Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Indio Solari

El Indio volvió y con él la fiesta ricotera...

Cronista: Gentileza: Gaby Salomone | Fotos: Beto Landoni

15 de Noviembre, 2005

El Indio volvió y con él la fiesta ricotera...

Después de 5 años el pelado más emblemático del rock nacional regresó al escenario. Más de 40 mil almas deliraron en un show de 3 horas que marcó el reencuentro de Solari con su público. La excusa: presentar la placa solista “El tesoro de los

Desde un ostracismo absoluto, el personaje más enigmático de las huestes rockeras dejó el hermetismo del bunker (su hogar) de Parque Leloir para presentar su placa solista “El Tesoro de los Inocentes. (Bingo fuel)”. Pero el mito viviente de los Redondos es consciente y sabe que hay pactos que no se corrompen con el tiempo, que aún después de cinco años desde las separación de la banda, una comunión sigue latiendo y “solo le pide que se vuelvan a juntar”. El Indio no es sordo al ruego, y además es fiel a la criatura que engendró. Fue así, que con su nuevo equipo “Los fundamentalistas del aire acondicionado”, salió a la cancha más grande de La Plata también para revivir con muchos clásicos esas fiestas ricoteras de antaño.

Todos los caminos llevan al Estadio Unico

Desde las 3 de la tarde, la autopista Buenos Aires-La Plata se vestía de una caravana de micros y autos en dirección a un destino “Unico”, el Estadio. Las banderas asomadas en las ventanillas vaticinaban el despliegue que finalmente se concretaba en las cercanías del estadio. Allí continuaba una interminable procesión de ricoteros alcanzando a pie la zona de exclusión marcada por el inmenso operativo policial dispuesto con 500 efectivos en los alrededores de la cancha.

Los numerosos y humeantes puestos de choripanes saciaban la espera de miles y la sed propiciada por el calor intenso de la tarde sólo encontraba refugio en agua y gaseosas, la ley seca 15 cuadras a la redonda fue otra de las medidas de seguridad impuestas para el evento. Los más ansiosos, esquivaron el parate gastronómico y siguieron de largo por el extenso boulevard de la avenida 32, el camino ancho y arbolado, se teñía de remeras con la cara del Indio o inscripciones de los redondos. Desde allí afuera y aún faltando tres horas para el comienzo del show previsto para las 20.30, ya podían escucharse los cánticos que brotaban desde el interior del estadio al que se sumaba cada vez más gente.

Adentro, la fiesta

A una hora del arranque el campo ya estaba cubierto, lo mismo en las plateas y la popular. Las banderas colgadas, y la hinchada cantando. El sol de la tarde era un recuerdo que las luces del estadio hacían notar y en el cielo, como un buitre revoloteaba un helicoptero de la Policía, abucheado desde lo más bajo desaparecía de a ratos.

Todos esperaban la señal. Y llegó a las 21.20. En medio de una oscuridad total una voz en off anunció: “Damas y caballeros: los Fundamentalistas del aire acondicionado”. La ovación brotó desmedida en todos los rincones y con ella miles de encendedores vistieron el estadio de lucecitas. La figura del pelado emergió, con los clásicos lentes oscuros, una camisa naranja y pantalones azules se paseaba por el escenario. Cantaba, si... pero no se oía nada, lo impensado desconcertó. Un problema técnico hizo que se perdiera casi la totalidad del tema “Nike es la cultura", del cual apenas se escucharon las últimas estrofas cuando el sonido finalmente salió y cesaron los silbidos de protesta.

Tras el interrumpido arranque, se vino “Amnesia”, el segundo de “El Tesoro ....”, y la voz inconfundible del Indio hizo el primer contacto con su gente: "Yo muchas veces me jacté de ser fiel, tomando a la fidelidad más como algo perverso que como una virtud. Les agradezco a todos el grado de perversión que han tenido conmigo". Y la ovación resurgió.

“Tomacito podés oirme” marcó el tercero de su era solista, y la fiesta parecía cocinarse a fuego lento, miles de brazos en alto seguían el ritmo de algo que pronto explotaría cuando se viniera el primero de los Redondos. “A ver si nos acordamos de ésta” dijo el Indio con media sonrisa. Y así fue, “Un angel para tu soledad” despertó un impresionante coro ( y no precisamente de ángeles) de 48 mil voces. Y todo fue un viaje en el tiempo, el fervor demostró que algo sigue intacto. Incluso el rito pirotécnico no escapó al paisaje, una, dos... tres bengalas iluminaron de rojo la multitud cercana al escenario, mientras escapaba alguna que otra candela, que también logró filtrarse en el cacheo.

