Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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James Cotton

Un largo aliento de blues

Cronista: Gentileza prensa | Fotos: Beto Landoni

30 de Junio, 2013

Un largo aliento de blues

James Cotton se presentó en La Trastienda Club en el marco de su gira sudamericana. En un show accidentado debido a dificultades de sonido, el legendario músico de blues logró desplegar todo su talento con la armónica a través de clásicos del género, ante una importante convocatoria de público.

Una gran cantidad de espectadores de todas las edades se da cita en La Trastienda Club un martes por la noche, y no es para menos: en breves instantes pisará el escenario James Cotton, quien a los 78 años es una leyenda viva del blues. Integrante de la banda de Muddy Waters en la década del 50, y nominado a los premios Grammy en diferentes oportunidades, el músico estadounidense todavía puede hacer sonar su armónica como pocos, y eso es algo digno de ser escuchado. Pasadas las nueve de la noche, el grupo que lo acompaña en esta ocasión, integrado por Tom Holland en guitarra y voz, Noel Neal en bajo y voz y Jerry Porter en batería decide calentar el ambiente del lugar con una zapada en la que se destacan los solos de bajo y las lucidas ejecuciones de guitarra slide a cargo de Holland.
 
Es el propio guitarrista quien introduce de modo grandilocuente al protagonista estelar de la noche: “¡Ahora aplaudan todos juntos a mister James Cotton!” El público lo recibe cálidamente, mientras Cotton hace sonar su armónica de una forma que eriza la piel. De pantalón negro, camisa violeta, saco gris y boina negra, el músico toma asiento en el centro del escenario, junto a una mesa en donde apoya sus armónicas y su micrófono. Por momentos se acomoda como si realmente estuviera en el rincón de un bar, preparado para deleitar a los concurrentes con una clase magistral de blues.
 
Pero a partir de allí comienzan las dificultades de sonido, que generan fastidio en Cotton, sus músicos y el público. Problemas en los micrófonos y en el retorno que Cotton tiene sobre el escenario, desentendimiento entre los músicos y los encargados de sonido, provocan que el ambiente se enrarezca. El músico gesticula, se molesta, comienza a tocar la armónica y luego se detiene, evidentemente contrariado. Así y todo, el público trata de animarlo aplaudiendo a rabiar cada una de sus intervenciones, intentando mejorar el ánimo de Cotton.

Promediando el concierto se hace presente Darrell Nulisch, quien canta una hermosa versión del clásico “That´s All Right”. Sobrio, con una voz intimista y el feeling necesario para este tipo de música, Nulisch toma asiento al lado de Cotton y se transforma en su socio perfecto para el resto del concierto. El propio Cotton logra un silencio sepulcral cuando, harto ya de las dificultades con su micrófono, decide tocar la armónica sin él. El público hace absoluto silencio: nada se escucha en el lugar excepto la belleza del sonido que el músico alcanza con su instrumento, casi como un dulce susurro. Apenas unos segundos de silencio, y los asistentes explotan en un inmenso aplauso. Todo parece comenzar a mejorar y
“Honest I Do”, el clásico de Jimmy Reed, y “Got My Mojo Workin´”, de Muddy Waters, son dos puntos altos en el repertorio interpretado por el grupo en esta ocasión, y permiten el lucimiento tanto de Cotton con su armónica como de Nilisch con su voz, acompañados por músicos que ponen su talento al servicio del lucimiento de sus compañeros de escenario.
 
A Cotton le cuesta mucho poder hablar: su voz, grave y desgastada, es apenas audible. Pero eso no le impide entonar las estrofas de un clásico de clásicos: “Hochie Cochie Man”, mientras Nilisch se encarga del estribillo. El final llega con “Don´t Start Me To Talkin´”, en la cual Cotton deja hasta el último aliento en su armónica y toca brillantes solos. Se levanta de su asiento y tras un largo saludo, se despide bañado de aplausos y ovaciones, como lo merecen en cualquier lugar del mundo las estrellas de su talla.
 
¿Qué puede hacerse frente a un músico de tamaña envergadura, una leyenda del blues con tantas décadas de escenario sobre sus espaldas? Se debe disfrutarlo a cada segundo, agradecer que haya llegado hasta aquí y rogar que a su edad se encuentre a la altura de la carrera que supo forjar. James Cotton sigue haciendo sonar su armónica con el talento y la energía intactos, a pesar que los problemas de sonido le hayan jugado esta vez una mala pasada. ¿Y por qué no pensar que cada vez puede tocar mejor? Los grandes músicos no dejan de aprender nunca, y James Cotton es uno de ellos. ¿Y por qué no pensar que pueda volver nuevamente a la Argentina? Su presencia y su música serán una bendición para las nuevas generaciones de amantes del rock y el blues.  

TxT: Augusto Fiamengo 
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