubre, 2010

Andrés, de regreso por más

El cierre del festival estuvo a cargo de Andrés Calamaro, que entregó un show de excelencia rockera y suficiencia musical frente a 40.000 personas que colmaron la Costanera para verlo. El público también pudo disfrutar de Los Tipitos, Mancha de Rolando, Los Auténticos Decadentes y otros buenos proyectos de la escena local.

El cierre del festival estuvo a cargo de Andrés Calamaro, que entregó un show de excelencia rockera y suficiencia musical frente a 40.000 personas que colmaron la Costanera para verlo. El público también pudo disfrutar de Los Tipitos, Mancha de Rolando, Los Auténticos Decadentes y otros buenos proyectos de la escena local.

A pesar del bajo sonido permitido, que además se dispersaba sobre el predio donde se ubicaron los tres escenarios del Pepsi Music 2010, en Costanera Sur hubo Rock. Entre las atracciones de la grilla, Mancha de Rolando resulta siempre un excelente animador para los festivales de Buenos Aires. Los pelilargos de Avellaneda calentaron la tarde fría y ventosa desde el principio y volando alto con “Santa María” y “Buscar”, para demostrar con “Mago de la lluvia” que del tren llamado rock barrial al que subieron hace casi veinte años, todavía no se quieren bajar.

Hubo también un momento donde las canciones de amor “Carolina” y “Donde vamos” causaron su impacto, junto con el atardecer, en algunos que imaginaron la playa o algún otro festival cerca del mar. No faltó el guitarrero “Calavera”, con interesantes  improvisaciones de teclados y Gillespi invitado en trompeta, ni tampoco la acelerada versión punk de “Antes”, que recuerda un pasado donde los muchachos estaban a mil y rompían su nariz. El mensaje que la Mancha quiso trasmitir a lo largo de su carrera siempre ha sido el mismo, y el momento más emotivo de la tarde noche se vivió cuando, como símbolo de la memoria colectiva nacional, sonó “Arde la ciudad”. 

Si de fiesta se trata, Los Auténticos Decadentes son los indicados para animar cualquier reunión popular, y ya en la noche entrada de sábado, asaltaron el escenario 2 al ritmo de “Los machos” e hicieron bailar y descontrolar a Buenos Aires con sus himnos “Somos”, “Pendeviejo” y “Los piratas”. Mientras algunos ya se ataban la corbata en la cabeza con “Raquel”, sonaron también los atemporales “Como me voy a olvidar”, “La prima lejana”, en la voz del guitarrista Diego Demarco, y “(Loco) tu forma de ser”.

La caravana comandada por “Cucho” Parisi y Jorge Serrano ocupó todos los espacios con sus trompetas, guitarras, tumbadoras, y timbaletas, y al ritmo de la locura de sus temas llevaron adelante una presentación que entretuvo y también hizo delirar con el “tutá tutá” de “El murguero”, acompañados de su fiel hinchada agremiada.

Con foto de Gustavo Cerati en mano, Mario Pergolini presentó a No te va Gustar en la antesala del plato principal. Los uruguayos levantaron la bandera del rock rioplatense explotando al máximo sus amplias facultades musicales y aprovechando las herramientas tecnológicas en pos de un sonido de vanguardia. La lista de temas estuvo cargada de emociones. Además de las presentaciones de su flamante disco Por lo menos hoy, como “Los indiferentes” y “Tu defecto es el mío”, que fueron bien recibidas y cantadas por los fans, hubo espacio para los candomberos rocks con samplers como “Pensar”, “El camino” y “De nada sirve”, haciendo saltar a miles de personas “Fuera de control”, que demostraron que la unión de los charrúas con el público argentino es bien caliente y de sincera hermandad.

Hubo también un gran momento emotivo con la dupla “Clara” y “Verte reír”, convertido en bolero de sangre latina, a las que se sumó “No hay dolor” con especial dedicación y agradecimiento del líder Emiliano Brancciari al público. No te va gustar cerraba así su presentación en el último día del Pepsi Music, pero no se fue sin dejar grandes recuerdos, como una versión reggae de “Ala Delta” de Divididos, o un pasaje de “Todo un palo” de los Redondos, y las excelentes performances de Cecilio y Mauricio Ortiz en trompeta y saxofón.

