Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Judas Priest

El Heavy no se oxida

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

15 de Septiembre, 2005

El Heavy no se oxida

Judas Priest y Whitesnake encabezaron el Monsters Of Rock 2005 junto a Rata Blanca, Tristemente Célebres y Lörihen. Dos leyendas de la música pesada a las que el mote de “mounstruos” les quedó chico. Verdaderas bestias del rock…

Pese a la constante amenaza de lluvia, más de veinte mil fanáticos se acercaron al estadio Ferrocarril Oeste para ser testigos de un recital histórico. Por primera vez en su historia, la formación clásica de Judas Priest pisó suelo argentino: Glenn Tipton, K.K. Downing, Ian Hill, Scott Travis y por supuesto… el legendario Rob Halford. Y en caso de que ésto no sea argumento suficiente, David Coverdale (quien supo integrar las filas de Deep Purple luego de la partida de Ian Gillan) traía una renovada formación de Whitesnake, hito del hard rock en los ’80.

Primeramente, los locales Lörihen fueron poniendo en clima a quienes se acercaban desde temprano al estadio. Con una muy buena respuesta del público, redondearon un set contundente que contó con la presencia del guitarrista de Serpentor en el escenario, banda que paradójicamente, había llegado a las instancias finales del concurso que le otorgó el lugar a Lörihen en este festival. Un gesto que habla por sí solo de la hermandad y el respeto entre las bandas de heavy metal.

Quienes no corrieron la misma suerte fueron los Tristemente Célebres, banda de Eduardo de la Puente (el de CQC, en caso de que te estés preguntando quién es). Según el mismo Eduardo, su presencia era equivalente “a la de Nito Mestre” en un festival de este tipo, algo que se vio reflejado en el rechazo de la gente. A pesar de los esfuerzos de la banda, la lluvia de escupitajos e insultos eran generalizados, aunque fueron disminuyendo con el correr de los temas.

Con un cielo cada vez más gris y un techo de nubes que asomaba por detrás de la platea, el estadio de Ferro alcanzó a colmarse para el momento en que Rata Blanca pisó el escenario. Si bien es una banda con una extensa trayectoria dentro del heavy nacional y con una gran mayoría de adeptos entre los presentes, no faltaron los insultos y abucheos, principalmente dirigidos hacia Walter Giardino, guitarrista de la banda, dadas sus marcadas influencias a la hora de la composición (aunque que las palabras usadas por los muchachos metaleros no fueron precisamente estas). Durante un hora, los “Rata” recorrieron viejos clásicos –incluso de la discografía anterior al ingreso de Barilari en las voces, tal fue el caso de “Solo por amarte” - y de paso, promocionaron algunos temas del último disco.

Promediando el show interpretaron “Highway Star” , tema que da inicio a la placa “Machine Head” de Deep Purple… “de quienes aprendimos todo” – dijo Giardino- dando pie a una nueva serie de “discrepancias” por parte de quienes ya mencionamos anteriormente. Para cerrar, “La leyenda del Hada y el Mago” dio fin al set y sembró la ansiedad entre los presentes, que aguardaban la salida de Coverdale y Cía.

Finalmente, la espera no fue en vano. A pesar de no estar en la mejor condición física (se comentaba que tenía una molestia en las cuerdas vocales) David Coverdale salió a darle a la gente lo que la gente quería escuchar… nobleza obliga, sonaron “Burn” y “Stormbringer” , los dos clásicos más característicos de su paso por Deep Purple, para luego dar paso a la carrera de Whitesnake propiamente dicha, que se concentró principalmente en el disco de 1987 que lleva el nombre de la banda, a excepción de “Slow and Easy” y el eterno “Love Ain’t No Stranger” .

Si bien por momentos se hizo evidente la dificultad de Coverdale en algunos temas, la banda supo arreglárselas para disimularlo de la mejor manera posible: desde el apoyo coral tanto del bajista como el guitarrista, como así también con una buena sucesión de solos entre tema y tema (incluso –antes de “Crying In The Rain” - el baterista se animó a pegarle “a mano limpia” tanto a parches como a platos), lo que le daba a David algunos minutos para recomponerse y salir nuevamente a escena.

Las baladas características de la etapa “ochentosa” de Whitesnake tuvieron su lugar con “Is This Love” y el hitero “Here I Go Again” , pero sin lugar a dudas, los momentos de mayor apogeo del show llegaron con “Bad Boys” y “Give Me All Your Loving” donde –como es costumbre- los coros los dio el público. Precisamente, esa energía del público pareció multiplicarse infinitas veces, al cerrar con “Still Of The Night” , tema con el que también se habían despedido –aquella vez se pensaba que para siempre- allá por el ’97.

Con la introducción de ”The Hellion” sonando de fondo, Judas Priest se hace presente sobre el escenario. Una bandera a modo de telón simulaba una especie de “ojo eléctrico” de cuya pupila emergió el mítico Rob Halford, para darle comienzo a “Electric Eye” .

Halford es, para cualquier fanático del heavy metal, una especie de leyenda viviente, y su sola presencia sobre el escenario puede desatar la locura de cualquiera que tenga una campera de cuero. Prácticamente no se mueve al cantar, parado, toma firmemente el micrófono con ambas manos y dirigiendo sus anteojos oscuros hacia el suelo deleita a su público con agudos a los que no cualquier cantante puede darse el lujo de llegar. No sólo por su tonalidad, sino por su duración.

Pasando por distintos vestuarios y caminando como si fuese un robot, la histórica voz del heavy metal iba de un extremo al otro del escenario (algo que, a la velocidad con la que se movía, le tomaba un buen rato), cantando lo más cerca posible del público, lo que favorecía una interacción entre ambas partes que terminó de darle color al show con los cánticos “de hinchada”, tan comunes en nuestras tierras y con los que la banda quedó realmente atónita.

Demás está decir que los clásicos que tenían que tocar, los tocaron… “Metal Gods”, “Breaking The Law”, “Touch Of Evil”, “Painkiller” y “Beyond The Realms Of Death” , acompañada por guitarras electro acústicas. Después de dejar el escenario, una tenue luz iluminó desde el costado la salida de la Harley Davidson sobre la que Halford interpretó “Hell Bent For Leather” y buena parte de “Living After Midnight” . Para sorpresa de muchos, finalmente Halford abandonó los lujosos tapados de cuero y culminó “You’ve Got Another Thing Coming” con la camiseta argentina.

Sin embargo, el cierre fueron veinte mil personas al grito de:“Ohhh.. Judas Priest, es un sentimiento, no puedo parar…”. Un recital histórico.
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