Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Festival Ecos

Transmutando el dolor

Cronista: Lucas González | Fotos: Gentileza: Andrea Celis

08 de Octubre, 2014

Transmutando el dolor

Se celebró por octavo año consecutivo el festival que recuerda la tragedia sucedida en Santa Fé. En esta ocasión el Templo del box  fue el lugar elegido para el acto. Por allí desfilaron: bandas, parodistas, artistas, familiares y la esperanza de cambiar la realidad.

Por Daniela, Lucas, Julieta, Benjamín, Justine, Federico, Delfina, Nicolás, Julieta y Mariana. Esa fue y será la consigna. Como cada 8 de octubre -decretado como “Día del estudiante solidario-, desde el 2006 la ONG Conduciendo a Conciencia organizó el festival solidario con la premisa de recordar la tragedia del Colegio Ecos, aquella donde nueve alumnos y una docente perdieron la vida por culpa de la estupidez humana. Esta vez la conmemoración fue en el Estadio Luna Park. “Estamos homenajeando, no festejando”, reflexionó una de las madres de las víctimas, encargada de abrir la jornada.

Antes de la música, los “susurradores” -grupo de familiares vinculados a la organización-, una expresión artística, poética, atípica en un recital de rock, se hicieron presentes entre el público y con sus tubos decorados artesanalmente susurraron frases y citas a quien quisiera. Luego, las narradoras Diana Tarnovsky y Claudia Stella se encargaron de cerrar el bloque. “Está lloviendo poesía en el mundo por esas varitas mágicas que se llaman susurradores”, expresaron.

La Movida Rock & Roots, banda que está dando su primeros pasos y que lleva editado un demo (Alzala vo!), con una tríada de temas fueron los primeros músicos en saltar a escena. A continuación Infierno 18, grupo que originalmente era un trío punk-pop-adolescente hoy devenido en un cuarteto más melódico, le aportó al día la cuota de empuje que le estaba faltando con temas como “Fácil”, un clásico en su discografía, o la estrepitosa “Energía”. “Tengan conciencia cuando están frente al volante”, pidió el vocalista Tom Taranto antes de finalizar.

Los Tipitos, liderados por el tecladista Walter Piancioli, también fueron de la partida con un set acotado y previsible –que rumbeó por la cálida “Silencio” y la popular “Campanas en la noche”-. Sin embargo, para el cierre se hizo mención a “8 de octubre” (compuesta por Luis Alberto Spinetta y León Gieco) y luego de invitar a los chicos de Infierno 18, se proyectó un video en el que el propio León se disculpaba por no estar y en el que además, con las dos bandas sonando desde el escenario, interpretó aquella canción creada a la par de “El Flaco”. Un instante solemne, de respeto y de mucho amor.

El momento para la monada estuvo a cargo, en primera instancia, por Los Gardelitos, quienes hicieron cuatro temas, tres  de Ciudad oculta, su último disco y el otro, “Mezclas raras”, clásico que viene de la época de Korneta Suarez. Después, Attaque 77 se despachó con una lista tan popular como radial: “Hacelo por mí”, “Arrancacorazones”, “No me arrepiento de este amor” y “Donde las águilas se atreven”.

Promediando el final del evento, y luego de anunciar que Catupecu Machu no iba a presentarse – la versión oficial da cuenta que Fernando Ruiz Díaz habría sufrido una lesión, una lástima - , un grupo de padres y familiares de las víctimas de la Tragedia desplegó una bandera que decía: “Sabernos juntos nos hace más fuerte”. 

El cierre, como no podía ni debía ser de otra manera, estuvo a cargo de Los Auténticos Decadentes. Interpretaron catorce canciones, un hit tras otro y la noche concluyó al ritmo de la comparsa más conocida en el mundo entero. “Un poco de alegría a este dolor que siempre está presente”, sentenció el cantante Gustavo “Cucho” Parisi.

Además de artistas y periodistas, por el escenario también pasaron voluntarios que recibieron las donaciones por las cuales se canjeaban las entradas y que en esta edición superaron las treinta toneladas. Algo en los que todos coincidieron es en la fortaleza de los padres por mantener presente aquel mensaje, ese que se transformó es un leitmotiv: Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser. Como escribió alguna vez el poeta Miguel Grinberg en su libro Memoria de los ritos paralelos, “El mundo en que vivimos no es de lo mejores, y quizás esa lucha por superarlo sea lo que le da sentido a la vida”.

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