Con “Lobo caído” siguió saciando la expectativa acumulada por horas, para luego volver a su disco con “La piba de Blockbuster” que contó con Deborah Dixon (Blacanblues) en coro, a quien el Indio presentó como una “vieja amiga” que hipnotizó con su voz de sirena durante todo el tema.

Continuó girando el disco, con “Mi caramel Machiato” y el corte que da nombre a la placa. En tanto la muchedumbre al borde del escenario resistía con las botellitas de agua y los baldazos que los de seguridad les arrojaban, a los lejos parecían gotas de agua para ese desierto con aguante. Antes de arrancar con “Yo Canibal”, el Indio se dirgió a esa primera linea de combate: “Paren un poco talibanes que me van a emparchar un ojo” vociferó ante la lluvia de zapatillas sobre el escenario.

Y se vino “Ropa Sucia” para el cierre de la primera parte, que contó un intervalo de nada menos que 45 minutos durante los cuales el público, como venía sucediendo desde el principio, cantó los clasicos “vamo’lo redó”, o aquel de “A Bulacio lo mató la policía”, que predonminaron sobre los intentos de “Sólo te pido que se vuelvan a juntar”.

Con el escenario humeante, Solario volvió, cambio de vestuario mediante (camisa bordó esta vez), y arremetió con “Fuegos de Oktubre”, quizás más relajado, soltó el cuerpo, hizo unos giros, dejo ver algunas sonrisas, algo en su enigmatica calma demostró que disfrutaba.

“Me escuchan ahora?”, preguntó denotando que no fue ajeno a los problemas de sonido que desde el altercado del comienzo, asomaron en varios temas con subi-bajas de volúmen. “Yo sé que está lleno de talibanes pero seamos hospitalarios”, dijo para presentar a los músicos: Baltasar Comotto y Gaspar Benegas (guitarras), Marcelo Torres (bajo), Hernán Aramberri (batería), Ervin Stutz (trompeta), Alejo Von Der Pahlen (saxos), Pablo Sbaraglia (teclados).

Y la noche se prolongó alternando los nuevos y los clásicos: "La muerte y yo", “Shopping Disco Zen” , "Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen!", “Nueva Roma” "Pabellón Séptimo (relato de Horacio)", "El charro chino", entre otros.

“El Pibe de los Astilleros” y “Juguetes perdidos” marcaron algunos de los picos más altos del show, con el estadio entero vibrando se vino el segundo intervalo, más breve esta vez . Luego de 20 minutos de receso, con la tan bonita “Susanita” comenzó a definirse la recta final de esta montaña rusa de emociones. El pelado vaticinó el cierre con un gesto paternal: “Tengamos cuidado, terminemos la noche bien, por favor salgan por los lugares donde entraron”, dijo para que la salida del estadio sea ordenada y abandonó el escenario.

El pogo más grande del mundo

El agite no cesó, el multitudinario reclamo pidiendo “Ji Ji Ji” trajo al Indio de regreso a las tablas: “A muchos de ustedes nos vemos mañana”, vociferó en referencia al show del domingo y comenzó a sonar “Tarea fina”. En el final del tema la gente insistió otra vez con “Ji Ji Ji” y por si faltaba temperatura, el pelado calentó más la pava con “Un poco de Amor Francés”. Algo iba a estallar, se respiraba en la noche.

Y así fue... comenzaron los acordes del emblemático y el estadio Unico se vino abajo, las corridas desde las populares al campo mostraban que muchos no querían perderse las numerosas ollas previas al pogo que empezaron a hacerse en el cesped segundos antes del estallido. Las luces del estadio se encendieron y dejaron ver un descomunal agite que se desplegó de principio a fin en un imponente descontrol de 40 mil personas saltando y gritando “No lo soñeeeee....”.

Quedó claro, el espíritu ricotero está sellado con un fuego que no se extingue, y es el Indio quien se llevó a Patricio Rey y sólo él puede sacarlo del letargo, como lo hizo.
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