Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Queens of the stone age

...Como relojitos

Cronista: Fernando Canales | Fotos: Beto Landoni

02 de Octubre, 2014

...Como relojitos

La banda liderada por Josh Homme entregó un show vibrante y potente repasando su carrera frente a un Luna Park colmado.

Corre el año 1985 y un joven Josh Homme se junta con sus amigos a fumar cosas raras –muchas cosas raras– con el desierto de California como testigo. De esa hipnótica mezcla de humo y arena surgiría Kyuss, el grupo que dio el puntapié inicial del Stoner Rock. Con el tiempo, el colorado fue puliendo su sonido, sofisticándose y alejándose de aquel primal rock desértico, volviéndose inclasiflicable. Todo eso pasó con la creación de Queens of the Stone Age, con su participación en súper-grupos como Them Crooked Vultures junto a Dave Grohl (Foo Fighters, Nirvana) y John Paul Jones (Led Zeppelin) y con la calidad de los invitados para el último disco (Elton John, Trent Reznor, Alex Turner).

El desafiante vocalista de 1,93 de alto llega por cuarta vez a la Argentina sorteando aquel Monsters of Rock, donde no fueron tan bien recibidos por los fanáticos de Iron Maiden; momentos oscuros, con disputas con otras bandas y trompis en los bares, pero también con grandes recuerdos del Cemento que compartieron con sus hermanos de Los Natas.

Luego de las grandes presentaciones de Connor Questa y del chileno Alain Johannes, el ritmo cansino y arrastrado de “You Think I Ain't Worth a Dollar, but I Feel Like a Millionaire”, se encarga de iluminar el Luna Park con una banda que suena como un relojito suizo. Homme se armó un gran seleccionado con el guitarrista Troy Van Leeuwen (A Perfect Circle), Michael Shuman en bajo (en lugar del "exhibicionista" Nick Oliveri) , Dean Fertita en teclados, y el animal de Jon Theodore (ex Mars Volta), que con su salvajismo al golpear los parches -a lo Catriel en Divididos-, crea una violencia inusitada.

Con tres gigantes composiciones, "No One Knows", "My God Is the Sun" y "Burn the Witch" el show sigue subiendo la térmica. Entre algún que otro trago de tequila, Josh canta las líneas de falsete que él escribe para sí mismo, sin errar, siguiendo la tónica del concierto. Es algo raro cómo el líder de QOTSA tuvo un deja vú escribiendo: “Hagas lo que hagas, no se lo digas a nadie” en “The Lost Art Of Keeping A Secret”, adelantándose a lo que son las redes sociales, Internet y otros rollos.

Con guitarra o sin guitarra, los movimientos contados de Josh junto al beat son geniales, y lo convierten en un frontman devorapúblicos, que puede pasar de la demencia introspectiva narcótica en “Feel Good Hit of The Summer”, cantando/enumerando: “Nicotina, Valium, Vicodin, marihuana, éxtasis y alcohol/¡C-c-c-cocaína!”(donde se animó a mezclarlo con “Never Let Me Down Again” de Depeche Mode), a tocar el melancólico piano de “The Vampyre of Time and Memory”, o a cantar “Gitchy, gitchy, Ooh la la” en “If I had a Tail” con total glamour.

“Espero que todos bailen con esta canción” agita el líder engominado antes de “Little Sister” para un final a todo trapo con “Sick, Sick, Sick”, “Go With the flow”; “Mexicola”, a pedido del público y con zapada extra large incluída, y “A Song for the Dead”.

Hace poco, Josh Homme dijo que llegó a odiar la música. Tres reflexiones al respecto: primero, qué bueno que sigue componiendo; segundo, qué bueno que sigue viniendo a la Argentina y por último, qué bueno que no le deje escuchar a su hija One Direction…

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