Salmón de plato principal

El menú que Andrés Calamaro tiene para ofrecer en cada uno de sus shows presenta gustosas variedades, y en este cierre del Pepsi 2010, la velada fue especialmente rockera y fogosa. Al clásico formato de repertorio con canciones históricas de Los Abuelos, Los Rodríguez y de su carrera como solista, se le sumó el virtuosismo cada vez más grande de la banda que acompaña a  Andrés hace ya muchos años, y que El Salmón catalogó como “los mejores músicos del mundo”. Todo esto se mezcló con temas escritos por grandes héroes de la música argentina y mundial; y el mensaje siempre ácido, comprometido y visceral, particularmente en el recuerdo de Mariano Ferreyra, el joven militante del Partido Obrero, que fue asesinado días atrás.

El comienzo del show fue con “Los divinos”, como en el último Luna Park, seguido de “Jumpin jack flash” de los Stones, donde desde el principio se lucieron los dedos guerreros y poderosos de Diego García y Julián Kanevsky en las guitarras. Las referencias a temas de composición ajena pero parte del patrimonio cultural rico de la humanidad se deslizaron durante todo el show, dándole así una cuota de sorpresa avivadora al setlist: se escucharon “No woman, no cry” improvisada sobre el final de “Te Quiero”; “Rosa Rosa” en “Sin documentos”; “Oye como va” en “Costumbres argentinas”, y un emotivo “Gracias a la vida” a luego del inquebrantable “Estadio Azteca” sobre el final.

Después del saludo a su devota multitud con un “Buenas noches Buenos Aires, muchas gracias” y a modo de presentación, Andrés cantó “El salmón”, seguido de “Revolución turra”, otro vástago de aquella maratón artística y caótica del año 2000, de la que también salieron el gran “All you need is pop”, y “Output input” donde el alto bajo de Candy Caramelo y las guitarras hicieron de la fría noche un repentino infierno musical.

Pero Calamaro no es el mismo de antes. Ha cambiado sus aficiones preferidas y un mate amargo uruguayo le da energía para bailar. Sangre latinoamericana se sintió correr por las venas de la Costanera, que movió las caderas al ritmo de las cumbias “Tres Marías”, enganchada con “Mil horas”, y “Tuyo siempre” con la percusión invitada de los amigos Decadentes, de los que Andrés se siente uno más.

Luego de la presentación a sus compañeros de aventuras, entre los que están el excelentísimo tecladista Tito Dávila y el incansable Niño Bruno en batería, Andrés conversó algunas palabras y dedicó “Todos se van”, a los amigos que ya no están, como Pappo y Federico Moura; le recordó a Gustavo Cerati que lo está esperando cantar, y saludó a Charly por su cumpleaños antes de cantar “Me estás atrapando otra vez” y “Buena suerte”, convirtiendo el momento en un emotivo pedazo de vida que no se va a perder jamás. Por último, Calamaro mencionó a otro amigo, el poeta español Joaquín Sabina quien escribió lo que seguía, “Todavía una canción de amor”, para renovar el fuego del deseo y despertar la ovación.

Luego llegó el momento de las canciones de La lengua popular, temas que a pesar de haber sido editados en 2007, ya forman parte de la larga lista de atemporales hits que tiene en su haber este intérprete salvaje y soberbio, como “Carnaval de Brasil”, “Gin tonic” y “Los chicos”, que desató la locura general.

“Paloma”, la infaltable perla de la época dorada del cantante, anticipaba el final, y después de un corte fugaz, se sucedieron “Crímenes perfectos”, la melancolía de la quinta del 78 hecha canción; y “Flaca”, la obra maestra de “Alta suciedad”, con la que Andrés se despidió bajo la luna, con guitarra en alto y frente una Buenos Aires nunca tan gustosa de verlo regresar.

Andrés Calamaro coronó el Pepsi Music 2010 frente a 40.000 personas que cantaron, bailaron y se emocionaron con un cantante que posee la suficiencia propia de quien ha salido victorioso de la parábola endemoniada del rock, pero que no duerme en merecidos laureles y aún tiene muchas cosas que decir. Acompañado de excelentes músicos, El Salmón regresó para encontrarse con su fiel público, que siempre espera una ronda más.


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