Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Cuarteto de Nos

Cuando sea grande quiero ser como El Cuarteto

Cronista: Sergio Visciglia | Fotos: Gentileza: Leandro Baglietto

22 de Junio, 2012

Cuando sea grande quiero ser como El Cuarteto

La banda uruguaya presentó con un gran show en el Luna Park su nuevo disco Porfiado, al compás de su ingeniosa lírica que genera canciones imbatibles.

Desde hace ya veintiocho años El Cuarteto de Nos ha logrado con creces contarnos con un muy buen humor historias totalmente diferentes a las que estamos acostumbrados a escuchar en una canción. Y lo mejor es que la pluma, lejos de agotar su tinta, brilla cada vez más.

Pero no cualquiera es fan del Cuarteto. No hay que ser normal, y como reza una de sus obras, no hay que querer serlo. Y desde la edición de Raro (2006), el disco que hizo conocida a la banda en nuestro país, además hay que estar siempre atento y con la lamparita encendida, para seguirle el ritmo al escupitajo constante de verborragia que ofrece el cantante Roberto Musso, ese que te envuelve entre ingeniosos juegos de palabras, infinitas hipertextualidades (¿Los Simpsons de la música?) y rimas imposibles llevadas a su máxima expresión.

El Luna Park está repleto en la noche del viernes. Cada vez más adolescentes se acercan a la banda, pero lo que más sobresale es esa heterogeneidad etárea que hace que una familia entera llegue al concierto, y tanto mamá, papá, hijo e hija canten de memoria las canciones. “Algo mejor que hacer”, primer tema de Porfiado, saluda a los presentes, y al toque las rápidas apariciones de “El hijo de Hernández” (de Bipolar, 2009) y “Ya no se que hacer conmigo” (de Raro), delatan que durante las dos horas de show viajaremos dentro de esta especie de trilogía rara, bipolar y porfiada de los últimos tres discos.

“¿Por qué somos porfiados? ¡Porque sí! ¿Por qué no somos porfiados? ¡Porque no!”
. De esta forma el cantante se conectará con el público durante toda la noche, al tiempo que junto a su compinche Santiago Tavella (bajo y voz), entregarán como siempre esa divertida cuota de actuación que hace que las pausas entre tema y tema valgan la pena. Todas las canciones del disco irán sonando, destacándose la inconformista “Insaciable”, la depresiva “Vida ingrata”, o la genial “Buen día Benito”, donde los reproches livianos y graciosos del principio (¿Sabes quien soy?/Ese al que le contaste el final de una peli de cowboys/Y soy el dueño del libro de Tolstoi/al que le pegaste como tapa una Playboy) se harán cada vez más densos con el correr de los versos, tocando temas como el desempleo o la adicción a las drogas.

Para que Musso pueda respirar de su característico rapeo rioplatense, toma el micrófono cada tanto Tavella, bajando un cambio la rabia musical y entregando, junto a su desopilantes bailes, canciones tales como “Enamorado tuyo”; “No te invité a mi cumpleaños”, “Pobre papá” (todo el estadio canta Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos), y una de las pocas piezas de los viejos discos que se escuchará en la velada: “Corazón Maricón”, de Canciones del Corazón (1991).

“Todos pasan por mi rancho” es una excepción a la regla, con un Musso tranquilo, cantando sentado al lado de una lámpara una canción que aborda la temática de la soledad (¡sí, tienen un tema triste!), y genera uno de los mejores momentos de la noche que continúa con el temazo “Mi lista negra”, perfecto ejemplo de aquello de las rimas imposibles. Si querés ejemplos de hipertextualidad escuchá el corte “Cuando sea grande”, donde conviven Shakespeare, Osvaldo Soriano y la mitología griega; y para divertirte con los juegos de palabras, empachate con “Lo malo de ser bueno” que regala la estupenda frase “el ocio no me deja tiempo para nada”.

La batería sesentosa de “El lado soleado de la calle” es el preludio perfecto para hacer  “Bo cartero” (versión libre y delirante de “Please Mr. Postman”, del grupo femenino The Marvelettes de los años ‘60). Tavella: -Es una cancion muy vieja. Musso: -Sí, como de 1957 más o menos, tocaba la tía abuela del Topo (señalando a Gustavo Antuña, guitarrista). Tavella: -Y había minas en el escenario. Musso: -Sí, y explotaban mientras cantaban…

Antes de los bises será el turno del hit “Yendo a la casa de Damián” y la egocéntrica balada “Me amo”, que genera que se arme pogo hasta en un tema lento. Luego del breve descanso, la banda vuelve con los roles cambiados: Musso en bajo, Tavella en teclados, Antuña en batería y el tecladista Santiago Marrero en guitarra. El micrófono queda en manos del baterista Alvaro Pintos para cantar (y olvidarse la letra) “Yo soy Alvin, el batero”, y así materializar el viejo chiste de que el batero es el mejor amigo del músico (“siempre solo, siempre atrás”).

El final es para dos temas pertenecientes a Raro, el disco que cambió completamente la vida de El Cuarteto de Nos: “Nada es gratis en la vida” (con un par de versos del viejo y querido “El putón del barrio”) y el tema que pedía a gritos constantemente todo el estadio: “Invierno del ‘92”. “A veces somos raros, a veces bipolares, pero siempre, siempre seremos porfiados”, cierra el cantante este comienzo del fin de la gran trilogía que forjó El Cuarteto de Nos. Los rostros arriba y abajo del escenario son de satisfacción plena. El grupo acaba de dar un concierto intachable presentando su nueva placa discográfica y consolidando una respuesta del público cada vez mayor en cantidad. Se lo tienen totalmente merecido.

La histórica banda uruguaya, formada por cuarentones anti héroes con cero pinta de rockeros, demolió con un show exquisito el Luna Park, demostrando que son de las mejores ofertas que se pueden encontrar en el rock actual de estas tierras.

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