Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Slipknot

Adorar a Satán nunca pasa de moda

Cronista: Nahuel Perez | Fotos: Beto Landoni

03 de Octubre, 2015

Adorar a Satán nunca pasa de moda

En su segunda visita a la Argentina y como parte de la gira promocional de su última placa -Vol 5: The Grey Chapter-, Slipknot ofreció un demoledor concierto de dos horas en GEBA.

Los enmascarados de Iowa volvieron a Buenos Aires diez años después de su recordada presentación en Obras Sanitarias, y mostraron todo el poderío de luces, escenografía y sonido con el que vienen impresionando a sus fans en la gira latinoamericana que incluyó conciertos en San Pablo y Santiago de Chile. Mientras tanto, enfrente a GEBA, y no sin cierta ironía, sonaban los éxitos de Katy Perry en el Hipódromo de Palermo.

Con un concierto reprogramado de Ciudad del Rock al club de Palermo, Slipknot encendió el escenario con “XIX” y “Sarcastrophe” de su último disco, seguido de los más conocidos “The heretic anthem” de All hope is gone (2008) y el celebrado Psychosocial de Iowa (2001).

“Devil in I”, “AOE”, “Killpop” y “Custer”, sobre el final de la lista, completaron el material de la última producción que presentaron a los fanáticos locales, que deliraron con las constantes arengas del vocalista Corey Taylor entre las canciones. “Vermillion”, “Before I forget” y “Duality” de Vol 3: the subliminal verses (2004), “Wait and Bleed” y “Spit it out” de Slipknot (1999), “Sulfur” de All hope..., y “Disasterpiece”, también de Iowa, hicieron las delicias del pogo a lo largo del recital.

La banda que completan Mick Thomson, Craig Jones, Jim Root, Shawn Crahan, Sid Wilson y Chris Fehn cerró el esperado show con los bises “(Sic)”, “Surfacing” y “People = Shit”, dando así un broche ideal para el descontrol final en un GEBA con su capacidad a medio llenar, pero colmado de entrega por parte de un público mayormente adolescente.

Con una escenografía descomunal, que combinó lo circense con lo industrial y lo satánico, un set de luces impresionante y llamaradas constantes, los payasos diabólicos de Iowa demostraron una vez más que todavía funciona aquel brillante descubrimiento del mítico Ozzy Osbourne: el público paga por ser asustado .

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