Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Indio Solari

Torito es muerto

Cronista: Lucas González | Fotos: Beto Landoni

13 de Diciembre, 2014

Torito es muerto

El Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado volvieron a Mendoza para repasar temas de su más reciente placa, Pajaritos, bravos muchachitos, y un popurrí entre el resto de su discografía, sumado a un buen segmento de Los Redondos.

Los días previos a una Misa India suelen caracterizarse por, entre muchas cosas, la confluencia de información. Pasó en la época de Patricio Rey, pasa hoy y seguirá pasando. Pero sin dudas, para esta presentación del Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en Mendoza uno de los casos más elocuentes fue el de Julio Leiva, integrante de Radio Vorterix y realizador de "Piedra que late" –documental que retrató el recital que dio el cantante en Tandil en el 2011-, ya que aseveró, a diferencia del show del año pasado que tuvo lugar en el mismo predio, el Autódromo Ángel Pena, que la producción se había encargado de conseguir los equipos necesarios para que sonara el doble que aquella vez en el 2013. Violencia es mentir.

Dicho esto, otro rasgo notorio a marcar fue la tensión que se vivió con la policía durante el ingreso al campo. Apostado con sus cascos y escudos e incluso un pequeño grupo montado a caballo, los titanes del orden viril parecían a la espera una leve reacción de lo concurrentes para dar el primer zarpazo.  

Una vez adentro del Autódromo, y luego de sortear un insulso cacheo, lo primero que se pudo apreciar, irónicamente, fue que no había pantallas desperdigadas, más que las tres del escenario, ni torres de sonido. “Damas y caballeros, con ustedes Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado”, se escuchó, a duras penas, dando paso a “A los pájaros que cantan sobre las selvas de Internet”, canción que además abre Pajaritos, bravos muchachitos. La primera sorpresa, además del ineficiente sonido, fue ver, por unos breves instantes, la extenuada mirada de Solari sin sus lentes, un guiño para esa banda inconsolable que hace tantos años lo sigue. 

Decir que sonaron “Chau Mohicano”, “Ceremonia durante la tormenta”, o “Drogocop”, sería algo falaz ya que con suerte se podía oír la voz del Indio. Lo mismo sucedió con “Torito es Muerto”, esa composición en la que paradójicamente se habla de la traición y de la plata, en la que se vio por las pantallas –porque de otra manera hubiera pasado desapercibido- a un enérgico Gaspar Benegas. Lo que siguió, al parecer, fueron unas palabras del cantante que, como era de esperar, fueron tapadas por los primeros cantitos del campo: “Subí el volumen la puta que te pario” o el grito cuasi combativo de “no se escucha”. Los desangelados se manifestaban. 

Seguramente, el momento de mayor efervescencia entre el público y Solari se dio cuando éste, luego de interpretar “Nike es la cultura”, “Mi Caramel Marchiato” y “Pedía siempre temas en la radio”, quiso esbozar un discurso y al instante un grupo bastante numeroso entonó “El Indio nos cagó, El Indio nos cagó”. Difícilmente esto haya llegado a oídos del músico, pero el malestar entre sus feligreses era evidente. 

El resto del recital transcurrió entre una aparente calma y la misma deficiencia sonara antes mencionada, con los de adelante disfrutando y los de atrás insultando, con acotados lapsos en donde el viento ayudó –a diferencia del año pasado- para que la acústica fuera aceptable. El segmento ricotero, que no llegó a disfrutarse plenamente por las desavenencias ya citadas, estuvo compuesto por “Fuegos de Octubre”, “Pogo”, la inédita “Roxana Porcelana”, “Una piba con la remera de Greenpeace”, un medley entre “Nadie es perfecto” y “Ñam fri frufi fali fru” que invitó al baile, “Juguetes perdidos”, “Etiqueta negra” (dedicada, según Solari, a uno de los presentes que no podía ser mencionado), “Todo un palo” y “Jjiji”, que desató, pese a todo, el pogo más grande del mundo.

El fuego creció y la gente estuvo allí. Una vez más. Pero esta vez no hubo aguanieve, ni lluvia, ni barro a quién culpar, solo una producción que falló e impidió que la vuelta a Mendoza no sea una increíble andanza. La historia, sin embargo, va tener dos versiones, que dependerán de qué lado de la mecha su ubicaron los 50, 60 ó 100 mil narradores: los que disfrutaron de la espectacularidad de una banda como Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, que ya ha dado muestras cabales de su eximio talento o, claro, los que apenas pudieron escuchar algo. Quedó claro, lamentablemente, que cuando el billete hace que baila la mierda corre y la traición también.

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