Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Sig Ragga

El fin de las etiquetas

Cronista: Fernando Villarroel | Fotos: Barbara Sardi

14 de Agosto, 2015

El fin de las etiquetas

Los santafesinos se presentaron en Vorterix y demostraron, una vez más, que la creatividad es la madre de toda expresión artistica.

Es viernes. Suficiente para salir y escuchar algunos sonidos que pongan en alerta los sentidos. Es cierto, las noches porteñas en invierno son húmedas y frías, pero qué mejor que un grupo de artistas del interior del país para venir a la capital y poner a despertar sensaciones poco exploradas por estos pagos. Sig Ragga se presenta en Vorterix y, a puro son cubano, jazz y una mixtura de ritmos latinoamericanos, pretende seguir haciendo historia en su recorrido profesional.  

La sala está llena y no se vislumbra un perfil de público bien definido. Dato curioso en tiempos en donde las etiquetas le ganaron por goleada a la libertad; las luces caen y salen a escena ellos, los dueños de la noche. La puesta pareciera estar basada sobre ese lema que suele decir que ‘menos es más’, y con pintura fluorescente sobre su rostro y una indumentaria que los hacía ver más como religiosos que como músicos de rock, pusieron a sonar toda su música.

“Orquesta en descomposición” y “El Niño del jinete rojo” abren la velada. Tavo Cortés oficia como un verdadero maestro de ceremonia y es el encargado de manejar los tiempos y las emociones en todo el auditorio; su teclado funciona como elemento hipnótico en varios pasajes de la canción y mantiene cautivos a los espectadores.

Los sonidos son los grandes protagonistas de la noche. El bajo de Juanjo Casals puntea con notoria precisión y no necesita de la espectacularidad a la hora de la interpretación para sonar de manera contundente; Nico Gonzalez es uno de esos guitarristas que no se obnubila con las luces y la pose de rockstar, pero es de los que vibran con cada nota interpretada; Pepo Cortés, al frente de la batería, no busca el lujo quizás porque entienda que aquello es vulgaridad y en lugar de eso se apresta a funcionar con ese reloj que siempre da la hora exacta a cada momento.

Los santafesinos encaran el recital con una solvencia que los muestra como un verdadero grupo de profesionales que no quieren jugar a ser estrellas de la música, sino que van en busca de eso que es considerado arte integral: melodías, imagen y letra. “Chaplin”, “Escalera y barco” y “Severino Di Giovanni” son algunos de los tracks que eligen para poner sobre la mesa y hacer del repertorio de esta noche, uno de esos sets cargados de emoción y canción.

“Matata” es la última escala en el viaje musical. El cierre encuentra a los Sig Ragga abrazados y agradeciendo al público el buen recibimiento. Un público que no tiene un perfil definido pero que les agradece a estos músicos un arte sin etiquetas.

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