Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Catupecu Machu

Catupecu Machu especial

Cronista: Gentileza: Angie J. Bensignor | Fotos: Beto Landoni

22 de Agosto, 2005

Catupecu Machu especial

Catupecu llegó al Luna Park para dejarlo sin el suelo y demostrar por qué es la banda latina de power rock con mayor proyección nacional e internacional.

Luego de haber probado suerte en Nueva York, el sábado pasado Catupecu Machu se reencontró con el público porteño, en un exitoso Luna Park con entradas agotadas una semana antes del show.

Desde temprano se armaron las colas de fans que querían un lugar cerca del escenario para poder ver mejor el show. Sin embargo, se llevaron una gran sorpresa al notar que aquél estaba tan alto que era preferible irse unos metros más atrás para poder disfrutar de todo lo que allí pasaba.

De manera organizada y controlada (los de seguridad revisaron las vallas y ajustaron algunas tuercas antes de que comenzara el recital) el show se desarrolló en un clima de expectativas inciertas.

Los Catupecu (Fernando en voz y guitarra, Gabriel en bajo y guitarra, Macabre en teclados, sintetizadores y bajo, y Herrlein en batería y acordeón) abrieron con una versión de “Ritual” estrenado en el último acústico de La Trastienda. Esto fue lo primero, pero no lo único que llamó la atención, dado que desde hacía un tiempo que prometían abrir con Oxido en el aire (que tuvo su lugar como segundo tema) y terminaban haciendo siempre Origen extremo. La banda realizó un repaso de su disco El numero imperfecto, colando entre medio éxitos de trabajos anteriores como Y los que quiero es que pises sin el suelo, Eso vive (tema en el que invitan a la gente a sentirse como en una disco), Batalla (una canción aun más bolichera), Calavera deforme, Hay casi un metro al agua, Hechizo, Perfectos cromosomas, etc.

Además, la noche contó con tremendos invitados, como el señor Zeta Bosio (ex Soda Stereo y actual productor musical) que conmovió con el arreglo de bajo que compuso para acompañar la acústica de Fernando en Refugio. También se sumó Fabián “zorrito” Von Quintiero (bajista de Ratones Paranoicos) para Preludio al filo en el umbral . Pero quien sin lugar a dudas causó real admiración fue Fito Páez, invitado a tocar su Ciudad de pobres corazones, un temazo del que Catupecu viene adueñándose de un tiempo a esta parte.

El músico sacudió su enrulada melena mientras tocaba la guitarra, vestido con un saco blanco muy brillante (de esos que usan los “sorprendidos” de las publicidades de jabón en polvo) y concluyó felicitando al cuarteto antes de despedirse con un abrazo a Fernando.

La gran ausencia fue la de Walas (cantante de Massacre) en Plan b, así como la de Lee-Chi o Leo (Batero de Attaque), gente que venía compartiendo shows con el grupo. Pese a ello, cabe destacar el guiño de Fer para con Abril (ex baterista de la banda que dejó a Catupecu en pleno auge decapitado) cantando el estribillo del nuevo corte de Cuentos Borgeanos que dice “Llora en mi tu dolor, me quedaré a tu lado”.

A poco más de la mitad del camino, Fernando soltó “La primera vez que tocamos Dale! fue en Heaven and Hell para 75 personas. Hoy hay más de 8 mil y pico”. Ovación mediante, desenfundó su púa y su “dedo de metal” para comenzar el solo de un Dale! que no duró tanto pero que hizo saltar a muchos.

El recital duró dos horas y media, aunque se sintió de mucho menos. Esta vez de veras no hicieron bis, porque la cosa hubiera sido infinita y en algún momento hay que ponerle punto final a tanta euforia. Los acordes tranquilos que llegaron de la mano de Entero o a pedazos sentenciaron al público a concurrir a un final sin retorno. También faltó Muéstrame los dientes (tema del nuevo CD que se vienen guardando desde hace tiempo) y muchos otros de Cuadros dentro de cuadros o de Dale!. Obviamente ya son tantas las canciones que tienen que es imposible satisfacer a todos, pero el abuso de una lista de temas que vienen repitiendo desde hace meses pudo haber molestado a algunos.

No cabe duda de que los momentos cumbre fueron las performances de los hits que se hicieron conocidos en los últimos meses en los canales de videoclips, como A veces vuelvo, Origen extremo y Cuadros dentro de cuadros, que permitieron llenar el Luna Park con entradas que superaban los 25 pesos (Precio base del campo en venta anticipada).

Evidentemente Catupecu Machu sabe moverse sobre las tablas y no pararon de ir corriendo de acá para allá por el vastísimo espacio del escenario, de una punta a otra e incluso hacia el fondo. De todas maneras, hubo pantallas para seguir el recital. Los que se sintieron fueron los techos altos y el hecho de que a la banda le cueste sonar poderosmante en lugares grandes, como sí lo hacen cuando rompen los límites decibelísticos en lugares más chicos. También, hay que decir, el juego de luces podría haberse lucido un poco más rítmico y colorido (no tan azulado), pero esas son cosas que ya se verán.

Por lo pronto, nos queda el recuerdo del primer Luna de Catupecu Machu. Dos horas y media a puro pogo y buena música que, esperamos, en poco tiempo se repita.
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