Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Mi Amigo Invencible

Los Lanzallamas

Cronista: Lucas González | Fotos: Jose Fuño

03 de Octubre, 2015

Los Lanzallamas

El grupo de origen mendocino presentó ante un muy concurrido Niceto, su sexto disco, La Danza de los Principiantes.

Todo comenzó en la más absoluta parsimonia. Mariano Castro, una de las voces de Mi Amigo Invencible, apenas enfocado por una luz, largó con “Noche de ciencia ficción”, incluida en su nuevo disco, La Danza de los Principiantes (2015). El arranque, podría suponerse, no fue casual. Durante poco más de una hora, la banda  dibujó un paisaje onírico y tensó la cuerda entre lo real y lo ficticio en la noche de Niceto. La segunda pincelada fue “Cada vez”, una pieza instrumental que terminó por delinear lo que muchos presumían: el show sería un relato incendiario tras otro.  

Buenas noches, amigos”, soltó Mariano Di Cesare, el otro cantante y además guitarrista del sexteto, luego de hacer “La Danza de los Principiantes” y continuó con “Edmundo Año Cero”, acaso de las pocas composiciones nuevas que se internan en el punk-rock. Después de una improvisada interpretación de “Light My Fire”, de The Doors, los Invencibles hicieron “Descanso sobre ruinas”, de su anterior y tan aclamado disco, La Nostalgia Soundsystem (2013).

Para “Hacernos extraños”, del álbum Relatos de un incendio (2011), invitaron a Facundo Tobogán, cantante de Tobogán Andaluz, en lo significó una altísima versión. Con un público totalmente obnubilado, la banda despachó la exquisita y nostálgica “Puentes rotos”. Previa a ésta, Di Cesare –hombre de pocas palabras en el escenario-, exclamó: “Hablemos de arrepentimientos”. Le siguió “Leningrado”, que si bien mantuvo la sintonía, aportó una mansa y singular melodía, de las que no abundaron en la noche.

“La máquina del tiempo”, fue uno de los puntos más altos de la noche y sintetizó la propuesta lírico-musical actual de los cuyanos: el presente siempre anclado a un pasado indestructible. Otro de los colores que Mi Amigo Invencible pudo mostrar orgulloso, es el preciso tridente vocal que conforman Di Cesare, Castro y el guitarrista Nicolás Voloschin –éste último cantó “Días de campos minados”-.

Sin demasiados sobresaltos, pasaron “Mateo”, “Los Pájaros”, “Los Lobos”, “Gato blanco atrincherado” y “Gato negro pasa” (primer corte del disco nuevo). Sin embargo, para el cierre, se reservaron “Nada peor que la sed”, para la cual invitaron a los integrantes de Julio y Agosto y a los de Atrás hay trueno –bandas que hicieron de soporte-. El escenario finalizó colmado, de una punta a la otra. Más de una docena de músicos agolpados alrededor de los instrumentos, en lo que terminó siendo un desprolijo y hermoso clímax sonoro.

Mi Amigo Invencible llegó a La Danza de los Principiantes, el sexto álbum en su discografía, con un nivel de maduración palpable: en lo compositivo se muestran sólidos y en busca de un sonido cada vez más particular y lo mismo sucede arriba del escenario, donde demuestran que no fueron en vano tantos años de trajín. 

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