Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Indio Solari

El barro no los sepultó

Cronista: Lucas González | Fotos: Beto Landoni

12 de Abril, 2014

El barro no los sepultó

El Indio Solari lo volvió a lograr. Con un show multitudinario el ex Redonditos de Ricota presentó temas de su última placa, Pajaritos, bravos muchachitos, y además propició la reunión con sus ex compañeros de banda.

El 12 de abril será recordado como el día en el que más de 170 mil personas coparon Gualeguaychú, más del doble de los habitantes que allí residen. Sería loco pensar de que si los ricoteros se hubieran organizado con el fin de sitiar la ciudad habrían tenido altísimas chances de lograrlo (este hecho se habría conocido como el Ricoterazo). Cientos de combis, micros y autos particulares llegaron, como siempre, desde todos los puntos del país. Capacidades hoteleras colapsadas, especulaciones y noticias sensacionalistas de la prensa fueron el cóctel que precedió a la presentación. 


El día gualeguaychuense se mostró, en casi su totalidad, con un clima templado, un sol amistoso que invitaba a tirarse al pasto y disfrutar de un fernet o una birra. Salvo honradas excepciones, éstas eran las dos bebidas que dominaban el mercado etílico, quizás, con un poco de suerte y buscando con persistencia, se podían encontrar kioscos, siendo éstos los únicos que suministraban bebidas sin alcohol. En el rubro gastronómico la situación era similar, ya que el chori, la mila y el paty monopolizaban el mercado. A esto se le suma el merchandising redondo, integrado por remeras, gorras, llaveros, vasos, calcomanías con la fecha; en fin, lo de siempre. 


Con el correr de las horas, y la llegada de más y más gente, se conformó un punto neurálgico, a metros de la primera boletería oficial y del rio, en donde se armaban constantemente pogo tras pogo a ritmo de los clásicos ricoteros que sonaban en los parlantes puestos en las inmediaciones. Los saltos, la transpiración, el humo de las parrillas y los vasos que volaban se mezclaban en un mismo ritual, todo bajo la atenta mirada de un sol que entregaba los últimos retazos de luz. La previa que había comenzado desde temprano estaba llegando a su fin, dando lugar a una larga peregrinación de unas veinte cuadras. 


A paso de hombre, los desangelados enfilaban rumbo al Hipódromo de Gualeguaychú, enfundados en sus remeras de PR, o con la cara del Mito, con un trago en la mano y cantando los himnos de la banda que tantas alegrías le dio y cuya esencia es la que los empuja e impulsa a transitar cientos de kilómetros para formar parte del ritual que une las almas y funde gargantas en un solo grito. Recorrido el trayecto, y luego de atravesar un cacheo que dejó mucho que desear, llegaba la hora de enfrentarse a la mayor adversidad que planteó la jornada: el barro.

El predio, en su totalidad, estaba cubierto por barro, producto de la lluvia caída el viernes. Si ya de entrada se complica ubicarse entre más de 100 mil personas, esta adversidad no hacía más que generar disgustos, y muchos se quejaron de las condiciones en las que eran tratados por la producción.

Todo esto se desvaneció pasadas las 22 horas, momento en el que Carlos “Indio” Solari, la leyenda, salió al escenario con su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Ya nada importaba, ni las horas de viaje, ni las inclemencias del tiempo, absolutamente nada.“Vas corriendo con tus Nikes y las balas van detrás”, así iniciaba la parte final de la Misa, con “Nike es la cultura”. “Espero que la pasen bien”, afirmó el Indio, antes de interpretar “Chau Mohicano”, y “A los pájaros que cantan sobre las selvas de internet”, ambos cortes de su último disco, Pajaritos, Bravos muchachitos (2013).

