Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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La Vela Puerca

Una historia sin principio ni fin

Cronista: Juani Lo Re | Fotos: Anabella Reggiani

12 de Noviembre, 2016

Una historia sin principio ni fin

El sábado a la noche, La Vela Puerca celebró sus 20 años en el Estadio de Atlanta. El show fue un viaje en el tiempo cargado de emociones con muchos invitados y guiños a los más nostálgicos.

La suave brisa que recorría el campo fue clima ideal que acompañó a los uruguayos a brindar uno de los recitales más importantes de su carrera ante más de 20 mil personas. Los alemanes Alex Mofa Gang le pusieron punk a la previa, antes de que la banda comandada por los Sebastianes, “el Enano” Teysera y “Cebolla” Cebreiro salgan decididos a ganar en cancha de Atlanta.

Las luces del escenario iluminando una kermesse gigante se apagaron cerca de las 21.30 y tras un video introductorio sonaron los primeros acordes de “Sin avisar”. El repertorio fue cuidadosamente confeccionado como un viaje hacia atrás en el tiempo. Por eso las primeras canciones de Érase... (2015) antecedieron a las de Piel y Hueso (2011).

Luego de la visita a El Impulso (2007), con “Colabore” y “La Sin Razón”, llegaron los temas de A Contraluz (2004), disco que les permitió el salto a la masividad en Argentina. “Llenos de Magia” y “Va a escampar” fueron de los más festejadas por el público. Como en todo show de La Vela, el Enano abre su corazón ante miles y comparte sus sentimientos en cada nota, mientras que su co-equiper, el Cebolla, se encarga de la arenga.

Claro que a lo largo de 20 años la familia velera se fue agrandando con muchos amigos que no quisieron faltar a la velada: Emiliano Brancciari de No Te Va Gustar cantó “Zafar” y Horacio “El Batra” Luna acompañó en “Alta Magia” por mencionar a algunos de las decenas de invitados.

El trío de guitarras de Toto Méndez y sus Compadres se transformó en un cuarteto de cuerdas con la inclusión del guitarrista Rafael di Bello. Juntos hicieron “A lo verde” y “De no olvidar”, esta última una bellísima pieza del gran cantautor charrúa Alfredo Zitarrosa

Las pantallas gigantes del escenario no pararon de mostrar históricos momentos de la banda a lo largo de toda su carrera. “Queremos adherirnos al movimiento de Ni Una Menos. Tenemos que cuidar a todas las mujeres. Es obvio que las queremos vivas”, concientizó el Cebolla antes de arrancar con la segunda parte del show.

Quien conoce a fondo la discografía velera sabía bien que se venían las canciones de De Bichos y Flores (2001). “El huracán” y “Por la Ciudad” sonaron con la energía de una banda que ya ganó mil batallas en la carretera.

Lo más lindo iba a ocurrir en los bises, porque faltaban los temas de Deskarado (1998). Primero, el trío de percusión Chin-Chin se robó varios aplausos con su performance. Después, el eterno plomo de la banda, Manolo, presentó al primer baterista Lucas de Azevedo. Mientras una piñata en forma de puerco sobrevolaba el escenario, ellos se encargaron de hacer “Paren Hoy” y “Madre Resistencia” con una coda de “TV Caliente” de Sumo, en uno de los momentos más emotivos de la noche.

“Mi semilla” transformó el estadio de Atlanta en un fogón gigante, en “Vuelan Palos” Denis Ramos de NTVG aportó su trombón motivando el clásico cantico “Vamo’ la Vela de mi corazón...”, y “El Viejo” encontró al Enano batallando contra su garganta luego de dos horas y media de recital.

“El Profeta” armó el pogo más grande la noche antes de la canción final. “El corazón no da más”, atinó a decir el Cebolla visiblemente emocionado, y el Enano entregó lo poquito que le quedaba para hacer “José Sabía” con su guitarra acústica ante las 20 mil almas que corearon cada verso. Un canto final del feliz cumpleaños a cargo de miles de voces encontró a todos los miembros de la banda abrazados con unas velitas apagándose en las pantallas gigantes, en una postal que será muy difícil de olvidar.

Desde aquel primer show en el Bar el Tigre hasta el más reciente en el Estadio de Atlanta, en la hoja de ruta de la banda se anotan canciones, recitales, giras, amigos, recuerdos y tantas cosas más. Ese es el periplo de La Vela Puerca, una historia sin principio ni fin.

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