Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Leonchalon

Desde Ituzion: paz, amor y legalización

Cronista: Redaccion El Bondi | Fotos: Alan Guex

07 de Octubre, 2012

Desde Ituzion: paz, amor y legalización

La banda del oeste bonaerense hizo bailar a la babylón. Crónica y fotos del show de la banda de Villa Ariza en La Trastienda.

Desierta la avenida Belgrano en direccion hacia el bajo. La llovizna y el mal tiempo hacían que la noche de domingo, aunque fuera en víspera del feriado por el día de la diversidad cultural, siga siendo una noche de domingo. Todo estaba quieto en San Telmo hasta que, pasadas las nueve, Leonchalón se hizo presente en el escenario de La Trastienda.

Una breve introducción en clave reggae -por supuesto- dio paso a la aparición de Artifex, cantante de la banda de Ituzaingó, que lejos está de parecerse a un reggae-man tradicional. En principio, la carencia de rastas ya lo diferencia de un amplio grupo de exponentes. No así sus compañeros, algunos de los cuales sí lucen con orgullo sus dreadlocks. Pero volvemos a Artifex, para decir que su apariencia se acerca a la de un rapero blanco con energía, con visera hacia el costado, lentes rojos y camisa a cuadros desabrochada, musculosa por debajo. Luego sabremos que algo de eso hay en la búsqueda musical de Leonchalón, que no sólo navega por las aguas del reggae style, sino que consigue acoplar otros ritmos, como el propio rap, para desafiar la monotonía del género madre de la banda.

De a poco el público, que continuó llegando comenzada la función, se fue soltando, y tanto hombres como mujeres iban dejando su cuerpo librado al impulso producido por la música. El movimiento clásico de esta danza, como lo hacía el jamaiquino Marley, consiste en un balanceo al ritmo de los acordes, dejando quebrar levemente las rodillas -ambas al mismo tiempo o intercalando derecha e izquierda- y haciendo un gesto con la cabeza hacia adelante seguido de una pequeña contracción. Quien fue alguna vez a un recital de esta calaña sabrá a lo que me refiero. Luego esta práctica puede conducir a extender los brazos cual adoración al jah (divinidad de los rastafaris, a quien Leonchalón dedica varias prédicas en sus canciones) y hasta girar sobre el propio eje, tratando no impactar en la cara de la persona que está al lado. Recordemos el lema de "paz y amor", muy presente en este tipo de shows.

De todas maneras, el público del reggae ha tomado en los últimos años conductas típicas del público del rock, como corear las melodías de las canciones o armar una ronda e intentar un respetable pogo. En todo caso, ambos géneros comparten el público, situación que desde aquí celebro. Así Leonchalón aseguraba una noche de fiesta, de celebración. En la primera parte de la presentación se escucharon "Lo de siempre", "Princess Queen", "Que no se te olvide", "Artifice el Fumeta", "Sabes lo que siento" y "Leona", entre otras.

La participación de los instrumentos estuvo signada en el comienzo por el lugar de privilegio que ocuparon los vientos, la trompeta de Tute Palacios y el trombón de Leandro Ocamica, quienes llevan adelante la difícil tarea de crear melodías que a largo plazo definen de manera sustancial la identidad de la banda. La guitarra y los teclados necesitaron unos minutos de acondicionamiento arriba del escenario, pero tan pronto como soltaron un poco la rienda, fluyeron los solos provenientes de la Les Paul dorada de Pato Cutain y las variaciones con las teclas de Nacho Mattielo, que se incrementaron en cantidad y calidad promediando el show, yendo de menor a mayor, alcanzando el climax sobre el final. Así sonaron "Solitario amor", "Babilonia", "Leonchalón", "Resiste" y "Rude Boy". El equipo titular de la banda del oeste bonaerense se completó con Leandro y Pablo Arena, en bajo y percusión respectivamente, y Gonzalo Truglia en batería; todos juntos logran un sonido que a esta altura, con dos discos editados -Coronado en 2009 y Amor de barrio en 2011-, los exhibe con rasgos propios y los impulsa hacia el futuro.

Dos momentos destacados de la noche: en primer lugar, la versión de "Paraíso" que interpretó Artifex solo en el escenario y guitarra en mano, una canción de amor que bajó las revoluciones y endulzó con su impronta intimista. Por otro lado, la presencia de la primera invitada mujer que sube a tocar con en vivo con Leonchalón: Gabriela Jurado, cantante de Contravos y saxofonista, que se sumó para cantar "El amor de Jah", y cautivar a los espectadores con su sonrisa y con su voz latina y profunda, que quebró el unísono, entendido éste con la escucha sostenida de una misma voz, en este caso la de Artifex. Para despedirse, Gabriela regaló a los presentes una improvisación en saxo que obtuvo el merecido reconocimiento a través de un aplauso cerrado del público. El reconocimiento era también, claro, para la banda, que iba cerrando así una noche que quedará para el recuerdo como el día en que Leonchalón llegó a La Trastienda.

Artifex brindó por eso con un cigarrillo de marihuana que le alcanzaron desde el campo, reivindicando en la práctica el mensaje que impulsa cuando escribe. La legalización del cannabis, así como la adoración a Jah y la idea de paz, amor, respeto y solidaridad, son las consignas que se repiten en las letras de Leonchalón. El espectáculo llegó a su fin con "Salir a caminar", "La fiesta", "Guial", "Coronado" y "Tafari Maconenn".

Leonchalón hizo bailar a La Trastienda y presentó el videoclip de "Lo que dicta el tiempo",tercer single de Amor de Barrio. La banda de Ituzaingó demostró el por qué de su escalada en la escena reggae local.
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