Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Deep Purple

Noche púrpura

Cronista: Fernando Canales | Fotos: Beto Landoni

16 de Octubre, 2011

Noche púrpura

La banda británica de hard rock hizo un doblete en el Luna Park en el marco de su gira nacional, que ya pasó por Rosario y también tendrá fechas en Córdoba y Mendoza.

Era el día de la madre, así que los fanáticos del rock pesado cumplieron con la enseñanza de Pappo (la vieja es lo más grande que hay) y post saludo, partieron al Luna Park a recibir a Deep Purple, que no por casualidad, también es progenitor, en este caso, del hard rock/ heavy metal, compartiendo la paternidad con Black Sabbath y Led Zeppelin.

La legendaria agrupación que está cumpliendo 43 años, regresó una vez más al país con los ya conocidos cambios en su formación: Steve Morse en lugar del mítico guitarrita Ritchie Blackmore, que rompió nuestros corazones al decir “Estoy viejo y me aburre seguir tocando hard rock” y Don Airey por el carismático Jon Lord en teclados.

El redoblando de Ian Paice nos hace viajar hasta 1972 con la intro de “Highway Star”, mientras Roger Glover se suma con su potente línea de bajo, para darle forma al clásico del disco Machine Head. Lo siguen “Hard Lovin’ Man” con el hammond endemoniado de Don Airey y la blusera “Maybe I’m a Leo”.

 La banda suena como si el tiempo no hubiese pasado, salvo por el cantante Ian Gillan, que sufre el desgaste de haber lanzado agudos biónicos durante casi toda su carrera. En “Strange kind of woman”, Gillan juguetea con Morse parafraseando con su voz, las melodías de guitarra: no desafina, no tiene vértigo para las notas altas, pero se esfuerza de forma descomunal para alcanzarlas (y pocas veces logra conseguirlas). El lugar cerrado le ayuda a no quedar en evidencia, como cuando en 2009 se quedó sin voz en el Cosquín Rock.

La arábica armonía de “Rapture of the deep” y la joyita “Mary Long” extraída de Who do you think you are (1973) desembocan en un solo de Steve Morse con referencias a Bach y a David Gilmour en el tema “The well dressed guitar” (en castellano, la guitarra bien vestida), que termina siendo una obviedad: la viola siempre se viste de frac cuando está en las manos del ex Dixie Dregs. Por eso, es que hace olvidar la ausencia de Ritchie Blackmore, imponiendo su estilo, lo que lo hace más meritorio aún.

La improvisación forma parte casi religiosa del setlist y convierte todo en versiones extendidas de los temas, y para eso, “Lazy” viene como anillo al dedo. Más tarde Don Airey se animaría a tocar “Adiós Nonino” de Ástor Piazzolla en su solo de teclado.

Al final, pelaron la triada más pesada con “Perfect strangers”, “Space trucking’” y “Smoke on the water” con su riff simple, geométrico e inmortal, que hace explotar el lugar, recordando aquel incendio en el Casino de Montreux durante un concierto de Frank Zappa.

Para los bises quedaron “Hush,” un mini solo de bajo a cargo de Roger Glover y la pegadiza “Black night” con la gente coreando el riff, de pie y amontonada frente al escenario.

Deep Purple retornó una vez más al país, repasó todos sus hits y dejó claro por qué, después de 43 años en la autopista del hard rock, sigue siendo una leyenda viviente.

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