Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Massacre

“Hola, un beso, somos los Massacre, tomá!”

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

31 de Agosto, 2005

“Hola, un beso, somos los Massacre, tomá!”

Tarde pero seguro, los Massacre estuvieron el sábado por la noche en La Trastienda. Muñecos, mosh, panderetas y pogo le dieron color al show que sirvió como presentación de su última placa (grabada en vivo), “Diferentes Maneras”

Una vez más, la maratón de recitales en una misma noche en La Trastienda provocó, como es costumbre, el retraso de la segunda presentación. Los Massacre estaban anunciados para las 00:30 hs, pero para ese entonces recién empezaron las pruebas de sonido.

La gente ya formaba una cola que se extendía hasta la esquina, mientras en el interior todavía se estaban realizando los últimos ajustes. Finalmente, las puertas se abrieron pasada la una de la madrugada y la gente comenzó a ingresar, aunque faltaría casi una hora más todavía hasta ver a la banda en escena.

Diez minutos después de las dos de la mañana se apagaron las luces y el escenario apareció cubierto de muñecos, anunciando la inminente presencia de los Massacre. Enseguida llegó el saludo de Walas, y la banda interpretó una versión “surfer” del tema de los Pixies “Cecilia Ann” adornada con arpegios y efectos varios.

En cuanto terminó la introducción, Walas se precipitó con el ya clásico “Tomá!” –con el que anuncia el principio de los temas- pero un problema con el amplificador de la primera viola los retrasó varios minutos…

Finalmente, tras la amenaza de “revolearle una patada”, los problemas de sonido se solucionaron y ahí si… “Están listos mi vida? Bueno, tomá!” arrancó el show de los Massacre con todo, agite, pogo y mosh incluídos.

Massacre es una de esas bandas que si bien están dando vueltas hace varios años, parecen –ya sea por estilo o por casualidad- incapaces de pegar el salto hacia un nivel de popularidad mayor, como si de alguna manera estuviesen “condenados” a ser banda de culto.

Más allá de las “limitaciones” del estilo -skater, que le llaman- los Massacre le dan una pequeña vuelta de tuerca que logra añadir un atractivo más para separarlos del montón. El principal recurso para lograr esa cualidad es la responsabilidad de la primera guitarra, que como ya dijimos, experimenta con distintos efectos, algún punteo como para rellenar, arpegios, armónicos y demás arreglos, variando entre la distorsión y el sonido limpio.

El otro “plus” lo brinda sin lugar a duda el gordo Walas, cantante de la banda, además de sus famosos “mi amor”, “mi vida”, “loqui” y “tomá”, el tipo hace partícipe al público, baila y salta, toca la pandereta con la panza y hasta canta con un megáfono.

Definitivamente, los Massacre se ganan al público –en un estilo sin demasiados adeptos- por simpatía y actitud, sobre todo en vivo. Incluso para los que estén tan habituados con la onda de la banda, puede ser una buena alternativa para pasar un rato divertido.

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