Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Los Fabulosos Cadillacs

Ahora somos más hermanos que antes

Cronista: Sergio Visciglia | Fotos: Jose Fuño

21 de Septiembre, 2013

Ahora somos más hermanos que antes

En su único show en Argentina durante su vuelta a las tablas en 2013, Los Cadillacs demostraron todo su poderío intacto en un concierto multitudinario en Figueroa Alcorta y La Pampa.
 

Miles de personas. La mayoría tiene un Movistar en su bolsillo. Algunos consiguieron entradas de rebote. Otros se enteraron de pedo que se podían canjear con alimentos y, si llegaron temprano, pudieron pasar. Otros simplemente disfrutan desde atrás del vallado improvisado. Los Cadillacs están de vuelta. Y esa noche, todos son felices.
 
“Manuel Santillán, El León”, es, una vez más, el tema elegido para saludar. Sin embargo, “El muerto” (primer corte de Fabulosos Calavera, 1997) responde con una especie de sorpresa en la lista, que luego se materializará en el Bloque Calavera, a manos del hit “Calaveras y diablitos” (donde Vicentico saluda y arranca con sus clases de frontman), y de tres tapados que maravillaron a los fans, y enmudecieron por un rato al resto: “Surfer calavera”, Sábato” y "Piazzolla”. Tres joyas experimentales, con constantes cambios de ritmo, que no cuajan con el resto del repertorio ganchero fabuloso. Pero era necesario un cambio de aire, y vaya que se disfrutó.
 
El resto fue puro festejo: “Demasiada presión”, “El aguijón” y “El genio del dub” en un principio, nos llevaron a finales de los ’80 y principios de los ’90. La versión cumbia villera de “Padre nuestro” (sin Pablo Lescano) nos devolvió a la actualidad, y con “Gallo rojo” y “Saco azul” la banda nos regaló dos de las mejores joyas de su repertorio. Siempre presentes en estas últimas vueltas, no llegan al hit, pero ya son clásicos inoxidables.

Al aire libre. Frío, barro, amenaza de lluvia. El miedo a un sonido complicado no estaba ausente. Sin embargo, las condiciones fueron las mejores. Muy buen sonido durante todo el show, con una banda que claro, suena como pocas, pese a su larga ausencia en los escenarios. Allí es donde reside entonces tal vez la calidad de una banda de ya 28 años de vida. La base entre Nando Ricciardi y Flavio Cianciarulo es un golpe de reloj constante al pecho de todos, y como tocan, claro.

Hay magia en esta banda. Podemos pasar sin anestesia del bloque experimental a una cumbia, a saltar constantemente con “Carmela”, o a emocionarnos hasta el fin con “Siguiendo la luna”, temazo del rock nacional en la pluma del multifacético Sergio Rotman. Y después, sobre el cierre, claro, el combo es asesino para que todos aquellos que fueron encuentren la razón de su presencia: “Carnaval toda la vida”, “Matador” y “Mal bicho”. Todos contentos. Ya les garpó el show. Ah, no, era gratis. Bueno, el celular.
 
La vuelta de los bises nos regala el momento familiar de la noche que ya habíamos vivido en River y el Luna Park de hace unos años: Padres e hijos tocando para vos. Florian en guitarra con papá Vicentico (bajo), y Astor en batería con papá Flavio (voz), para una poderosa versión de “Guns of Brixton”, de lo mejor de la noche.
 
Los vientos cadillacs siempre fueron para destacar. Especialmente luego de la incorporación de Fernando Albareda en 1991. Hoy Albareda no está (tampoco estuvo en la vuelta anterior, tal vez por algunas polémica declaraciones suyas luego de la separación en 2002), pero Hugo Lobo (trompeta) es el encaje perfecto que necesitan Sergio Rotman y Dany Lozano para lograr una sección de bronces envidiable.
 
Más clásicos para el cierre. “Vasos vacíos”, “Mi novia se cayó en un pozo ciego”, “El satánico Dr. Cadillac”, y el final característico de la mano del teclado de Mario Siperman y todos los presentes cantando el “ooo” de “Yo no me sentaría en tu mesa”.

Dos horas de calidad, grandes canciones y disfrute constante. Una lástima que sea cada dos o tres años. Pero tal vez así mejor. Así no se aburren. Ni ellos, ni nosotros.
 
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