Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Skay Beilinson

Algo se hizo oir del otro lado del charco...

Cronista: Gentileza: Gaby Salomone | Fotos: Beto Landoni

02 de Noviembre, 2005

Algo se hizo oir del otro lado del charco...

¿Te imaginás un megafestival que pueda reunir un centenar de bandas, ocho escenarios y cerca de cien mil personas en una maratón musical de doce horas sin parar?. Tal vez si. Pero vivirlo ya es otra historia. Esto fue la Fiesta X.

La Bitácora cruzó el charco con destino Montevideo, allí en el céntrico Parque Batlle, la noche uruguaya desplegó todo su arsenal cultural en la denominada Fiesta X donde anualmente desfilan hasta la madrugada ritmos que van desde el rock, pop, música instrumental, djs hasta candombe y folklore.

Daban las seis de la tarde y en los alrededores del Estadio Centenario las extensas colas en las dos entradas dispuestas para ingresar al predio se cruzaban en un internable laberinto de personas donde había demoras de hasta una hora de espera para alcanzar el centro de la fiesta. Para los que iban llegando, la geografía del evento los recibía con un panorma multicultural. Malabaristas, percusionistas, y murgas se paseaban entre los innumerables stand de venta de bebidas alcoholicas, y comestibles que se encontraban en la intersección de los caminos que conducian a los diferentes escenarios.

Cada uno de ellos dispuestos para un género musical diferente, en total eran ocho ubicados a un promedio de 150 metros de distancia cada uno. En el América, el negro Rubén Rada fue uno de los que dio el punta pie inicial a la fresca y nublada tardecita montevideana. Mientras en la zona Electronica, DJ T-Dal marcaba el punchi –punchi del arranque en otro extremo, los Trovadores también tenían sus tablas con Daniel Melingo a la cabeza. Mientras, los argentinos de Bulldog hicieron de las suyas en El Tejano. Esos serían algunas de las cien, si.. literalmente cien bandas que tocarían.

El Rock

Pero los protagonistas de la noche se concentrarían en los tres escenarios más grandes, allí el rock sería el género más convocante de la noche con bandas locales como No te va a Gustar, Once Tiros, Sórdromo, La Trampa y Hereford. Los argentinos tampoco faltaron a la multitudinaria cita. Fue Skay Beilinson quien abrió el set rockero de la fiesta, más tarde lo seguirían los chicos de Arbol , en tanto en otros extremos del parque sonarían Dancing Mood, Hilda Liazarazu y Gazpacho.

Daban las 20, y en el campo del Velódromo y ya se podía escuchar a la multitud montevideana coreando el clásico “Ole ole sólo te pido que se vuelvan a juntar” . La tardecita se negaba a caer entre las nubes, la hora de diferencia que hay en Uruguay todavía otorgaba un rato más de luz natural, algo iba a estallar sobre el escenario y ese era Skay.

Diez minutos más tarde, el ex guitarrista de los Redondos se alzó con “Lluvia sobre Bagdad” , corte de su última placa Talismán. Sonriente, un pañuelo rojo a modo de vincha y con su legión de músicos, Skay parecía vibrar como si tocara de local. El público enardecido no dejó de corear, saltar y hasta tirar petardos. Sin dudas, había fanáticos argentinos entre la gente, pero la adrenalina montevideana se hizo notar mientras seguían: “Bye, Bye”, “Flores secas”, “Oda a la sin nombre” y “Dónde estas?”.

La noche cayó y las luces se hicieron dueñas del estadio en el que se agitaban más de diez mil almas, y el frío perdio definitivamente cualquier protagonismo cuando comenzaron a sonar los primero acordes de “Todo un palo”, de ahi en más todo recordó a las fiestas ricoteras de antaño, con un extenso pogo al borde del escenario.

Sin embargo, el viaje en el tiempo no estaría completo hasta que sonó “El pibe de los astilleros” y una intensa llamarada roja asomó en la multitud, una bengala y luego otra brillaron en la oscuridad. Fueron segundos, para lo que los argentinos recordamos con horror. El cierre de una hora de show fue con el infaltable “ji ji ji” . Sin palabras.

Pero mientras Skay cerró su set. Fuera del Velódromo ocurrían cosas, bastaba dar un paseo por el predio, dificultoso paseo por cierto, las ordas de gente generaban interminables peregrinaciones de un lado al otro del lugar. En tanto, el alcohol circulaba por demás, a precios alto como sucede en esos eventos, lo mismo con el menú que incluía pancho, hamburguesas y choripanes que se agotó cerca de la media noche. Si bien el público era en su mayoría joven, teniendo en cuenta el repertorio había muchas familias. Las medidas de seguridad no rozaban el extremo, los patovicas eran casi imperceptibles, no se registraron desmanes.

No te va Gustar (NTVG) , fue la consagrada de la noche, 20 mil personas colmaron el campo y las tribunas del escenario principal (Velódromo) para ver a una de las bandas más convocantes. “Para nosotros esto es un hecho único del peregrinaje rockero” , nos contó Martin el trompetista de la banda antes de subir al escenario.

Paradójicamente la hichada comenzó a reclamar la presencia de la banda coreando “Vamos la Vela de mi corazón”, en referencia a La Vela Puerca, la gran ausente del fetival. Ritmo que fue acompañado por los músicos de NTVG denotando la fraternidad rockera que caracteriza a las bandas uruguayas. Minutos después abrieron con “Ya entendi”, siguieron “Celeste regalando un sol” y “Te quiero más”. El agite se vino con “Adios” y “Más felíz” y todo fue un despliegue de ritmos que mezclan el rock, reggae y la murga.

Entrada la madrugada, en otro extremo, en el escenario Tendencias, Hilda Lizarazu deleitó con su “Gabinete de curiosiodades” , y por si hacía falta que algo sople, Dancing Mood hizo bailar una multitud pasada la media noche, la legión de vientos (saxos, flautas, trombones y trompetas) se lució con un show impecable.

Pero el final de la noche nos llevó hasta el escanerio América, ya se cumplían casi 10 horas de festival y hubo muchos que aún resistieron el fío y el hambre para no perderse la trilogía que cerró la fiesta. Estamos hablando de Sórdromo, una banda que en Uruguay es disco de oro y el mayor exponente del pop montevideano. La banda de Rodrigo Gómez (voz y guitarras) desplegó todo su ritmo melodioso con el coro del público. Los seguirían los chicos de Hereford que finalmente darían lugar a Once Tiros y toda su mezcla de ska, reggae y rock.

Una de cal y otra de arena, así se resume el balance del mayor megafestival uruguayo que se realiza anualmente. Tanto el público, como los medios le bajaron el pulgar a los organizadores, quienes también reconocieron grandes fallas como la falta de comida y bebidas que se agotó a la media noche, las demoras en el ingreso al predio y en los baños químicos que no fueron suficientes. Por otro lado, la calidad del sonido en todos los escenarios fue excelente, teniendo en cuenta la proximidad, la música no se pisó, la bandas mantuvieron relativa puntualidad a la hora de abrir y cerrar sus show. Y la gente se llevó un “Muy bien felicitado”, la fiesta fue en paz y para disfrutar.
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