Los Fundamentalistas se mostraban solidos, ajustados y afilados, encontrando en diversos momentos de la presentación momentos para destacarse, y el tándem con el vocalista era perfecto. El momento redondo se inició con “Fusilados por la Cruz Roja”, “Me matan, Limón” y “Unos pocos peligros sensatos”. Este trío de canciones encendió la llama y fue el empujón necesario para todo aquel que dudaba entre saltar y quedarse batallando por un lugar en el fango. La batalla era dura y sin cuartel, pero la gente aguantó, como en toda la noche. “Y mientras tanto el sol se muere” traía consigo un dejo de melancolía que era acompañado por un par de guitarras que competían a la par de la lirica para robarse la escena. El turno de “Había una vez” llegó de manera temprana. Este es uno de los tantos temas de Solari que tiene destino de himno, por lejos, es capaz de explotar la emotividad de quien lo escucha en un puñado de minutos. 


La noche avanzaba lenta y con ella los temas, Solari, se mostraba suelto y de buen humor, y esto se podía apreciar cuando jugaba con sus guitarristas pidiéndoles más en el momento de los solos, o al momento de pegar saltos en el lugar con el torso erguido y los brazos abierto de par en par, cual Cristo intentando bajar de la cruz. “Martinis y tafiroles” sonó antes de que el Indio haga una mención a la importancia de hacerse a tiempo el test de HIV, para luego dar lugar a “Black Russian”. En referencia al estado del campo, Solari hizo una única aclaración: “Hubo intento de aplacar el barro, pero no sé llegó con el tiempo. Les agradecemos el aguante”. Seguido sonaron “Todos a los botes", “Beemedoblve” y “A la luz de la luna”, y cabe destacar que las canciones de Pajaritos... tuvieron gran recepción en el público.

“Se cumplen 36 años de la creación de Madres de Plaza de Mayo. Recuerden que la memoria es el único paraíso de donde no nos pueden expulsar. No olvidemos ese Nunca Más”, aclamó el Indio, quien hace años mantiene una coherencia con su discurso sobre los derechos humanos. El recuerdo ricotero volvió a latir cuando se escucharon “Caña seca y un Membrillo” y “El infierno está encantador esta noche”, dando pasó a una de Porco Rex (2007), “Sopa de lagrimas (Para el pibe delete)” y a “Vino Mariani”, de El Perfume de la Tempestad (2010). El "Blues de la Libertad”, fue interpretado por Deborah Dixon, quien le impuso una impronta tan marcada que el resultado fue uno de los momentos más emocionantes de la noche. 

El final se aproximaba, y con él un momento esperado por todos, la reunión de los ex Redondos; todos menos uno, claro. En el escenario, como en aquellas épocas, Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli, Walter Sidotti, y él, obvio, el mito. Juntos hicieron “La Pajarita Pechiblanca”, “Ya nadie va escuchar tu remera”, momento en el que explotó el Hipódromo, y el tan ansiado inédito, “Nene/Nena”. Así de contundente fue el segmento que Solari compartió con sus ex colegas, sin embargo, quedaba más. Para terminar de engrosar la lista faltaban: “Mi caramel marchiato”, “Pedía siempre temas en la radio”, y “To beef or not to beef” -en la que el Indio volvió a manifestar que el país no está tan mal como nos quieren hacer creer- “Por qué será que no me quiere Dios” y la emblemática “Todo un Palo”. Para el fin, y luego de un breve intervalo volvería a convocar a sus ex compañeros para hacer “Jijiji”, y el resto es historia conocida. “Gracias mis queridos, esto es una fidelidad increíble”, agradeció la leyenda para concluir el recital.

 
Una nueva Misa India volvió a superar cualquier tipo de expectativa y especulación. Una nueva convocatoria de Patricio Rey fue escuchada y obedecida por los redonditos. Los desangelados, en este caso más de 170 mil, dicen, demostraron que la fiesta es pura e íntegramente de ellos. No importó el barro, las pantallas de mala calidad, los problemas de delay con el retorno, o algún yerro en la entonación, nada de eso opacó lo que allí se vivió. Ya lo dice el Indio, guía espiritual y musical de muchos: “Nos merecemos bellos milagros”.

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