Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Rolling Stones

Clásicos, locales y explosivos

Cronista: Augusto Fiamengo | Fotos: Anabella Reggiani

07 de Febrero, 2016

Clásicos, locales y explosivos

The Rolling Stones ofreció el primero de los shows programados en el Estadio Único de La Plata en el marco del América Latina Olé Tour 2016. La legendaria banda inglesa repasó durante dos horas parte de su extensa trayectoria y desató la locura de 50.000 espectadores.

“Todo volvió a la normalidad”, frase utilizada en diversos contextos de la actualidad argentina desde hace unos meses, podría en parte aplicarse a la nueva llegada de The Rolling Stones a la Argentina. Después de su doble paso por el país en la década del ‘90 y de su última visita en 2006 en el marco del “A Bigger Bang Tour”, la banda que lideran Mick Jagger y Keith Richards decide visitar por tercera década consecutiva estas tierras, agota en menos de un día las entradas puestas en venta y ofrece un primer show en la ciudad de La Plata que le permite renovar el pacto de amor inquebrantable que la une con sus miles de feligreses locales.

Hasta allí la normalidad, lo esperable en comparación con giras anteriores. Pero, a no olvidar un pequeño detalle: se trata de la única banda de rock and roll que ha traspasado los cincuenta años de historia y sus miembros originales caminan los setenta y pico de años. Algo único en la historia de la cultura rock. Nadie ha llegado tan lejos. De allí la atmósfera celebratoria que se palpa dentro y fuera del Estadio Único de La Plata y que pasadas las nueve de la noche se apodera del escenario, con un grupo que dispara uno tras otro diecinueve balazos musicales al corazón de sus fans.

En la previa del show de los Stones, La Beriso y Ciro y Los Persas son los encargados de amenizar la espera, bajo una lluvia que por momentos se vuelve intensa. La indiferencia de buena parte del público frente a la banda de Avellaneda contrasta con el caluroso recibimiento que reciben Andrés Ciro Martínez y los suyos, quienes comprenden  su rol en la noche y se despachan con un set corto y contundente que combina los hits del grupo con aquellos grandes éxitos que forjara Ciro junto a Los Piojos.

¿Qué decir del plato principal de la noche? El comienzo es demoledor: “Start me up”, “It´s only rock and roll” y “Tumblice Dice” actúan como válvulas de escape necesarias para la energía acumulada de miles y miles de personas desde hace días, meses, años. “Street fighting man” fue la canción más votada por los fans en el sitio web de la banda y los zarpazos de guitarra de Richards le dan pie a Jagger para recordar los convulsionados finales de los ‘60. La calma llega de la mano de la dulce “Wild horses” y la temperatura se eleva nuevamente en “Paint it black” y “Honky tonk woman”, cortesía de Charlie Watts y sus certeros golpes a los parches.

Los Stones recuperan sólo dos canciones de los años ‘90, incluidas en el álbum Bridges to Babylon (1997): “Out of control” y “Anybody seen mi baby”. La primera cuenta con un marcado in crescendo que decanta en el furioso estribillo de Jagger y en su filosa armónica. “Anybody…” comienza errática, con el cantante y el resto del grupo sin poder sincronizar, pero finalmente los músicos salen adelante con un inspirado solo de Ron Wood y un contrapunto vocal entre Jagger y el corista Bernard Fowler en el que ambos mencionan oportunamente ciudades argentinas. Se trata apenas de un ejemplo para una historia de más de medio siglo: cómo enderezar el rumbo en medio de problemas para finalmente salir airoso.

Un Jagger histriónico como de costumbre, que recorre la pasarela que lleva al centro del estadio una y otra vez y se comunica con su público en español la mayor parte del show, cede su lugar a la voz inconfundible de Keith Richards, quien se lleva la gran ovación de la noche y responde con un emocionado “Ustedes son una gran audiencia, ¿lo saben?”. El guitarrista sorprende con una sentida versión de “Can´t be seen” -del disco Steels Wheels (1989)-, que nunca había interpretado en nuestro país, y la clásica “Happy”. A partir de allí, la banda hace gala de su amplio abanico estilístico, que va desde la ópera-blues “Midnight Rambler”, quizás el punto musical más elevado de la noche, hasta “Miss You”, con el público en las plateas bailando como en una discoteca de los ‘80, pasando por la furia y el pedido de abrigo de “Gimme Shelter” y el ritmo hipnótico de “Simpathy for the devil”, con el escenario absolutamente teñido de rojo.

En el final llegan las canciones de lo que muchos fans y críticos consideran la “época dorada” de los Rolling Stones, hacia finales de los ‘60 y comienzos de los ‘70: “Brown sugar”, “Jumping Jack Flash” y “You can´t always get what you want”. La entrega del público a través de sus voces y sus aplausos impulsan a la banda todavía más, y el broche de oro es “(I can´t get no) Satisfaction”, que si bien es un clásico de la música a nivel global, en la noche de La Plata se vuelve, al menos por unos diez minutos y sin afán de egocentrismo, un clásico argentino. Como esta banda que, si bien es universal, miles y miles de argentinos sienten como propia.

Después de dos intentos de visita frustrados durante el 2015, The Rolling Stones decidió festejar en Argentina sus más de cincuenta años en la carretera. Esta vez no hubo disco nuevo de por medio, ni la parafernalia de los escenarios de 1995 y 1998 aunque tampoco la austeridad de 2006: un gran escenario y una tecnología puesta al servicio de una música maravillosa, tocada de manera tan espesa y salvaje que, paradójicamente, conecta a la banda con sus raíces bluseras de comienzos de los ‘60. ¿Vale la pena preguntarse hasta dónde llegarán, cuándo y cómo será el final del grupo? Los Stones son tan grandes que han derribado todos los pronósticos, le han ganado al tiempo sin perder la gracia y el profesionalismo. “Tendrán que sacarnos muertos del escenario”, viene señalando Richards desde hace unas décadas, y lo que en su momento pudo haber pasado de largo como una frase más, tal vez debería empezar a tomarse con más seriedad. 

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