Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Zumbadores

Zumbidos, Frutilla Y Almeja

Cronista: Gentileza: Angie J. Bensignor | Fotos: Beto Landoni

26 de Julio, 2005

Zumbidos, Frutilla Y Almeja

El jueves pasado Zumbadores dio el último show de la era “Frutilla y Almeja” antes de comenzar a grabar su próximo CD, que saldrá a fines de este año. La cita tuvo lugar en La Trastienda. Allí, la banda adelantó temas nuevos e hizo bailar a la mu

Al grito de “vamos, vamos zumbadooo” comenzaron los primeros acordes. Eran las 21:45 hs. Atrás habían quedado los sonidos del Kiss Alive III que oficiaron de previa al show. Lentamente, alentados por un público cincuenta por ciento flequillos, Zumbadores subió a rockear La Trastienda. La intro estuvo a cargo de La chica.

Con un sonido perfecto, el espectáculo fue para disfrutar tanto con los oídos como con el cuerpo. La helada llovizna que nos recibió en la puerta quedó atrás, dando paso a un ambiente despreocupado y festivo. Además de sus temas más conocidos como Ciervos, corzos y gacelas y Fuego de artificio, la banda se animó a presentar algunas de las canciones que se incluirán en su próximo disco, que se editará a fin de año. Entre ellas El club y Santuario cuya letra reza “¿de qué sirven esos rockers que no confían en su propia estrella?”.

Evidentemente ellos sí confiaron y lograron que 4k Récords también lo hiciera al producir “Frutilla y Almeja”(2004), su primer CD oficial, luego de los independientes “Zumbadores” (2001) y “En vivo Teatro Arlequines” (2003).

Luego llegó el turno del cover Bailaré sobre tu tumba de los españoles Siniestro Total, otro adelanto de su próximo trabajo. Las luces subieron y en medio del tema comenzaron a fundirse en un rojo tan apasionado como el baile de la chica de musculosa blanca que estaba delante de mí deslizándose entre pasos de baile mientras se escuchaba a Alejandro Fassi decir “bailemos bajo un efecto hipnótico” un verso de esta canción que ilustra la esencia transmitida por la banda.

Pocos temas después la voz cantante nos dejó ver la remera de The Clash que asomaba por debajo de su camisa negra, y se quitó esos anteojos negros que hacían sospechar que tenía una especie de alergia a la luz. Nos pidió a los presentes “chicos, bailen” como si eso no fuera lo que venía ocurriendo desde que comenzó el recital.

Miré a mi alrededor para corroborar que todos estuviesen cumpliendo con lo pedido y noté un público que no se amontonaba en la valla como lo haría si en el escenario estuvieran esos grupos que se ven en sus camperas, como La Renga, Los Piojos, Los Gardelitos y principalmente Callejeros. Los chicos se juntaban en el medio para hacer pogo, entre tanto las chicas preferían quedarse a los costados y atrás para tener más espacio y así bailar sacudiendo los brazos, al ritmo de Rock para titanes.

Más allá de la alegría que se vivió en esa hora y media, el ambiente post cromañón se hizo sentir sutilmente en la escenografía austera (con una gigantografía del colibrí zumbador que da nombre al grupo) y en el decorado del lugar en general: techo de ladrillo al descubierto, nada de telas que tapen las tablas, perfecta señalización de las salidas, enormes tipos de negro con cara de pocos amigos que bajaban a los pibes que se subían a los hombros de otros chicos... aunque todavía se podía fumar dentro de un lugar cerrado.

Como las bandas de las ligas mayores, Zumbadores se dio el lujo de terminar el show, dejar las luces bajas y volver a salir con un bis, para finalmente despedirse de nosotros hasta fin de año con la promesa de un nuevo trabajo discográfico que valdrá la pena esperar. El último tema que tocaron se trataba de El ritmo de los condenados que por ser el último fue también el más saltado y aplaudido.

Sin duda, Zumbadores es una banda que invita a bailar entre el ritmo contagioso de sus rockanroles y los arreglos de viento (saxo y trompeta) que dan color a sus temas ni tan barriales ni tan intelectuales en sus líricas, lo que los diferencia de otros artistas del género. Un grupo que sin muchas palabras se entiende claramente con sus seguidores y que sabe sonar de manera impecable, brindando la sensación de que en vez de estar tocando con los riesgos del “en vivo” se escuchara con la misma calidad de la grabación en CD.
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