Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Roger Hodgson

Psicodelia ATP

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Jose Fuño

19 de Abril, 2012

Psicodelia ATP

El cantante de Supertramp brindó un gran show para ocho mil personas nostálgicas.

Quiero que Roger Hodgson sea mi tío, que llegue los fines de semana con gaseosas y se sienta a contar historias de Supertramp, de cómo conoció a todos y la gracia que le causaba el ambiente rockstar con sus drogas y mujeres al por mayor. Lo iría a buscar al aeropuerto y lo abrazaría sin importar el qué dirán, lo llevaría en colectivo al Lawn Tennis para que dé un show ante ocho mil personas y repase su inmensa discografía.
 
De entrada el tipo fue claro: “En estas dos horas dejemos los problemas afuera y concentrémonos en este momento que será especial”. Quizás escrito suene a cliché, pero la calma y energía que transmitió en esas palabras surgió efecto en un público que se empachó de canciones y se emocionó como si tuviera veinte años.
 
El Lawn Tennis es un lugar parecido a un Luna Park pero al aire libre y con muchísimo mejor sonido. Hodgson fue a lo seguro y se despachó con "Take the long way home", "School", "In Jeopardy", "Lovers in the wind" y "Hide in your Shell". Hitazos reconocibles desde el primer acorde: mucho Aspen, baladas y rock progresivo terriblemente tarareables.
 
Señoras que podrían ser mis madres saltaban de la silla para aplaudir y sonreír, otras le entregaban rosas, banderas y le decían cuanto lo querían. Hodgson respondía bien, siempre bien, recibía los regalos, se sentaba en su órgano e introducía todas las canciones, contando sus historias siempre con voz calma y una sonrisa verdadera para poder crear un ambiente acogedor, como si estuviéramos en un bar o una casa.
 
Veintiún canciones en casi dos horas de show, con el cierre de "Two of Us", "Give a Little" e "It’s Raining Again"; tres clásicos asegurados que emocionaron de verdad, gracias a la nostalgia que genera recordar situaciones y momentos con música de fondo. 

Roger Hodgson no será mi tío pero se comportó como uno en toda la noche, fue amigo, padre y buen esposo para las miles de personas clase 1965 que se concentraron en la cancha de tenis y disfrutaron sin pensar el tiempo que pasó desde aquellos adorados años.
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