Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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The Winery Dogs

Con la rabia intacta

Cronista: Fernando Canales | Fotos: Jorx Martinez

28 de Mayo, 2016

Con la rabia intacta

El supergrupo de hard rock tocó por segunda vez en la Argentina y llenó el Teatro Vorterix presentando su nueva placa, Hot Streak.

Hace tres años, este fue uno de los primeros lugares en donde tocamos. En esa época éramos unos cachorros, ahora somos perros de verdad”, decía en broma Mike Portnoy detrás de su gigantesca batería. Y es una frase que define muy bien esta segunda visita de los Winery Dogs; porque su show del 2013 fue tan cercano al lanzamiento de su disco debut, que hubo poco tiempo para procesarlo y digerirlo. Hoy, con su segunda placa bajo el brazo -Hot Streak, 2015-, la respuesta del público no hace otra cosa que confirmar su status de superbanda, activa, presente y de excelencia.

La exquisitez de este trío de ases se debe, primero, al Curriculum Vitae de cada uno de sus miembros: Mike Portnoy en batería (ex Dream Theater, Adrenaline Mob, Neal Morse, Transatlantic, etc), Billy Sheehan en bajo (Talas, Mr. Big, David Lee Roth, Steve Vai), y Richie Kotzen en guitarra (Mr Big, Poison, y solista). Segundo, por la conexión Wi-Fi de 1000 megas que logran entre ellos durante sus conciertos, donde se miran, se hablan, se hacen bromas, en definitiva, juegan como los perros. Y tercero, porque hacen un hard rock virtuoso, pero difícil de encasillar.

Con el complicado riff al unísono de “Oblivion” todo esto queda demostrado, el groove fluye como agua y los agudos alaridos de Kotzen toman la escena. Siguen “Captain Love” y “We are One”, donde los fanáticos despliegan una gran bandera con la garra de los WD pintada y las caras del grupo se llena de felicidad.

Siempre el desafío de ser tres es llenar los huecos y sonar envolvente, pero en este caso, teniendo en la base a Sheehan y a Portnoy, todo termina siendo un detalle, por eso “How Long” y “Time Machine”, suenan tan fuertes y concisas. Pero los Winery Dogs no sólo demuestran su paladar a la hora de rockear. Richie con su look mitad Jack White, mitad Johnny Depp, tomó su acústica y la rompió con la intimista “Fire” (el lado suave de los WD); después tomaría su teclado Rhodes para la soul/fuck, “Think it over”.

Los solos, obviamente, no se hicieron desear. Primero Portnoy le pegó a todo lo que encontró (batería, piso, pie de micrófono, el bajo de Billy y el ventilador de Richie), después Kotzen conmovió con su Telecaster y su solo de rock fusión, y Sheehan cerró la sesión tocando su bajo como si fuese una guitarra y usando todas las técnicas conocidas (y otras no tanto).

En la mitad del show hubo un incidente que cabe destacar. Portnoy venía haciendo gestos a la mesa de control y a su técnico de batería, y como según él, la cosa no se solucionó, terminó tirando su redoblante por el aire y yéndose al camarín. Al final del show, revoleó su banquito contra los platillos y pateó su propia batería. Raro en él... ¿será 50% bronca, 50% acting? ¿o tendrá que ver la retención en la Aduana que sufrieron al entra al país? Sacando esto, la rompió como siempre.

Los bises llegaron con “Regret” y “Desire” para terminar una noche llena de perfección. Estos perros no necesitan correa, no necesitan bozal, porque con su música muestran que “son el mejor amigo de su público”. Eso sí, a la hora de tocar, la rabia sigue intacta.

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