Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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The National

Esa hermosa tristeza

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

04 de Abril, 2011

Esa hermosa tristeza

El Lollapalooza de Chile nos trajo una de las bandas más importantes del pop de afuera. Chochos de la vida, cientos de personas cantaron y bailaron las dos noches que tocaron en La Trastienda.

Desde que se anunció que venia The National mi novia casi se me pone a llorar, como si viniera el Papa y estuviera saliendo con una monja que se desesperara por verlo, tocarlo y pasarle la lengua. Y no es que sea una banda de chicas, pero a ella le gusta.

Es que The National es una de las bandas más importantes que han resurgido en los últimos diez años. La mierda, dirán, pero es cierto: si bien arrancaron en el 2001 con su primer disco (The National), el reconocimiento empezó a desarrollarse en el 2003, con Sad Songs for dirty lovers, un disco nostálgico y lleno de melodías perfectas para presentarse ante la sociedad.

En el 2005 todo cambió: llegó Alligator y las cosas se pusieron serias. Si bien conservaban las ideas del disco anterior, tomaban cada vez más forma, dejando un poco el alt-country que venian cosechando para concentrarse en el pop más directo con el rock siempre presente.

De ahí en adelante pasó de todo, recaudaron fondos para la candidatura de Obama y comenzaron las giras por el mundo, mostrando ese sonido tan particular, con la voz de Matt Berninger a la cabeza, que recuerda a Nick Cave melancólico, Stuart Staples (el de Tindersticks), y hasta a Leonard Cohen. Es decir, un barítono, de voz grave, rozando a Stephin Merritt sin el costado crooner.

Después llegó Boxer y High Violet, ambos con excelentes críticas y prácticamente en todas las listas de lo mejor del año de las revistas especializadas. El éxito no tardó en llegar y la visita a Buenos Aires era casi una obligación, mucho más en La Trastienda y en dos fechas.

Y como a mi chica le gusta tanto pero tanto, al enterarse que agregaban una fecha no lo consultó y se mandó con tarjeta y todo a Ticketek a comprar una de las más caras, “para estar sentados”, dijo al justificar la decisión tan girl power que tienen las chicas de ahora. Sin importar si entrábamos gratis o no por El Bondi, total, “la tarjeta la pagamos en mayo y teníamos que asegurarnos estar”.

Así que ahí estábamos, sentados, temprano, tomando un vino la primera noche, agua tónica en la segunda para caretear el mes después de los cuarenta y tres pesos de la botella del primer día. Con la introducción de un tema de Dylan, salió Berninger con los hermanos Dessner en las guitarras, los también hermanos Devendorf en batería y bajo, y dos vientos que servían de arreglo para todas las canciones.

Berninger tenía un pedo para nueve y se tomó una botella de vino blanco en la primera noche. La segunda se ve que lo avivaron y le dijeron que el tinto era nuestro fuerte y se chupeteó otra. Vestido de traje negro y zapatos coquetos, se bajó del escenario y se paseó entre el público. Se subió a las sillas, las mesas y a la mierda las botellitas. La gente contenta con estas cosas tan rockeras, si total es un show y el pedo no le afectó la voz en lo más mínimo, salvando un par de gallos púberes de la segunda noche.

Uno amagó con quedarse parado y después de recibir un par de disparos con papelitos de servilleta, Aaron Dessner (que es igual a Charlie de Lost) dijo que todo bien, que párense, así estamos más cerca. Y ahí se armaron los bailecitos con Fake Empire (tercer y último corte de Boxer), Green Gloves y Available.

El gran porcentaje de extranjeros merece un párrafo aparte.

Ya llegando al final, y después de “Terrible Love” y “Mr. November”, uno de los cortes más conocidos de la banda, pidieron al público que los acompañen a cantar  “Vanderlyle Crybaby Geeks” sin micrófonos. Todos al frente con guitarras acústicas gritando la gran canción que cierra High Violet, para despedirse de Buenos Aires con la promesa de volver. Nosotros, agradecidos con el Lollapalooza chileno por traernos tanta banda de afuera, salimos a Balcarce satisfechos de dos fechas perfectas, con canciones llenas de melodías alegres pese a sus acordes bajos y su elegancia nostálgica.
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