Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Siempreterno

En el mar de carbón

Cronista: Sergio Visciglia | Fotos: Anabella Reggiani

17 de Marzo, 2012

En el mar de carbón

El Siempreterno arrancó el año en Buenos Aires, con un demoledor concierto en Niceto el pasado sábado para recordarnos que la vida dura sólo un segundo.

No hay un cielo celeste repleto de angelitos tocando el arpa, para esta faceta de Sergio Rotman, hay un mar de carbón y estaremos caminando sobre él durante toda la eternidad. Así el ex Cadillac nos hace viajar por los paisajes de El Siempreterno, donde nos cuenta que el próximo disco se llamará como la canción que oscurece hasta el extremo una noche que ya era gris (“Hacia el mar de carbón”), y hasta allí también nos lleva su mujer, Mimi Maura, cuando canta “si hubiese entendido aun estarías aquí, riendo en silencio entre los vivos” en “Bebiendo ansiedad”, dedicada al fallecido percusionista cadillac Toto Rotblat. El trip se completa cuando el tecladista Dante Clementino sube a escena y queda conformada la banda Los Sedantes, aquel otro destello de las múltiples personalidades de Rotman, donde Horacio Gamexane regalaba estridencias con su guitarra. Otro homenaje en la noche, y otro coqueteo con “el otro lado”, que no hace más que regalarnos un show y una noche llena de vida.

“Bajo este sol” saluda a Niceto y así empiezan a sucederse los temas del disco debut de El Siempreterno, constantemente decorados con covers, y nuevas y viejas perlas (“porque si no el disco dura solo 20 minutos”, resalta una y otra vez el cantante). “Love will tear us apart” de Joy Division logra complacer desde temprano a los seguidores de Cienfuegos (¿el tesoro mejor guardado del rock nacional de los ´90?), y rápidamente llega el mejor momento de la noche: “Año 1997, con la señorita Ariel Minimal y la señora Fernando Ricciardi coincidimos en el disco Calavera de los Cadillacs...”. Suena una furiosa versión de “Amnesia” en la que Rotman resalta que “así se tendría que haber grabado” en ese entonces, época de la histórica declaración de “la guerra de egos” y momentos donde la relación Rotman y Vicentico-Flavio estaba totalmente resquebrajada. Otro golpe a la mandíbula de placer en esta noche llena de vida.

Arriba del escenario hay calidad por donde se mire: ya nada se puede agregar de las virtudes con su guitarra de Ariel Minimal (con look totalmente indescriptible, que las fotos hablen por sí solas), al tiempo que Mimi Maura logra encajar cada vez mejor su magnifica voz y su performance en la propuesta. Si nos centramos en la base, basta con colgarse durante unos minutos mirando a Álvaro Sánchez (el ignoto de la banda) para darnos cuenta de sus dotes de bajista, y Fernando Ricciardi demuestra en la tremenda “Baba O´riley” de The Who que es uno de los mejores bateristas del rock argentino, por si alguno todavía no se había dado cuenta. Y claro, al frente de todo el cantante, ofreciendo sus dotes de frontman y dejando la sensación de que este es lugar que más disfruta.

Abajo del escenario es todo alegría. Y si bien las letras transmiten todo lo contrario, esa justamente es la magia que llega. Un público que rodea los treinta, ya más asiduo a apoyarse contra una barra y disfrutar tomando un trago, se transforma durante una hora y media, y vuelve en el tiempo diez o quince años para saltar y poguear con todo su espíritu adolescente. Las demoledoras “Inyección de amor” y “Contradios” los enfervoriza hasta estallar, y ni hablar de cuando llega el bloque que todos están esperando…

El combo Cienfuegos logra la ebullición y abraza de la mano de “Hacia el cosmos, hacia el infierno” (“ninguno de ustedes tiene algo que sea especial”), la infaltable “Moonage daydream” de Bowie y “La eternidad” (“la vida se nos va, otra esperanza ha muerto”). Hay además canciones de bandas tal vez ignotas para el oído común, como Valió la Pena o la española Décima Víctima; un par de temas nuevos que ya venían sonando vuelven a asomarse, acompañados de un estreno, “Full coma”, con el post punk en su máxima expresión. Si a Cienfuegos le decían que hacía post punk, lo de El Siempreterno vendría a ser entonces, parafraseando a Luca Prodan, una especie de “after” post punk, que se despide con la canción “¿Más de lo mismo?”.

Solo una hora y media bastó para hacer explotar la cabeza, y en especial el corazón, de todos los presentes, con letras, músicas, recuerdos y canciones que nos advierten que la vida dura sólo un segundo. Medio segundo, y estás fuera del mundo…

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