Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Palo Pandolfo

¿Sobreviviré? ¿Me aplastarán?

Cronista: Gentileza prensa | Fotos: Gentileza: Andrea Celis

24 de Junio, 2013

¿Sobreviviré? ¿Me aplastarán?

Palo Pandolfo llenó de sol a Niceto Club.

Sábado gris, helado, el invierno más crudo en los bolsillos de quien apenas unos días antes, fue despedido de su trabajo. Una larga fila en la puerta de Niceto, como las que imagina encontrarse el día lunes, nuevamente en la búsqueda de una respuesta económica por parte de este mundo, que gira en torno al dinero, que entierra valores y atropella muchas veces sin siquiera dejarnos ver el sol. Búsquedas. ¿Será eso lo que lo llevó por primera vez ante Palo Pandolfo
 
Nadie se fija en su presencia, el silencio gana en la espera del ex Visitantes, del ex Don Cornelio y La Zona. La espera. Una hora y media más tarde de lo anunciado se abre el telón. Nuestro desocupado fuma un cigarrillo, mientras todos los presentes empiezan a bailar al compás de “Soy el sol”. 
 
Palo Pandolfo es muy histriónico, nuestro personaje lo mira. Lo escucha. Palo describe a ese testigo amarillo de todas las injusticias, al máximo astro en ese techo de los sin techo. Yo podría estar peor, piensa nuestro héroe mientras Palo arranca con “El Leñador”, mientras canta que es un títere en la luz. Eso mismo siente él, entre el público, cuando uno de esos tachos verdes del escenario lo enfoca de lleno en la cara, lo enceguece. Soy un títere en la luz. Y sin más en los bolsillos que un poco de ilusión, baila junto a los demás.

Pasan los temas, en cada uno encuentra un mensaje, una idea positiva, una descripción de este mundo de mierda, una receta para combatir esta enfermedad. ¿Sobreviviré? ¿Me aplastarán las hormigas o las topadoras? Y sigue tatuado de dudas...
 
Los músicos invitados suben y bajan del escenario. Saxo, acordeón, guitarra acústica, pianos, tarantelas, rock, ¿tango? Temas pesados, temas tranquilos que el sol va alumbrar… Palo Pandolfo hace todos los intentos por levantarle el ánimo a nuestro desocupado, prueba con todos los ritmos posibles de imaginar. Baila, salta, grita, invita al público. Y entre lo que para él, a priori serían letras pasatistas, vacías de contenido para nuestro actor sediento de revancha, una a una, palabra a palabra, calan profundo, resucitan su alma golpeada, su autoestima humillada. 
 
Una tranquila melodía de guitarra acústica, acompañada con la voz de Leo García, le infla el pecho al recién echado del trabajo, al recién echado por pedirle a su jefe que no le grite más, que no lo insulte más. Leo canta “La vida es un laberinto, siempre se sale por arriba”. Y nuestro desocupado levanta la mirada, vuela por encima de todas esas almas que colman Niceto. Mira a todos, seguro habrá otro en circunstancias peores que las suyas, pero todos bailan, cantan, sonríen. 
 
Rema entre la gente hasta el pie del escenario, suena “Tazas de té chino”, y él desconoce que ese tema fue himno de Don Cornelio y La Zona. ¡Qué le importa!, sigue bailando. Canta con todos los presentes en el punto más alto de la noche. Él se lo grita telepáticamente a su ex jefe, a sus compañeros que quedaron en el taller clandestino: “bombardeando, bombardeando”. Grita bien fuerte, no sabe que significan esas palabras, pero confía en Palo, en ese flaco con cara de batallador, de honesto peleador del rock nacional, ese que baila y agradece finalizada cada canción. Eso de hermandad se hace cuerpo, siguen pasando los temas y ya es uno más, uno más en un público respetuoso, de ahí no lo echa nadie.
 
Suena “Ella vendrá”, y él se lo canta a la suerte. Sabe que al fin el techo dejará de aplastarlo, siente que ella vendrá. Palo Pandolfo termina de llenarlo de esperanzas, junto a todos sus músicos e invitados, junto a Leo García, en un último tema. Niceto se cierra en aplausos, la hermandad saluda. Ya es domingo, el colectivo 140 se lleva a nuestro desocupado, que mira por la ventana, buscando, permitiéndose sonreír un poco. Cierra los ojos. Ella vendrá.



TXT: Julián Mocoroa 
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