Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Hugh Laurie

Hugh Laurie: lejos de House

Cronista: Gentileza: Francisco Andres Anselmi | Fotos: Beto Landoni

08 de Junio, 2012

Hugh Laurie: lejos de House

El músico inglés se valió de su alto nivel de interpretación y brindó dos shows a sala completa para cerrar el Personal Pop Festival 2012.

Hay un hombre que acapara la atención del público que, extrañamente, no es el que todos fueron a ver. Su nombre es Salvador Delgado. Tal como lo prejuicia su nombre, él es un mexicano de barba candado y baja estatura: definitivamente, no es el actor devenido en músico que la audiencia esperaba ver desde el primer instante. Delgado es el encargado del doblaje para América Latina de su personaje más famoso, Gregory House, durante las ocho temporadas. Pero, para tranquilidad de todos, hay alguien más: un hombre risueño, alto, canoso y de gestos ingleses que, posado en el centro del escenario, se presenta ante el público argentino.

“Mírenme a mí pero escúchenlos a ellos”, introduce enfáticamente Hugh Laurie a la Copper Bottom Band, el grupo que soportó su sueño tardío de ser músico y con el que grabó Let them talk, aquel disco que la crítica “especializada” elevó durante 2011 como una de las placas del año. Prueba el primer whisky de la noche y, envalentado con alcohol fresco entre las venas, esboza unos primeros pasos junto al micrófono. “¡Tomá vino argentino, House!”, grita un muchacho defensor de los viñedos más finos de Mendoza. A Laurie no le importa demasiado y, tal vez su decisión más elogiosa durante el show, se sienta tras el piano para hacer lo que mejor sabe: interpretar.

Los primeros minutos en el escenario dejan entrever la pauta de la noche. Hugh Laurie es un actor cómico, dramático de altos niveles de tesitura, un incipiente novelista –“The gun seller” y “The paper soldier”- pero no así en lo musical. Él es un gran intérprete, y para eso se dota de toda una vida tras las teclas blancas y negras.

El show que Laurie transportó a Argentina se vale de 21 canciones, entre las que se mezclan todas las versiones de su disco junto a algunas más como “Unchain my heart”, de Joe Cocker, “Wild honey” y "Green green rocky road”. También, como si fuera un profesor de historia –y con el paso de los minutos con más whisky en sangre-, cuenta la historia de cada una de las canciones que va a interpretar. También ayuda a privilegiar la intimidad la ambientación de lámparas y mesas de una época más jazzística (tal vez de la década del 30, 40 y hasta 50). Vendría a ser algo así como un show íntimo pensado para un local reducido para cien personas, pero ejecutado en un microestadio para unas cuantas más.

Durante las ocho temporadas de la serie, se pudo ver a un Laurie encadenado a la medicina que –vaya a saber uno si por sugerencia propia- tomaba una (guitarra) cola de tiburón y rasgaba algunos acordes frente a la atenta mirada de su fiel compañero Wilson. O también aprovechaba a sentarse al piano, no sin un whisky y un frasco de Vicodin, para demostrar que también sabía cantar.

Para el final del segundo bis, y cuando todos creían que realmente había terminado, Laurie volvió con su banda. “Para demostrar que tienen una cultura fascinante, vamos a interpretar un tango”, dijo. Y se arriesgó –con el aditamento de que se calzó una camiseta argentina con la insignia de su apellido y el número 10 de la falsa modestia- a hacer esa música que popularizó Gardel y sofisticó Piazzolla. ¿El resultado? Algo más parecido a una polka, que terminó en algo devenido en blues. Sin embargo, lo que importa es el intento, ¿no?

Las relaciones internacionales entre Inglaterra y Argentina no están en su mejor momento –tal vez las banderas estadounidense, inglesa y argentina hayan intentado simbolizar algo- pero eso no aplacó en lo absoluto el show de Hugh Laurie. Lejos de su madre patria, recorrió los sitios turísticos más emblemáticos de nuestro país, dio tres shows repletos ante un público entusiasta de la música negra y, para colmo, se nutrió de nuestra propia música. Mientras artistas como Laurie continúen interpretando, no importan las guerras ni los conflictos, el mundo va a ser un lugar mejor.

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