Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Bersuit Vergarabat

Estado de sitio del cuerpo y del alma

Cronista: Sergio Visciglia | Fotos: Jose Fuño

11 de Mayo, 2013

Estado de sitio del cuerpo y del alma

Bersuit Vergarabat sigue festejando sus 25 años de vida en El Teatro Vórterix, con la segunda de sus tres veladas. Esta vez los discos elegidos fueron Don Leopardo, Hijos del Culo y ?.

No hay dudas de que la hemorragia creativa fue una constante en estos 25 años de vida de Bersuit Vergarabat. Siempre con diferentes matices, tuvo su oportunismo con el contexto histórico en Libertinaje (1998), y su sangrado a borbotones en el doble La Argentinidad al Palo (2004), cuando contaron que, al mejor estilo El Salmón, había más de 100 canciones posibles para elegir. Pero los picos de locura y de inspiración, aquellos con los que mejor se sienta esta banda, donde las miserias salen a flote para volverse magia en una canción, estuvieron en los dos álbumes elegidos para esta segunda fecha de festejos: Don Leopardo (1996) e Hijos del Culo (2000). El primero hermosamente caótico, y el segundo más amansado y decorado por la producción artística de Gustavo Santaolalla.

Así es que entonces bien temprano, antes de las nueve, como ya nos tiene acostumbrados El Teatro Vórterix (pero ahora de todas formas podés tomar birra y fernet), la intro de “La vida boba” nos empezó a convencer de que esta noche iba a ser única. Y eso también lo sabían sus integrantes, que iban disfrutando de todo a medida que se sucedían las canciones. No era casual la incontable cantidad de veces que el cantante Cóndor Sbarbati repitió aquello de “Que noche…”. Y sí, probablemente, de las tres que propuso la banda, esta haya sido LA noche. Es noche de cuervos y un ángel lloró.

El agite con “El gordo motoneta” fue el preámbulo para la subida al escenario por primera vez del guitarrista Tito Verenzuela, quien aparecerá y desaparecerá durante todo el show, a veces tocando la guitarra, a veces cantando, y a veces haciendo las dos cosas. Todos lo miman, todos lo aplauden, todos lo cuidan, todos lo quieren. “La del toro”, “Desconexión sideral” y “Veneno de humanidad” nos hacen recordar lo perfectamente psicópata que fue Hijos del Culo. Los destellos de calidad musical y lírica, mezclados con la redondez de la canción, haciendo el combo más efectivo que tuvo en su historia la banda. No hay fracaso más rotundo que haberse venido al mundo pa’ morirse y nada más.

Arranca una intro y parece que el espíritu de Don Leopardo se apropia del barrio de Colegiales con el comienzo de “Encapuchados”, pero no, no era. “Canción de Juan” es otra joya de Hijos del Culo que marca el fin de la primera parte y ahora sí, a enfrentar a la locura. Las caretas de Don Leopardo Vir Thomsio se suben al escenario y “Espíritu de esta selva” marcará el comienzo de un bloque inolvidable que luego asoma oscuridad con “Yo no fui”. Que los deseos salgan, Estado de sitio de cuerpo y del alma.

La historia cuenta que el verano de 1993 en Mar del Plata marcó el nacimiento de estas aventuras, con el tecladista Juan Subirá y Gustavo Cordera a la cabeza. Muchas canciones delatan entonces una especie de batalla espiritual y verborrágica contra Dios, disputándose la tenencia y el disfrute del tan preciado sol. Entonces se viene un combo ejemplar: con la presencia de Limón García, “Cielo trucho” emociona y propone una pelea mano a mano (Dios se nos cagó, está por salir el sol, tanta locura no se bancó); “Abundancia” (con Tito al frente) y “Ojo por ojojó” (en voz de Subirá disfrazado de Don Leopardo) llevan la oscuridad a la máxima expresión de la noche; y “Ruego”, con Charly Bianco de las viejas épocas, roba lágrimas mientras preguntamos con los brazos abiertos y mirando hacia arriba ¿por qué me negás el sol, justo a mí que te lo cuido tanto?

Llega el momento que será el más delicado de la noche, aparecen las guitarras acústicas y el baterista Carlos Martín se sienta sobre el cajón. En voz de Dani Suárez, “Querubín” nos regala cuatro minutos brillantes, y le hace descubrir a algún fan de los más nuevos la existencia de una joya escondida. Es así, muchos presentes aprovechan este momento acústico para charlar entre ellos, ir al baño o a tomar una cerveza. No saben que se están perdiendo el mejor bloque de la noche, que se completará con “Piel de gallina” y “Al fondo de la red”, el cover del uruguayo Mauricio Ubal, que despabilará a los distraídos. Como quiebra la cintura y la razón…

“Un par de temitas del presente”, dice la banda, y suenan “Cambiar el alma” y “Dios te salve”. “Laten bolas” marca recién en este momento de la noche, el primer tema del tercer disco en cuestión que tocaba en la jornada, ? (2007), y solamente se escucharán tres canciones del mismo (junto a “Ebrio sin razón” y “Humor linyera”, donde pudimos apreciar un gran solo del guitarrista Felipe Barrozo, ex Intoxicados y actual Nada Más Que Hoy), como dejando en claro que este disco, pobre, quedó totalmente opacado por los otros dos. Y el linyera se ríe de la gente feliz, brinda por el fracaso y no se quiere ir…

Para el final llega el bloque fiestero. “Vamos a llamar a 6, 7, 8 (sic) petisitas culonas a que suban al escenario”, incita el Cóndor, pero se desmadra y suben más de veinte. Ocasión especial para pedir “Hociquito de ratón”, aunque no sea de estos discos en cuestión. “Si hay garantías puede ser”, advierte cómplice Subirá, pero no las hay ni las habrá. Los viejos nostálgicos de treinta y pico y veintimuchos ya no pueden aguantar más, se dejan llevar y empiezan a cantar, bailar y saltar sin tapujos. La música llama y “Porteño de ley”, “El viejo de arriba” (con algún que otro desentendimiento en su comienzo) y “La bolsa” enfervorizan hasta a las muchachas de la barra. ¡Esta noche iré hasta el fin, con los locos, los borrachos, con las putas y los guachos!

Si algo tiene Hijos del Culo (disco del cual sonaron trece de sus quince canciones), es esa impronta candombera traída del otro lado del charco. Y la misma quedó para el final, de la mano de “Negra murguera” y “Es importante”. “Es un gran desafio recordar tantas canciones” se excusa Suárez mientras agradece, pero a nadie le importan los pequeños desperfectos. Lo cierto es que fue un excelente broche de fiesta de una noche especial, como la otra que pasó y la otra que vendrá, aunque tal vez esta sea un poquito más. Es que por momentos pareció asemejarse a esos grandiosos tiempos de locura e inspiración, a veces al caos de los noventa, y casi todo el tiempo al mejor momento en vivo de la banda que fue entre 1999 y 2003. Estos dos discos son el resumen clave de lo que es Bersuit Vergarabat, son su mejor expresión y lo demostraron en la noche del sábado. Pero hay alguien más que es símbolo de esa época de vorágine compositiva, enferma y enérgica, y claro, no estuvo al frente de la orquesta. ¿Alguna vez lo volverá a estar? Es importante…

25 años de Bersuit. Segunda de las tres noches. Exquisita y disfrutable por donde se la mire, y desparramando mucha nostalgia gracias a las grandes canciones que se escucharon después de mucho tiempo.

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