Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Pepsi Music

De nieve, ácido y la península ibérica

Cronista: Gentileza: Francisco Andres Anselmi | Fotos: Jose Fuño

28 de Septiembre, 2011

De nieve, ácido y la península ibérica

Con veinte años de diferencia, lo mejor del Reino Unido se unió para el cierre del Pepsi Music 2011.

Con una mochila a los pies, él observa todo lo que sucede alrededor suyo con la misma mirada penetrante con que un sabio samurai espera atento el golpe de su enemigo para luego contraatacar. Sin embargo, el lugar no es un bosque japonés ni la selva vietnamita; es el campo VIP del estadio G.E.B.A, donde arriba del escenario suenan los Snow Patrol, los embajadores irlandeses encargados de cerrar la séptima y última fecha del Pepsi Music 2011. Acorde al paso del tiempo, él continúa con su cara estructurada deteniéndose en cada detalle de lo que ocurre hasta que intercepta una mirada cómplice de un confeso amigo de él y todo el serio análisis que podría estar creando su cabeza sale por la borda del imaginario colectivo. Su amigo es el guitarrista Richard Coleman, y el samurai no es otro que Jorge Araujo, el ex batería de Divididos, y actual voz y hombre de los parches de Gran Martell. Esto comprueba que inclusive los maestros nunca dejan de aprender de las nuevas olas.

El cierre del Pepsi Music 2011 trajo como grandes atracciones a Primal Scream, conmemorando las dos décadas de vida de su exitoso disco Screamadelica y a los Snow Patrol que, a pesar de no ser una banda meramente de estadio, por lo menos de las que el público argentino está acostumbrado a presenciar, sonaron ajustados, radiantes y con uno de los mejores frontman de los últimos diez años, el joven Gary Lightbody. Además, los españoles Jarabe de Palo volvieron al país a presentar su último LP ¿Y ahora qué hacemos?; el ex vocalista de Cuentos Borgeanos Abril Sosa presentó en sociedad a su más reciente monstruo musical, Cliché Alarm, mientras que Volador G entretuvo el sector del segundo escenario antes de que saliera la patrulla de la nieve.

Pasadas las 19:30, el primer escenario alternativo, montado en la cancha de básquet de GEBA, albergó al debut de la nueva banda de un viejo conocido: Cliché Alarm es un trío que suena a una mezcla entre The Strokes y The Libertines, siempre bajo la impronta indie que caracterizó la corta estadía de Cuentos Borgeanos en el rock nacional. Mientras que los técnicos desarmaban los equipos, la mayoría de la gente empezó a ocupar el campo porque ya había llegado la hora de Primal Scream.

Con una lista basada casi en su totalidad en Screamadelica, la banda liderada por Bobby Gillespie salió con la balada gospel “Movin’ on up” y siguió con “Slip inside this house” y “Don’t fight it, feel it”, tal como se inicia el disco. Lo demás fue acomodado en pos de show, e incluyó dedicatorias en “Higher than the sun” para Lionel Messi y en “Loaded” para Diego Armando Maradona, además de los “¿Are you fine, Argentina?” que Gillespie asestó cada vez que tuvo oportunidad. Los últimos quince minutos fueron sólo éxitos: “Country Girl” –conocida por estar en cuanta propaganda de bebidas de cola exista-, “Jailbird” y su single de 1994 “Rocks”, que pareció llegar justo a tiempo para que el ex bajista de The Stone Roses dejara el escenario lo antes posible con dos dedos de frente hacia el público, el símbolo madchester que popularizaron los hermanos Gallagher en sus épocas gloriosas.

Él ya estaba acomodado ahí. Jorge Araujo y su mochila, solo e impaciente por que empiece Snow Patrol. Nadie podría imaginarse que la persona que fue la bestia detrás de los platos de una banda que se apoda “La aplanadora del rock” pudiera estar viendo algo tan tranquilo y sumiso como los irlandeses. Sin embargo, él está ahí, con la impaciencia que caracteriza a los chicos y el agotamiento de la vida de un adulto. Aparece en la escena Coleman, pero no hay mucho tiempo para besos y saludos; la atracción principal está por arrancar en el escenario más grande de esta noche.

“Snow Patrol loves Argentina”, era lo que se podía leer en las dos pantallas laterales que acompañaban a la banda, y sin mediar palabra alguna, empezaron con el hit “Open your eyes”. Después de “Chocolate”, la voz y guitarra Gary Lightbody arrancó con su show aparte. “Yo los quiero tocar, pero ellos no me dejan, chicos”, dijo en alusión a la seguridad al subir al escenario, después de recorrer la valla e intentar saludar a cuanta groupie le gritó al oído.

La banda sonó potente y ajustada, y la favoreció con que no contó con los desperfectos técnicos con los que sí tuvo que lidiar el grupo anterior: en ningún momento se apagó un sector del sistema de sonido, ni tampoco se oyeron chiflidos por el bajo volumen. En una velada sin viento, se notaron algunos desperfectos en la reproducción de las guitarras, que por esporádicos momentos se perdieron en la nebulosa del aire.

“Esta canción debería llamarse Buenos Aires”, explicó el mimado por las chicas Gary Lightbody antes de tocar “New York”. Tal vez sea cierto, o tal vez no; es verdad que el público argentino necesita una frescura en los repertorios de elogios de los rockstar que visitan el país, algo que renueve la demagogia evidente, pero no por eso poco efectiva, de Bono o Mick Jagger. “Si hubiéramos conocido antes Buenos Aires, esta canción no se llamaría New York”. Claro, a todas les decís lo mismo, Gary.

Los leds que formaban parte de la puesta en escena mostraron para cada canción una gráfica distinta, cada una interesante individualmente, pero la usada para “Take back the city” fue particular. “Ustedes están en su hogar; ésta canción es para todas las personas que piensan en su hogar”, lanzó Lightbody antes de que suene el primer acorde. Un grupo de edificios rojos se hizo notar en las pantallas y las imágenes fueron cambiando hasta que, en el clímax de la canción, se convirtieron en una bola de confusión representada por imágenes rojas y blancas.

Después de los bises, los irlandeses regresaron para hacer las últimas dos canciones. Una, “Fallen empires”, que titulará su próximo disco y la segunda, “Just say yes”, un tema inédito que lanzaron con su primer gran éxitos de 2009, Up to now. La elección no fue siquiera una de esas canciones que podrían haber hecho mover el estadio entero, sino algo más tranquilo, bailable, muy a lo que la banda acostumbró con su lista durante toda la noche.

Araujo ya no está a la vista. Se debe haber ido unos minutos antes para no comerse el garrón desde su auto contra las masas que no lo dejaran salir, supone uno. El público, que no superó las quince mil personas, está contento, y va caminando en busca de la salida, pero no sin antes llevarse un souvenir de los exquisitos puestos de venta de discos que se popularizaron en los últimos festivales masivos de Argentina.
-¿No tenés el último de los Snow Patrol?
 -No, no me quedó nada.
 Y una quinceañera se va decepcionada….

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