Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Buenos Aires Funk & Soul

El ritmo de la noche

Cronista: Gentileza: Francisco Andres Anselmi | Fotos: Anabella Reggiani

14 de Septiembre, 2012

El ritmo de la noche

Una noche para redescubrir un género minoritario en Argentina. Liberen la mente y su culo los seguirá.
 

La tribu del funk es rara. No son distinguibles como la del metal ni homogénea como si se tratara de un show de una banda emo. Formada por un público que parte de los 20 y termina arriba de los 50, el viernes se congregó de manera masiva en Niceto Club, para lo que fue el primer Buenos Aires Funk & Soul Festival 2012, en el que se presentaron grupos que hicieron culto a las raíces del género, como también al funk espacial o psicodélico de la década del ‘70 y al último funk rock engendrado en los ochenta. También hubo espacio para sacrilégicos que no hicieron más que deshonrar las bases y que harían que James Brown reviviera para darles clases, no de música, sino de sus habilidades pugilísticas. 

Pelucas afroamericanas, jeans Oxford y camisas llamativas; muchos colores por todos lados. Gracias a un corte de luz en la zona, la música empezó una hora y media después de lo pactado. Los primeros, los Suprafónicos. Una big band que, a fuerza de clásicos y canciones propias, demostró una vez más la superioridad de la raza negra y el anacronismo de las bases del género. Guitarras limpias, una batería sencilla y una voz que remite a Ray Charles y, en los momentos más explosivos, a la voz de los Red Hot Chili Peppers, Anthony Kiedis, como en el final, de la mano de “Higher ground”, versión original. 
 
           Con seis años pateando calles, los Afromama se cargaron de buenas intenciones pero quedaron en el camino. Una boyband que haría acordar a los Backstreet Boys o los primeros N Sync, pero en un formato aún más pop, y con un sonido más disco. El grupo surgió del ciclo homónimo que organiza el bar Makena los domingos por la noche, y que siempre se valió de congregar a las bandas con mejor estilo del género.
 
           Pero en el Niceto lado B salieron grandes ritmos que merecieron un mejor espacio y convocatoria. Entre ellos, Un perro y la vieja escuela del funk, Troimaclur y la Federación Afrancesada del Fonk. Ellos revisitaron cinco décadas del género con matices entre el rock y el disco, pero siempre cerca del sonido caliente pero al mismo tiempo fresco, y libre de prejuicios para cualquier paso de baile.
 
Tony 70 es una banda que se vale de todos los clichés. Martín Elías hace gala de un uso abusivo del talkbox (el sonido que hace mientras toca la guitarra y canta a través de un segundo micrófono) en muchas de sus canciones que puede saturar a cualquier ser humano a treinta metros a la redonda. Por otro lado, su capacidad como frontman: sideral e indiscutible. Con 14 años en la ruta, su banda se convirtió en el pilar y líder mainstream del género. Pureza en cuanto al funk original: discutible. Todo se trata de gustos. 
 
Cuando suena "Respect", aquel himno de Aretha Franklin que inmortalizó en la primera parte de la road movie The Blues Brothers, todos saben que algo grosso está por suceder. Pasada la una y media, se abre el telón y aparece Willy Crook. Se apaga la grabación y el grupo retoma el ritmo para amplificar el sonido. 

El hombre de Villa Gessel hizo data de más de 35 años de trayectoria en los que repasó sus tiempos al frente de Los Funky Torinos, los discos solistas y su nueva étapa junto a The Royal We, entre los que cuenta con músicos jóvenes y con una perla tras los teclados, Carlos “Patán” Vidal. Si hay algo que conoce Willy Crook es manejar el ritmo, el sonido y, por sobre todas las cosas, la elegancia. 

Los números oficiales indicaron 1500 personas. Una gran cifra para lo que fue la primera fiesta del sonido afroamericano en Buenos Aires.
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